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martes, 16 de julio de 2013

Tierras de penumbra, Richard Attemborough, 1993

Propone: José Antonio
Comenta: Esther

La primera vez que vi Tierras de Penumbra era el verano de 1994, cerraba un curso académico en el que, junto a Azul de Kieslowski y El Piano de Jane Campion, el cine me había regalado las tres películas que con mayor intensidad han grabado mi vida, descubriendo en él a uno de mis mejores compañeros de viaje desde entonces.

Para mí, ésta es una historia de las grandes, como las epopeyas griegas o los cuentos tradicionales, de esas que narran el desenlace de una vida sincera de la que todos podemos nutrirnos, profundizando en la crisis y resolviendo en su sublimación. De esas historias que me apasionan…

Se trata de la vida de C. S. Lewis, conocido autor de Las Crónicas de Narnia y tantas otras grandes obras más, como sus ensayos sobre el amor  (The Allegory of love), el dolor (The problema of pain) y sus poemas. El filme, de hecho, está basado en la novela autobiográfica Una pena en observación, escrita por el mismo Lewis tras la muerte de su esposa. El mérito de Attemborough es el de haber conectado íntimamente con la obra y haberla traducido audiovisualmente de manera impecable, dirigiendo la que es para mí su mejor película.


Jack es un hombre de vida controlable, de retos controlables. Ha pasado toda su vida confeccionándosela, desde que la muerte le hiciera su primer respingo en la niñez. Su burbuja es la vida académica en la burbuja académica de Oxford, es la exuberante ficción de sus relatos, es su religiosidad[i], su soltería mantenida hasta casi el final de su vida, es el Jack que juega al divo en sus locuciones y conferencias y a competir con sus colegas. Pero bajo esta protección tan cuidadosamente tramada, se escondía el germen de lo imponderable. Clive Staples Lewis (que adoptó a los cuatro años el nombre de Jack tras la muerte de su perro Jacksie), tuvo que experimentar la enfermedad y muerte de cáncer de su madre cuando solo tenía nueve años, coincidiendo con su ingreso en la siniestra Wynyard School cuyo rector acabaría internado en un psiquiátrico. Su pena, mal acompañada entonces, conformaría el trauma que acabaría dirigiendo la vida del irlandés y llevaría al adolescente Jack, nacido en una católica familia, a renegar en un primer momento de la religión y profundizar en creencias denostadas por la fe cristiana: ocultismo, mitología, astrología, simbología medieval…

Efectivamente, a lo largo de la vida de C. S. Lewis, tuvieron lugar a la vez, la necesidad de llegar a las más ocultas profundidades del alma y la protección o fantasme[ii] que le llevaron a huir de la realidad, del sentimiento que lo conecta con la vida, una y otra vez.

Aquel germen no eclosionaría hasta la aparición en escena de la mariposa Joy Gresham. Joy la americana extemporánea[iii], la comunista y atea, la poeta con dos hijos, divorciada de un marido alcohólico y promiscuo. Una mariposa convulsa que llega allende los mares a encontrarse con su gran admirador, con la impronta de la muerte tatuada en sus alas. Hombre-flor, mujer-insecto polinizador que vendrá a inocular la transformación[iv] del solterón teólogo Jack. Hombre-flor de vida estable y rutinaria y mujer-mariposa convulsa que busca su paz y, a la vez, hace estallar su burbuja[v]. Para Jack, amor y muerte tendrán que darse unidos de nuevo, cerrando el círculo vital originado. Pocos se exponen a tanto, a volver de nuevo a aquello que provocó la pena. La mariposa Joy enfermó de cáncer como la madre de Jack al poco de estar juntos. Mejorará tras su boda, en un alarde milagroso calificado por Jack, pero acabaría sucumbiendo cuatro años más tarde.


Tras la muerte de su esposa, llegaría la gran crisis de fe, el reencuentro con el sentido pleno de su vida reflejado en el libro que da origen a esta película, firmado bajo pseudónimo y llegaría también su enfermedad de corazón de la que moriría dos años más tarde.

Esta es la historia de una persona honesta que luchó por dejarnos su mejor yo. Un retrato o impronta que nos conecta con la vulnerabilidad, ese aspecto del alma humana que nuestra sociedad de progreso ha ahogado hasta llenar de suicidios conscientes o inconscientes cada uno de los hogares de este pretencioso mundo del artificio. Porque ¿cuántos estamos dispuestos a morir a nosotros mismos para hacer con nuestro camino un mundo mejor? ¿Cuántos a conectar con aquello que nos hace más vulnerables y nos permite la conexión real con la vida? C.S Lewis, con su vida y su obra, dejó el legado de esa aventura, la Odisea de una vida con final de vuelta al hogar, al corazón. Y le estoy inmensamente agradecida.


los auténticos Jack y Joy

Amar del todo es ser vulnerable. Ama cualquier cosa y tu corazón seguramente será estrujado y posiblemente roto. Si quieres asegurarte de mantenerlo intacto, no debes darle tu corazón a nadie, ni a un animal… Cúbrelo cuidadosamente con pasatiempos y pequeños lujos; evita cualquier enredo; guárdalo bajo llave en el ataúd o féretro de tu egoísmo. Pero en ese féretro –seguro, oscuro, sin movimiento, sin aire- cambiará; se volverá irrompible, impenetrable, irredimible… El único lugar, a parte del cielo, donde puedes estar perfectamente seguro contra todos los peligros del amor, es el infierno.

