Mostrando entradas con la etiqueta pelis. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pelis. Mostrar todas las entradas

viernes, 26 de junio de 2015

CABALLOS, HOMBRES Y VICEVERSA

Propone: Manu
Comenta: Juli

Cuando te dicen que vas a ver una película islandesa, de 2.013, de un director novel y que obtuvo el premio al mejor director debutante en el Festival de Cine de San Sebastián, el acto reflejo que acude a tu cuerpo es santiguarte, por muy ateo que seas.

Manu vive el cine con pasión, y le gusta descubrir pequeños tesoros en forma de películas. Arriesga cada vez que viene al CineGolfa con historias sorprendentes y/o inverosímiles, y no siempre obtiene el reconocimiento de los demás Golfantes, aunque esta vez, con una de esas “raruneces” titulada De caballos y de hombres, nos hizo a todos pasar un buen rato.

Contrariamente a lo que puede hacer pensar el título, no es una historia de zoofilia gay, sino un relato sobre la supervivencia de un grupo de personas en el entorno hostil y aislado en que viven. Y es que no es cierto aquello que dijo Fray Luis de León sobre la descansada vida de los que viven lejos del mundanal ruido. Se nota que este fraile no se dio una vuelta por las zonas rurales de Islandia.

En esta remota isla hay una raza autóctona de caballos, pequeños y robustos, que se adaptan al clima extremo del país, con frío de día y mucho frío de noche. En el pequeño pueblo donde transcurre la acción la vida gira en torno a ellos, y es un acontecimiento digno de admirar el paseo matutino del soltero del pueblo, ataviado con sus mejores galas, a lomos de su hermosa yegua para visitar a una viuda que lo pretende. Y es que la vida solitaria es muy dura en aquellas latitudes, y siempre viene bien arrimarse al calorcito de otro cuerpo. Tras varios incidentes o accidentes, narrados con gran comicidad, el número de viudas se multiplica, y es curioso ver cómo todas, incluso con el cadáver del marido de cuerpo presente, le empiezan a poner ojitos al galán. ¿Y quién consigue hacerle vencer su timidez? Invito al lector a que vea la película, si no la ha visto ya, y lo averigüe.

Mención especial merece la escena del desvirgamiento de la yegua. Como diría Chiquito de la Calzada: “Caballo negro, caballo blanco” y hasta ahí puedo leer…

miércoles, 15 de abril de 2015

El conejito Duracell

Propone: José Antonio
Comenta: Rubén



 Lo admito, el chiste para el título del comentario es muy trillado pero recoge comentarios que se realizaron durante la proyección de la película surcoreana Soy un cyborg. Interesante film calificado como comedia romántica (aunque casi mejor indicar que es un drama romántico por el entorno en el que se desarrolla) que ganó dos premios, uno en el Festival de cine fantástico de Sitges en el año 2007 al mejor guión; y otro, en el mismo año, pero en el Festival de Berlín en la sección oficial de largometraje, premio Alfred Bauer, que se entrega a la película que abra nuevas perspectivas en el arte cinematográfico. La película la dirige Park Chan-wook que según algunas páginas de cine, que he consultado, es uno de los valores fijos y en pujanza del cine de Corea del Sur.


La acción transcurre en un centro psiquiátrico, y surge así la segunda comparación del comentario. Se puede pensar que remonta al famosísimo film “Alguien voló sobre el nido del cuco” (que ya se vio en el cineclub, ciclo 10), pero realmente no es así. Salvo el escenario compartido, no hay ninguna otra semejanza entre ambas películas.

En la cinta que nos ocupa, una pobre chica de nombre Young-goon se cree un cyborg y por este motivo está internada en un centro psiquiátrico tras electrocutarse al intentar recargarse de energía. Ella ve en las uñas de sus pies el nivel de carga que todavía le queda. Como se cree una chica robótica no come nada, solo se alimenta de pilas que va guardando por ahí. Evidentemente, la falta de ingesta hace mella en su salud. El problema le viene de familia, pues ya su abuela se creía un ratón y cuando los enfermeros se llevan a la anciana, la cibernieta decide vengarse. Quiere tener energía para atacar a los hombres de blanco.


Pero un buen día, y tras una careta de gatito (creo recordar), un joven llamado Il-soon irrumpe en su vida y en su corazón. Este chico cree tener el poder de robar las habilidades de la gente de su entorno. Y poco a poco va granjeándose la amistad de Young-soon.

La película nos muestra la vida cotidiana de un psiquiátrico y sus internos, y, sin ser un sitio grato, el contemplar las diferentes rarezas de los secundarios que cohabitan en ese entorno le da a la película un ligero toque de hilaridad, en el buen sentido. No es que nos riamos de las personas con trastornos, no. Nada más alejado de la realidad. Simplemente el director buscó algunas situaciones provocadas por los residentes que sorprenden y nos hacen esbozar alguna sonrisa. Sirve, posiblemente, para suavizar un poco la tensión que se respira en un hospital de esas características y no hacer la película demasiado grave. Al fin y al cabo es una comedia romántica.