C.S. Lewis

                       





[i] C.S Lewis es considerado uno de los más importantes apologistas cristianos del siglo XX.
[ii] Fantasía o burbuja; término freudiano que alude a la actitud escapista frente al dolor.
[iii] Niña prodigio en su infancia, trabajó como guionista para la Metro Goldwyn Mayer  y fue una crítica de cine despiadada en los 40.
[iv] El ladrón de orquídeas, 2002
[v] Notting Hill, 1999; Safe Heaven, 2013…

lunes, 17 de septiembre de 2012

Estrellas con luz propia

Propone: Manuel
Comenta: José Antonio



¿Plagio, inspiración artística, coincidencias? Son muchos los que ven demasiados parecidos entre la película "Cisne negro" de nuestro recordado Darren Aronofsky y el anime que hoy comentamos "Perfect blue", que hace ya mucho que Manu trajo a nuestro cineclub y que teníamos pendiente en el blog. Las dos tienen en común que están protagonizadas por mujeres virginales, que todavía tienen ositos de peluche en su habitación, y que en un momento dado para avanzar en sus respectivas carreras hacia una madurez artística tienen que profundizar en el lado oscuro de su mente y desmelenarse un poco, situación que les provocará graves problemas psicológicos. En el caso de "Perfect Blue", la protagonista es Mima, conocida cantante de un grupo de pop japonés muy célebre entre los adolescentes, a la que le surge la oportunidad de dar el salto a la televisión como actriz de una serie dramática. A las dudas de si ha tomado la decisión correcta, pronto se le unirán otros problemas como es la aparición de un admirador que la acosa por haber dejado la música, mientras alguien en internet tiene una página web sobre ella en la que cada día publica con profundo conocimiento de causa los pensamientos más íntimos de la cantante. La trama se va complicando hasta el punto de que la serie en la que trabaja Mima se parece cada vez más a su vida y cada vez le resulta más difícil distinguir la realidad de la ficción, mientras que algunos de los responsables creativos de la serie aparecen asesinados.


La película es del año 98 y está dirigida por el prematuramente desaparecido Satoshi Kon, un director de lo más interesante y en cuya obra no encontramos meras películas de dibujos animados, sino obras de gran profundidad psicológica. Hay también quien encuentra parecidos más que razonables entre otra de sus pelis, "Paprika", y "Origen" de Cristopher Nolan. Satoshi Kon murió en 2010 a los 47 años de edad víctima de un cáncer de pancreas. El estudio para el que trabajaba lleva años intentando terminar la película en la que trabajaba cuando murió, The Dream Machine, y que el director dejó inacabada para pasar sus últimos meses con su familia. La fecha del estreno se ha ido posponiendo y todavía no ha podido ver la luz.


Poco habrá podido opinar Satoshi Kon sobre si considera que su obra fue plagiada o no, puesto que el estreno de "Cisne Negro" fue meses posterior a su muerte. Darren Aronofsky compró los derechos de "Perfect Blue" en su día para calcar una de sus escenas en "Requiem sobre un sueño", con lo que sí conocía el anime. Aronofsky ha negado haberse inspirado en "Perfect Blue" para crear "Cisne Negro". Lejos de los parecidos argumentales y de que las protagonistas de ambas se llaman prácticamente igual (Mina y Nina), yo personalmente pienso que se trata de obras diferentes y grandes películas, que se pueden disfrutar de manera independiente sin necesidad de comparaciones. La resolución de las dos es totalmente diferente, la estética también y el lugar al que llegan no es el mismo. Aquí va un Spoiler como la copa de un pino, porque una tiene un final feliz y la otra no. Mientras que la bailarina de ballet del filme norteamericano tiene una personalidad marcada por la de su posesiva madre, en el caso de Perfect Blue la figura de la madre ni siquiera aparece, salvo una escena en la que llama por teléfono a la protagonista. En Cisne negro se nos muestra el mundo del ballet, con la poderosa música de Tchaikovsky para recalcar los momentos clave. Mientras que en Perfect Blue se nos muestra más el ambiente del fandom del pop. En algunas escenas el uso de las canciones infantiloides del grupo de Mina se usan para incrementar la tensión, lo que le da un toque mucho más siniestro. De todas maneras aquí ya hemos visto como algunos hablan de plagios en guiones de películas de terror que finalmente se rodaron como una comedia.


Así que quienes disfrutaron de Cisne Negro, pueden acercarse a ver ésta sin temor de encontrarse con la misma peli. Y lo mismo digo en el caso inverso. A disfrutarlas. El video que adjunto es una recopilación de escenas similares entre una y otra.



 

lunes, 20 de febrero de 2012

El indignado Truman Burbank


Propone: Rubén
Comenta: Pepe

Érase una vez un muchacho cuya vida era tan perfecta como cualquiera pueda desear: tenía una amante esposa, una madre abnegada, un amigo del alma, agradables vecinos y un idílico lugar junto al mar donde vivir y trabajar. Era, en suma,  tan libre de hacer cualquier cosa que se propusiera que libremente optaba por no hacer ninguna otra cosa, salvo agradecer a un Dios bondadoso que hubiera puesto un mundo tan perfecto a su alcance.


Hasta que un día empezó a darse cuenta de que en realidad vivía bajo un severo sistema de control que le vigilaba y le constreñía, que no le dejaba ser él mismo y que boicoteaba sistemáticamente cualquier intento por desviarse del camino que había sido trazado para él desde alguna otra parte, y al servicio de a saber qué intereses. Fue pensando paulatinamente que todos conspiraban en su contra, que sus decisiones, aparentemente suyas, no lo eran en absoluto, que los que manejaban los hilos de su vida seguirían manejándolos sin piedad. En suma, que ni su vida era idílica, ni su libertad era real. Que en alguna parte había un Dios malvado al que había estado agradeciéndole sus cadenas.


Y claro, el muchacho se indignó, y mucho. Y se rebeló. Muchos otros hicieron algo parecido hace unos meses, un 15 de mayo, creo, y se pasaron un tiempo acampados en plazas hasta que telefónica hizo un spot que los absorbió para el sistema y el movimiento se diluyó hasta convertirse en una anécdota molona que contarle a los nietos. También se llamaban a si mismos indignados.

Pero esa es otra historia, o bien otra lectura, bastarda si queréis, de la película que hoy nos ocupa, que no es otra que El show de Truman (Peter Weir, 1998), aunque me sirve para explicar la intención de este comentario, que es demostrar, dicho llanamente, que a esta película se le puede sacar mucha punta.


Porque el show de Truman es una de esas películas que esconde, bajo un aspecto de divertida comedia con su punto dramático, una cantidad nada desdeñable de capas de sentido, de lecturas posibles, de ricas interpretaciones desde diversas ópticas y disciplinas. La más evidente es la crítica a los medios de masas y en particular a la moda de los "realitys". También hay un certero análisis de los mecanismos de control del poder, de lo cual ya dijimos algo en los comentarios a propósito de Canino (Giorgios Lanthimos, 2009) y al principio de este escrito. Sin olvidar la carga filosófica (se mencionaron el famoso mito platónico y los nombres de Nietzsche y Dios en el debate que siguió a la proyección) e incluso la psicoanalítica (¿Qué hubiera dicho Slavoj Žižek en su The pervert’s guide to cinema (Sophie Fiennes, 2006) sobre el particular?). Así pues, nuestro Truman (un solvente Jim Carrey) se indigna contra un personaje excepcional que es a la vez realizador, tirano, demiurgo y padre, entre otras cosas, llamado Christof (grandioso Ed Harris), que es quien prácticamente sustenta la película entera sobre sus hombros.
Dicho lo cual añadiré, ya para finalizar y para dejar paso a las interpretaciones de cada lector en la zona de comentarios, que encima la película está muy bien hecha. Del guión a la realización, pasando por la dirección de arte, la música o el reparto, todo suma para hacer de esta una gran película.   






martes, 31 de enero de 2012

Inventando Utopías

Propone: Esther
Comenta: José Antonio


Imagina un mundo en el que se ha acabado la pobreza, los conflictos bélicos y se han dado por superadas la xenofobia o la discriminación en función del sexo. El trabajo ya no es un medio para acumular riqueza porque el dinero no existe y su finalidad es mejorarnos como personas. A todos (o a casi todos, o quizá solo a algunos) nos gusta imaginarnos utopías, nuestros mundos perfectos. Dada la película que toca en el comentario, muchos pensarán que estoy hablando de Basilio Martín Patino y su "Paraísos", que Esther nos trajo a nuestro Cineclub. En realidad estaba hablando del ideario político de "Star Trek" (si algunos meten sin venir a cuento el mito de la caverna a ver por qué no voy a poder hablar yo de Star Trek), pero imagino que Basilio Martín Patino también sueña con un mundo así. Pero mientras que Star Trek busca esos referentes en el futuro, la mirada del veterano director mira hacia el pasado. Proyectos de sociedades y comunas perfectas que lograron una armonía social.

"Paraísos" forma parte de una serie de televisión de 1996 de siete episodios titulada "Andalucía un siglo de fascinación". Siete falsos documentales (sí, otra vez estamos ante un falso documental) para hablar de las esencias de Andalucía: el flamenco, la copla, la mujer andaluza, el campesinado, etc. En "Paraísos", la organización de unas jornadas sobre la utopía y las primeras comunidades socialistas sirve de base para presentarnos unos proyectos imaginarios donde supuestamente se logró la armonía social: el falansterio de Tempul (Los falansterios son comunidades rurales autosuficientes, que serían la base de la transformación social. Copiado de mi Wikipedia); el Humanisferio y el monasterio de Cuervo. Las entrevistas, los datos históricos, la aparición de planos dan la sensación de que estamos ante proyectos reales que una vez existieron. Incluso una de las protagonistas se pasean por las ruinas de uno de estas utópicas comunidades. Sin embargo, el director a lo largo del metraje nos va dando pequeñas pistas que nos van permitiendo ver que estamos ante una obra de ficción, algo que queda más patente a medida que se acerca el final. Uno de los organizadores del congreso es dueño de un peculiar gimnasio; en mitad del documental en el que todos han estado hablando del socialismo hasta las orjas van a despedir como una familia feliz a una de sus compañeras que les despide sonriente desde su yate privado; ese anciano que rememora una de estas comunidades utópicas mientras es asistido con una mascarillas de oxígeno; incluso al final, cuando todos deciden poner en marcha su propia comunidad utópica aarecen planos de las obras en las que uno trabajo mientras los otros miran.