Por todo, la película tiene un deje dulce a pesar de la crudeza del lugar y tiene un final optimista. En la era digital y de una tecnología elevada, en una sociedad tan tecnológica que hasta algunos de sus miembros se creen máquinas, al final siempre es el amor el que resuelve los conflictos. Diosa Venus, sigues estando presente y sigues siendo necesaria para nosotros, las criaturas mortales.

viernes, 27 de marzo de 2015

Místicos y malos

Propone: Altea
Comenta: Rubén

A Jim Henson, in memoriam.

¿Quién no ha visto nunca en la tele a la rana Gustavo (Kermit, the Frog en su lengua natal) o a la cerdita Peggy? ¿Quién de los cuarentones del cineclub no recuerda a dos viejos en un palco contando chistes de juegos de palabras en El show de los teleñecos? Todos los que alguna vez vimos un capítulo de Barrio Sésamo y aprendimos con Coco la diferencia entre cerca y lejos le debemos un poquito de nuestra cultura general a un gran titiritero. Sí, amigos lectores, Jim Henson fue un genio. El padre de Los Fraggle, de los Teleñecos y de muchas creaciones más dirigió en 1982 una película que Altea tuvo a bien compartir en una velada con el cineclub: Cristal Oscuro. No fue la única película del titiritero, pues también es obra suya Dentro del laberinto y alguna otra con los Muppets como protagonistas.

Es esta película, que ahora nos ocupa, un tanto oscura, como su propio título y aunque sean marionetas sus protagonistas, encierra un trasfondo bien adulto. La historia es demasiado compleja y oscura para los niño, o eso dicen las críticas, y los adultos no contemplan el asistir a ver una película de títeres, pues fue Cristal Oscuro la primera película en la que todo estaba animado mediante marionetas; desde los personajes principales hasta la más pequeña de las piezas de atrezzo, todo estaba animado por manos humanas.
La película nos traslada a una época remota ficticia, donde hace mil años existía el equilibrio en el mundo de los Urskeks, pero un día esa paz se rompe cuando uno de ellos daña el cristal oscuro, su más preciado tesoro, y surgen dos razas: los Místicos y los Skekses. Unos se dedican a la meditación y los otros tiranizan al resto de seres que poblaban ese mundo. Además, cada una de estas dos razas están interconectadas de alguna manera pues cada vez que uno de ellos muere, muere también un homólogo en la otra raza. He aquí, entonces un rasgo de ese equilibrio que nunca debió romperse. Pero como en todos los cuentos, un individuo de otra raza podrá restablecer el orden y aunque se empeñen los malotes en aniquilarla, siempre sobrevive uno que será un héroe de naturaleza simple y pequeña.

Ese cristal, ese mundo creado por Henson, recoge un poco la idea del anhelado equilibrio presente en todas las culturas; desde la antigua Grecia y su máxima “en el centro está la virtud” hasta las filosofías orientales del zen budista o la búsqueda del yin yang taoísta. El equilibrio, la paz interior, nuestra recóndita armonía pocas veces tangibles siempre rota por nuestras ambiciones, por nuestro egoísmo...

Es, en definitiva, una película que invita a la reflexión desde un punto de vista grave camuflado de infancia. En el fondo, todos tenemos un niño en nuestro interior.

Finalmente, al visionario que revolucionó con un trapo las marionetas al hacerlas de tela en 1955 alguien le cortó los hilos de su vida. Y así, el día 16 de mayo de 1990 los Urskeks, tanto Místicos como Skekses, se reconciliaron; los Fraggles, los Goris y los Curris convivieron en paz; los Dinosaurios revivieron durante un fugaz instante. Todos los Muppets se sintieron desolados y Kermit calló para siempre porque había muerto su padre y su voz. Henson fallecía a causa de una neumonía a la temprana edad de 53 años.

Jim Henson (1936-1990)
Gracias, Jim, por haberte puesto un día una bayeta en la mano.


lunes, 23 de marzo de 2015

Atrapados en el tiempo

Propone: David
Comenta: José Antonio

Si en Atrapado en el tiempo el personaje de Bill Murray se enfrenta al infierno de tener que revivir un día que detesta una y otra vez, en El secreto de sus ojos sus protagonistas parecen haber quedado atrapados en una época de su vida muy concreta: el brutal asesinato y violación de Liliana Colotto. La vida siguió avanzando para todos, pero sus corazones quedaron amarrados a esa época, sin haber podido superar los acontecimientos que vivieron. La película del argentino Juan José Campanella fue una de las propuestas que nos trajo David al Cineclub.