Según leo, la serie fue todo un gol por la escuadra a los directivos de Canal Sur cuando encargaron a este director salmantino una serie de documentales sobre Andalucía. Martín Patino es uno de los directores más peculiares del panorama cinematográfico español, que con el género del documental siempre se ha sentido como pez en el agua, aunque no tenga que ser real lo que se cuente en ellos.Uno de los pocos rebledes que nos van quedando y que, alcnazada ya una edad, ha descubierto que puede hacer lo que le da la gana.

Como imagino que el índice de comentarios será tan masivo como la audiencia de estos documentales, para animar el debate planteo la siguiente pregunta (aunque el que escriba podrá hablar de lo que quiera): A lo largo de nuestras sesiones de Cineclub ¿hemos tenidos más utopías o distopías? Yo diría que lo segundo.

P. D.. Ante la ausencia de imágenes para ilustrar el comentario, incluyo unos vídeos para conocerle un poquito mejor. El primero es el arranque de una de las películas más conocidas del director: Canciones para después de una guerra; el segundo es una entrevista con él; y el tercero es un fragmento de otro capítulo de la serie de la que forma parte Paraísos, éste capítulo es Casas Viejas.









lunes, 23 de enero de 2012

El eterno provocador

Propone: Nando
Comenta: José Antonio


Sacha Baron Cohen, el eterno provocador. El hombre de las mil caras.Lleva unos cuantos años en danza haciendo la misma película, aunque cambiando el personaje principal, y siempre alborotando al personal. Hace poco Nando nos traía a nuestro Cineclub el título que le ha convertido en un éxito mundial: Borat. Un reportero de Kazajistán que se va a conocer las Américas. Y es que la figura de Sacha Baron Cohen es sin duda controvertida. Sus detractores lo califican de soez y sus incondicionales defienden que bajo esa apariencia de vulgaridad se esconde una de las críticas más mordaces a la sociedad contemporánea. Algunos añadirían a la sociedad yanki.



La fórmula de sus películas es la del falso documental, ¿o tal vez es como "El objetivo indiscreto?", ¿o es un "Inocente, inocente" a lo bestia? Cohen interpreta a unos personajes que son una auténtica caricatura. Cuando se junta con sus entrevistados, les coloca un espejo desde el que espera sacar de su personaje ese racismo que lleva oculto, o su homofobia o simplemente desquiciarle y sacarle de sus casillas. Cohen ha encarnado al rapero Ali G, al reportero de Kazajistán Borat y al reportero austriaco y homosexual especializado en moda Bruno. Los tres son personajes que ya interpretaba en su programa de televisión y que han ido dando el salto a la gran pantalla. Ahora prepara una nueva película en la que encarna a un dictador de un país árabe, de apariencia muy similar a la del ya fallecido Gadafi.


Los miembros del club de fans del tea party son el blanco de sus focos, pero lo cierto es que Sacha Baron Cohen tiene para todos. Igual se está burlando del himno americano en medio de un festival de rodeos lleno de típicos cowboys, como está contando a un grupo de feministas radicales lo buena que está Pamela Anderson, o enseñando fotos de su hijo de 16 años a unas amas de casa (el chiquito está desnudo y en las fotos aparecen primerísimos planos de su pene), o bien contando en un plató de televisión con público mayoritariamente afroamericano cómo consiguió adoptar un negrito en África a cambio de un iPod (pero esto es de otra peli) o acudiendo a unos clérigos que dicen poder curar la homosexualidad. Si hay algo que te indigne y Borat sabe qué es lo que es, allí estará para provocarte. Con su traje gris, su enorme mostacho y su sonrisa de oreja a oreja. Y a cada escena va más allá y realmente se juega el tipo, sin qué sepas si realmente lo que ves es real o se trata de una interpretación. Burlar a los seguratas de los famosos, pasearte como Bruno en medio de una manifestación contra la homosexualidad, decir lo sucia que es la barba de Bin Laden a un jefe de Al Qaeda. La verdad es que se juega el tipo.


Cuando se estrenó Borat, el colectivo judío protestaba y decía que era una película antisemita y racista. Sacha Baron Cohen salió dando la réplica caracterizado como Borat. No se molestó en recordar que su abuelo fue un superviviente del holocausto. Con su gran mostacho y su peculiar acento dijo: "Quiero declarar oficialmente que no me une ningún vínculo al señor Cohen y que apoyo plenamente a mi país, Kazajistán, en su decisión de demandar a ese judío". Y es que en Kazajistán tampoco sentó muy bien la imagen que daban del país. Sacha Baron Cohen guarda un mutismo total sobre su vida privada y se escuda en sus personajes para evitar dar cualquier tipo de respuesta a quién es, cómo es, o cómo piensa.

La principal pega que le veo a sus películas es que el formato tiene su gracia en la televisión. Para el cine trata de coger todo ese montón de gags y los ordena pretendiendo darles una coherencia argumental, lo que hace que a veces la historia que te cuentan no tenga ni pies ni cabeza. Mientras, el público debatirá si esto se trata de arte o es una sucesición de cihstes soeces. Y mientras la gente debate apasionadamente, Cohen pondría una cámara, lo grabaría y seguramente se partiría de risa.

miércoles, 18 de enero de 2012

Diente de perro

Propone: José Antonio
Comenta: Rubén


-Imagina –dijo Sócrates- un chalé provisto de una alta tapia, y unos niños que están en él desde que nacieron, encarcelados en esa prisión de oro; detrás de ellos, sus padres que son como la luz de un fuego que arde algo lejos y en plano superior, y entre los padres y los niños, una vida aparentemente normal.

- Ya lo veo-dijo Glaucón.


- Pues bien, ahora ve que, a lo largo de esa vida normal, los padres han transformado la realidad cambiando los nombres de los objetos, cuya naturaleza les ha sido negada a los niños y que éstos sólo conocen aquello que sus padres quieren y de la forma que quieren.

- ¡Qué extraña escena describes –dijo Glaucón- y qué extraños prisioneros! ¡Niños sin ir al colegio!

- Iguales que nosotros -dijo Sócrates-, porque en primer lugar, ¿crees que los chavales han visto otra cosa de sí mismos sino las sombras proyectadas por las enseñanzas de los padres que están frente a ellos como nosotros aprendimos de nuestros maestros?

 - ¿Cómo -dijo-, si durante toda su vida han sido obligados a permanecer en el chalé sin salir al exterior?

- ¿Y de los objetos aprendidos? ¿No sabrán lo mismo, esto es, lo que sus padres les han contado, enseñado y mostrado?

- ¿Qué otra cosa van a saber?

- Y si pudieran hablar los unos con los otros, ¿no piensas que creerían estar refiriéndose a aquellos objetos y conocimientos en los que han sido instruidos?

- Forzosamente.

- Entonces no hay duda -dijo Sócrates- de que los tales muchachos no tendrán por real ninguna otra cosa más que las enseñanzas de los padres tal y como se las han mostrado.

- Es enteramente forzoso-dijo Glaucón.


- Examina, pues –dijo Sócrates-, qué pasaría si entrase un agente externo y fueran liberados los chicos de su cárcel de oro y curados de su ignorancia, y si, conforme a naturaleza, les ocurriera lo siguiente: Cuando uno de ellos conociera la realidad exterior, y cuando, al conocer todo lo demás, ¿qué crees que contestaría si le dijera alguien que antes no veía más que una realidad deformada por sus padres y que es ahora cuando, hallándose más cerca de la realidad y vuelto de cara a objetos y conocimientos más reales, goza de una visión más verdadera, y si fuera mostrándole los objetos que hay en el exterior y obligándole a contestar a sus preguntas acerca de qué es cada uno de ellos? ¿No crees que estaría perplejo y que lo que antes había contemplado o sabido, le parecería más verdadero que lo que entonces se le mostraba?

- Mucho más-dijo.

-Y si quisiera escapar de la cárcel para ver el mundo exterior y real, ¿no crees que sus padres le pedirían una acción imposible para evitar que saliera, como por ejemplo que se le caigan los dientes caninos a los diecimuchos años, cuando todo el mundo sabe que se caen de pequeño?

- Así es –dijo Glaucón. –Yo al menos así lo haría para protegerlos.

- Entonces no le quedaría más remedio que arrancarse los dientes para poder salir al mundo exterior y real –comentó Sócrates.

(Y esta paráfrasis del Mito de la Caverna platónico es lo que cuenta Kynódontas, la primera película de una empresa de publicidad griega, que se rodó en agosto de 2008 con un presupuesto de 200.000 € y que impactó a nuestro cineclub).



martes, 10 de enero de 2012

Zapatillas de felpa y cristal

Propone: Nando
Comenta: Juli



Querido lector de blogs, este comentario en sí mismo es un spoiler, así que si no quieres enterarte del final de la película, no sigas leyendo.



Resulta que un ricachón yanqui quiere gastarse los cuartos en hacer películas y para ello decide que debe descubrir y promocionar una gran estrella que cause sensación en Hollywood. Así, se viene a Madrid en compañía de su secretario (Oscar para Edmond O'Brien) y de un director de cine pasado de moda y ex-aficionado al refresco de malta fermentado (Humphrey Bogart). Recorren los mejores garitos de la capital en busca de Ella hasta que la encuentran: María Vargas (la sensual y voluptuosa Ava Gardner).


Es un poco el cuento de la Cenicienta, sin príncipe azul pero con cuñado de príncipe, aunque en este caso es conde. La chica humilde, con todos los hombres a sus pies, y que no termina de encontrar el amor verdadero. Hasta que se enamora de un conde italiano, el conde de Torlato-Favrini, en un arrebato se casan y en la noche de bodas él confiesa que una herida de guerra lo dejó impotente. Entonces el chófer le dice a su señora: que no me entere yo que ese culito pasa hambre, y así, se lían y lo hacen a pelo, quedando ella encinta. El conde, en otro arrebato, se la carga, y el día del entierro, Joseph L. Mankiewicz acude al cementerio con su equipo de grabación y graba La Condesa Descalza, realizada a través de los flashbacks de los diferentes personajes que intervinieron en la vida de María Vargas y estaban presentes en ese último adiós.


Termino el post con unos datos curiosos:

-La censura en el Hollywood de los 50 cambió el dato de que el conde iba a ser homosexual y decidió que fuese eunuco funcional por su impotencia sexual.

-Ava Gardner y Humphrey Bogart se aborrecían mutuamente.

-Parte de la película se rodó en Madrid, donde El animal más bello del mundo viajaba a menudo y era una habitual de la noche madrileña. Sonado fue su romance con cierto torero, de quien se decía que tras su primera noche, se vistió rápidamente, y cuando ella le preguntaba: "¿Dónde vas?" la respuesta fue: "¡A contarlo, mi arma!"

Lo que viene siendo ser una estrella

martes, 3 de enero de 2012

Demóstenes

Hoy os proponemos que, antes de empezar a leer, pulséis el play de este vídeo y os dejéis acompañar por la música del final de la película.







Propone: Altea
Comenta: Rubén


Cedant arma togae!

La lengua, la comunicación, el habla son artes muy poderosas, tanto que ya los griegos se dieron cuenta de eso y surgieron de este modo los sofistas, gente a la que los profesores les debemos mucho, pues fueron los primeros que cobraron por sus enseñanzas. Enseñanzas que consistían en hablar bien en público para persuadir al auditorio y manejarlo a voluntad. Un arma letal en un mundo oral y en una democracia basada en asambleas populares.


Pues bien, mucho se ha hablado de cine, mucho se ha hablado en el cine, pero en el cine no se ha hablado mucho sobre cómo se habla, y menos desde el cine mismo. Desde la autoparodia de Cantando bajo la lluvia, que explicaba las clases de dicción de la señorita Lina Lamont y compañía allá por el año 1952 y My fair Lady y el Profesor Higgins con su tesis doctoral en acentos hasta El discurso del rey de nuestros días, el habla como disciplina ha sido tratada en varios, aunque creo que escasos pero de extraordinaria calidad, filmes.


Alguien podría pensar que una película histórica, o un film sin escenas de violencia ni de sexo quizá no tendría mucho éxito hoy en día. Para todos ellos y también, como no, para todos nosotros, Tom Hooper grabó El discurso del rey, una fantástica coproducción británico-australiana del año 2010 donde lo que más destaca es la interpretación de ambos actores protagonistas (Colin Firth y Geoffrey Rush), que desarrollan sendos papelones. Sin olvidarnos de la Reina Madre, cuando todavía no era reina, pero ya madre, la Duquesa de York, interpretada por Helena Bonham Carter. Y donde se demuestra todo lo que antes dijimos: que una película sin sexo (salvo el romance de Eduardo VIII y Wallis Simpson, si se me permite la broma), sin tiros (salvo la declaración de guerra a Alemania), y siendo histórica (pues todos sabemos que Jorge VI era tartamudo) puede ser entretenida y gustar al público, como ocurrió en el cineclub.


La película narra con gran maestría el trauma personal de la soledad de los monarcas, aislados de la sociedad desde la infancia, orientados desde la cuna al noble oficio de regir, carentes de amigos y volcados y dedicados a su pueblo aunque eso les cueste la salud. O quizá trate de un problema del habla del tartamudo rey Jorge VI y del tratamiento que sigue con alguien que si bien no dice toda la verdad, tampoco miente. O incluso puede versar sobre la importancia de la imagen y de la comunicación en los políticos, en el habla como medio de hipnosis colectiva. Por ejemplo, el estudioso Eric Havelok relata en su libro La Musa aprende a escribir una anécdota muy parecida a la que se puede ver en la película acerca de un discurso de Hitler que escuchó en directo por la megafonía de la universidad de Toronto, donde si bien casi nadie en Canadá sabía alemán, se quedaron ensimismados ante aquella voz, las pausas, los énfasis... Pues si importante es lo que se dice, tanto o más lo es el cómo se dice.


Cuando la humanidad se civilizó, cambió palos y piedras por palabras, aunque creo que a eso no hemos llegado todavía completamente.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Los reyes del rock

Propone: Manuel
Comenta: José Antonio




Eres más falso que un documental del Golfa. Ésta es una expresión que pronto podría pasar a engrosar el lenguaje popular a tenor de la gran cantidad de los que en los últimos meses hemos tenido ocasión de ver. Nuestro compañero Manuel nos trajo hace unas semanas "This is Spinal Tap", un falso documental del año 1984 que se encuadra en el género de la comedia sobre un supuesto grupo de rock que había evolucionado desde una estética beatleniana en los 60 a una banda de heavy metal norteamericana de los 80.


Dirige el invento Rob Reiner, uno de esos directores que entre los 80 y los 90 lograron títulos de gran repercusión comercial como "Cuando Harry encontró a Sally", "Cuenta conmigo", "La princesa prometida", "Algunos hombres buenos", "Misery" o "Algo para recordar", entre otras. "This is Spinal Tap" es una de sus primeras películas y su formato es más televisivo. Tengo que reconocer que nunca había oído hablar de ella a pesar de que algunos la colocan en esas absurdas listas sobre las mejores películas en la historia del cine. Según la revista Empire, estaría en el puesto 50 de una lista de 500. Manuel en su presentación la colocaba en otro puesto más alto en otro ranking: el top ten de películas con las que la gente miente cuando dicen que la han visto. En el caso de España, no es raro que sea desconocida, ya que jamás se ha estrenado y sólo está disponible en circuitos de Versión Original. Así que el que te contó que esta peli había perdido mucho con el doblaje es uno de esos mentirosillos. Tras haber visto esta rareza (y yo no miento) diría que no está mal, pero tampoco es para tanto.


El documental empieza cuando Spinal Tap, un grupo británico  con más de veinte años de trayectoria a sus espaldas, se traslada a los Estados Unidos. A través de las entrevistas vemos su descenso y decadencia. En el caso de que se tratara de un documental real y un grupo real, habría ciertas cosas que no podrían meterse en esta peli ni de coña. Aquí vemos las peleas entre sus miembros, sus malos rollos, las censuras de la discográfica, etc. Cosas impensables si fuera un documental real en el que saliera gente con nombres y apellidos. También se aprovecha para cachondearse de las bandas de heavy metal de los 80. La estética de los rockeros es hortera a más no poder, y las letras tienen unas  metáforas sobre temas sexuales que son vulgares por lo evidentes que son. El grupo tiene hasta su propia leyenda negra: sus baterías no les duran mucho y siempre lo pierden en dramáticas y misteriosas circunstancias. Asistimos, pues, al ascenso y caída de Spinal Tap hasta que al final los vemos resurgir de sus cenizas.


Todo el reparto está lleno de grandes veteranos. Algunos de sus nombres no nos dicen nada, pero todos ellos están presentes en muchos títulos que han pasado a la cultura popular. Por citar un ejemplo. El nombre de Harry Shearer, probablemente no dirá nada a nadie. Sin embargo, la perspectiva cambia cuando nos dicen que es el actor que lleva poniendo voz durante más de 20 años a Bart Simpson, así como a varios personajes de la ya mítica serie de la familia amarilla (como el señor Burns, Smithers, Ned Flanders, el reverendo Lovejoy y una larga lista de secundarios más que no voy a repetir pero que da una idea de la gran cantidad de registros de los que es capaz). Todos los miembros del reparto son grandes amigos en la vida real y suelen participar en otras películas de Reiner, aún haciendo cameos y pequeños papeles. Incluso después de la película han seguido juntándose como Spinal Tap, ofreciendo conciertos y lanzando al mercado hasta tres discos. Así es como el documental falso, finalmente se convirtió en auténtico.



lunes, 26 de diciembre de 2011

Indigestión de monguis

Propone: Belén
Comenta: Juli



Mulholland Drive es una obra del director ese al que le gusta hacer películas raras con enanos. No, no hablo del director de Willow. David Lynch también gusta de sacar habitaciones rojas y, además, los argumentos de sus obras son confusos, te hacen preguntarte cosas como:
-Pero la camarera que sale al principio, ¿no era la protagonista que estaba sentada esperando el café?
-¿Encontrarán de una vez al dueño de la oreja que había en el césped?
-¿Es la amnesia la mejor excusa para explicar la confusión mental de los personajes?
-¿Están todos fumados o se han comido una tortilla de monguis?
-Hoy es miércoles, ¿estará jugando el Madrid? ¿cómo irá?
Y sobre todo:
-¿Qué coño está contando el tío este, que no tiene ni pies ni cabeza?


Pues eso es lo que pasa con esta película, que no tiene ni pies ni cabeza. A su favor se puede decir que si uno saca escenas de la película (sin la habitación roja, claro está) y las mete en un trailer, podría pensar, ¡anda! esta película puede ser interesante. Por tanto, si piensas que todo es una sucesión de trailers de diferentes películas que tienen en común los actores y los escenarios, puede llegar a gustarte el producto final, y hacerte la ilusión de que algún día puedas ver un montón de películas nuevas muy chulas.


Ahora bien, si miras la obra como una película completa, te devanas los sesos en comprenderla, y al final lo consigues, sólo es por una razón: Lynch ha conseguido que su obra te interese hasta ese punto. No es mi caso. Vi la película y no me interesó una mierda. Es más, tampoco quería saber la interpretación de la misma, porque toda esa sucesión de imágenes y sonidos me producían un tremendo hastío, y lo que pasase con los protagonistas me parecía totalmente irrelevante.


¿Que todo es un sueño? ¿Que hay una parte que es sueño y otra que es realidad? ¿Cuál es cuál? El otro día soñé que me tocaba la lotería y al despertar era mentira, ¿hacemos una película?


David Lynch es un fiel seguidor de la primera parte de la teoría de Copérnico, ya que está convencido de que el sol no es el centro del universo. En lo que difiere del científico renacentista es en que traslada el heliocentrismo en lynchcentrismo, y gusta de mostrar al mundo sus masturbaciones mentales en forma de filmaciones. Que te pringue o no ya es cuestión de que uno se deje.


En este enlace podéis encontrar información sobre productos que pueden ayudar a comprender el cine de David Lynch:


viernes, 23 de diciembre de 2011

Los ilusionistas

Propone: Pedro
Comenta: Pepe



El cine nació como curiosidad científica, pero muy pronto pasó a convertirse en una atracción de feria. Así, antes de ser el medio de expresión más poderoso y más genuino del siglo XX, compartió caseta y roulotte con mujeres barbudas, enanos, espectáculos de variedades y números de magia. No en vano los primeros cineastas provenían del mundo del ilusionismo y, al tiempo que construían todo un entramado narrativo, un nuevo lenguaje audiovisual, fueron encontrando la manera de trucar las imágenes para impactar al espectador, para que se entregara sin condiciones, se identificara con lo que veía en la pantalla y sintiera como reales las cosas que solo eran un haz de luz sobre una tela blanca en una sala oscura. Nada más y nada menos.  Si queréis un nombre, sin duda debéis recurrir a George Méliès. Si queréis un ejemplo, el fabuloso arranque de Vida en sombras (Lorenzo Llobet-Gracia, 1949) da cuenta de este momento de los orígenes del cine. La secuencia, para aquellos que sientan curiosidad, está en Youtube.


Ya está otra vez Pepe soltando su rollo, diréis, y probablemente tendréis razón. Pero es que todo esto me venía a la cabeza al plantearme el comentario de Encuentros en la tercera fase (Steven Spielberg, 1977) y pensar en ese grupo de cineastas que en los años setenta recuperaron el gusto, que en realidad nunca se había perdido del todo, por maravillar al espectador, hacernos vibrar, dejarnos con la boca abierta y hacernos creer por unos minutos que existe la magia. Una generación de ilusionistas que creó toda una generación de cinéfilos, que es la nuestra. En este caso el nombre está muy claro, es Steven Spielberg. Y el ejemplo también: el arranque, curiosamente el mismo año de la película que hoy comentamos, de Star Wars (George Lucas, 1977): Unos rótulos en perspectiva, unas notas musicales poderosas y la aparición en pantalla de unas naves espaciales… y ya estamos todos boquiabiertos. La secuencia, para aquellos que sientan curiosidad, también está en Youtube. Pero dudo que quede alguien por aquí que no la haya visto en repetidas ocasiones.


Encuentros en la tercera fase es una historia de marcianos buenos (algo por entonces no tan habitual como pueda parecer hoy día) que tiene algo de todo eso. Porque en mi opinión representa el punto culminante de ese camino que iniciaron aquellos pioneros de las casetas de feria y puede considerarse el ejemplo perfecto de toda la tendencia. Porque, además, la película es toda una declaración de intenciones, ya que está protagonizada (genial Richard Dreyfuss) por un hombre maravillado, que se pasa media película boquiabierto y empeñado en creer a toda costa en lo que ven sus ojos, mientras todos los demás se empeñan en decirle que son trucos de magia. Esa fascinación que siente el personaje de Dreyfuss por lo desconocido, su osadía en ir más allá de las explicaciones racionales y su empuje a la hora de dejar atrás su vida en pos  de algo nuevo es la osadía de los exploradores de todos los tiempos, de todos los pioneros. Fue la osadía de George Méliès y era la osadía del joven Spielberg y sus amiguetes.



De cómo a la obra del bueno de Steven se le fue cayendo la osadía y se le fueron sumando la gravedad y, en cierto modo, el conservadurismo, ya hablaremos otro día. Hoy lo que toca es que disfrutemos como enanos con la belleza, la espectacularidad y la poesía de imágenes como las que acompañan estas líneas. Y  encima en movimiento. Y encima con música de John Williams.  

¿Serán cosas como estas lo que llaman la magia del cine?


lunes, 19 de diciembre de 2011

Supernanny



Propone: David
Comenta: José Antonio


Arthur Penn es uno de esos directores al que he ido dedicando mi particular homenaje a lo largo del Cineclubgolfa, trayendo películas como "La jauría humana" y "Pequeño Gran Hombre". A esta lista habría que añadir una tercera que supongo que algún día caerá y que no hay más que hacer una consulta a su filmografía para deducir de cuál se trata. Penn es otro de esos directores con la maldición del Golfa porque falleció en 2010, por lo que alguno de esos dos títulos seguro que ya habría caído para entonces. Y hete aquí que hace poco David nos sorprendía con una película de Penn que no había visto: "El milagro de Ana Sullivan".


El papel de la protagonista lo interpreta Ann Bancroft, a quien todo el mundo recuerdo por su papel de la madura que seduce a Dustin Hoffman en "El graduado", pero el único Oscar de su carrera lo ganó precisamente con esta película. Se trata de una de esas historias sobre romper barreras y la lucha sobre la superación basada en una historia real. Primero se hizo un telefilm, luego una obra de teatro y finalmente este salto a la gran pantalla que lanzó al estrellato a Bancroft (casada con otro conocido de nuestro Cineclub, Mel Brooks).


Ana Sullivan llega a una casa para ocuparse de Hellen, que quedó sorda, ciega y muda al poco tiempo de nacer. La joven discapacitada llegó a la adolescencia en una burbuja que la aísla del mundo y en la que ha impuesto su tiranía a todos los miembros de su casa. Hace lo que quiere, cuando quiere y como quiere, sin que nadie la replique porque nadie es capaz de hacerse entender con ella. A la hora de la comida coge literalmente con las manos lo que hay en los platos, con independencia que sea el de ella o el de los demás. Ahora mismo no recuerdo si también hacía sus necesidades en aquellos lugares de la casa que mejor le venían a mano, pero seguro que realmente era así. Sus padres la han consentido absolutamente todo porque no han sabido cómo hacerle comprender el significado de la palabra "no". Ni siquiera saben si su hija tiene algún atisbo de inteligencia. La película narra la lucha de voluntades entre la joven que quiere seguir haciendo todo a su antojo y la profesora que trata de hacerle entender que hay límites. Este choque de voluntades queda perfectamente reflejada en una escena de 30 minutos de reloj, en la que la cuidadora trata de hacer entender a la joven que tiene que usar los cubiertos para comer. Una lección que llega al enfrentamiento físico y la escena alcanza unos niveles de tensión insoportables. Si, hoy día, proliferan los niños tiranos por la ausencia de una educación adecuada, la tarea de esta maestra para llegar a alguien cuya naturaleza consiste en la incomunicación más absoluta se puede considerar como titánica. Una supernanny. Penn, que está más acostumbrado a moverse en ambientes de violencia, logra escenas de gran violencia psicológica, pero consigue también un drama intimista que se sigue con interés de principio a fin, rodado en blanco y negro y que no ha perdido nada de vigencia. Se mantiene joven y fresca. Tan joven como el personaje de Ann Bancroft, que paradójicamente luego pasaría a la historia por el papel de una madura asaltacunas que se convierte en la amante del novio de su propia hija.