El protagonista está interpretado por Ricardo Darín, que encarna a un agente judicial ya retirado y que desempolva el viejo caso del asesinato de Liliana que en en su día (1974) investigó y que, aunque pudo ser resuelto, todo se vino abajo al meterse por en medio oscuros intereses del Estado y viejas rencillas con otros compañeros. Reviviendo aquellos días a través de su nueva investigación, nuestro protagonista guarda la esperanza de que pueda recuperar a la mujer que perdió. Ella es Irene Hernández, la secretaria del juzgado recién llegada, que también tiene sentimientos hacia él y que le apoyó en los momentos cruciales de su investigación. Aunque nunca le olvidó, está casada y tiene dos hijos, en el momento en que su viejo compañero regresa para desempolvar el caso. Tenemos también a Sandoval es el amigo fiel que se jugó el cuello por él y que, pese a todos sus problemas con la bebida, tiene un alma noble y sabe perfectamente el significado de la lealtad. Por otro lado, dentro de este repaso de las personas que vieron sus vidas marcadas por el asesinato, tenemos al desconsolado novio de la víctima, sobre quién la pregunta está en si logró pasar o no pasar página sobre lo ocurrido y de qué manera lo hizo. Y, finalmente, tenemos al asesino, quien aparentemente esta muerte acabó siendo una más, ya que después de lo ocurrido fue reclutado por esos oscuros rincones del Gobierno como sicario en crímenes de Estado diversos. Un hecho, que después de lo que estamos viendo con el supuesto suicido de un fiscal dentro de la actualidad de este país, no parece algo tan descabellado. Sin embargo, volviendo a la película, el destino tiene reservada para nuestro asesino una Justicia poética con la que difícilmente va a poder olvidar las monstruosidades que cometió.

A través de flashbacks vemos los momentos cruciales de las investigación, pero en el momento presente, se nos van dando las pinceladas para comprobar las jaulas particulares en las que cada uno de ellos se encerró a raíz de estos acontecimientos. Jaulas en sentido metafórico, claro, aunque para alguna puede que sea algo demasiado literal. La película sabe combinar los momentos intimistas, con otros momentos trepidantes, que nada tienen que envidiar al cine norteamericano. La escena de la persecución en el estadio de fútbol es impresionante, sobre todo ese espectacular plano aéreo tomado en medio de la noche. Ahora se anuncia una versión norteamericana, protagonizada con Julia Roberts y en la que se pondrá el énfasis en las teorías de la conspiración y no puedo evitar ponerme a temblar por el destrozo que pueden hacer a esta gran película.


P. D.: Un dato para el estudio. Los protagonistas parecen haber quedado atrapados en esos días de 1974, una fecha clave de nuestro CineClub porque yo juraría que ese año es el del nacimiento de la mayoría de nuestros miembros. ¿O no es así?

viernes, 13 de marzo de 2015

Los dioses deben estar locos

Propone: Amalia
Comenta: Rubén

Nuestro cineclub es verdaderamente heterogéneo, tanto como sus miembros y por este motivo poco a poco vamos completando las diversas nacionalidades que en el orbe hay con películas dispares e interesantes. De tal manera ocurre así que en sus nueve años y algo ya de andadura no sé si habíamos visto una película China (yo llevo pocos años como socio) pero se subsanó gracias a una propuesta de Amalia, concretamente Ping Pong Mongol.

Ping Pong Mongol (Lü cao di en versión original) es una película de factura reciente, pues data del año 2007, dirigida por Ning Hao (de quien creo que no hemos visto ninguna otra obra) y protagonizada por Hurichabilike, Dawa, Geliban, Badema e Yidexinnaribu. Los actores, sin ser muy conocidos, realizan unos papeles extraordinarios. Poco a poco, los pequeños de cara sucia van abriéndose un hueco en el corazón de los espectadores gracias a su interpretación.

El argumento de la película recuerda a aquella otra sudafricana del año 1980 y dirigida por Jamie Uys. Si en ésta el leitmotiv era botella de un refresco de cola, en la que ahora estamos comentando es algo más sencillo que no refleja el capitalismo, se trata sencillamente de una pelota de ping pong que, flotando en un arroyo, llega a manos de unos pequeños mongoles que nunca antes habían visto algo semejante. Desconcertados ante tan maravilloso objeto, acuden a la abuela de su pueblo para que les diga qué es. Ella les cuenta que es una perla de los dioses caída del cielo. Los chavales deciden ir a un monasterio para depositarla allí. Pero en el convento tampoco les sacan de dudas, pues los monjes no saben qué es ese objeto. Entonces asisten asombrados a un maravilloso invento moderno: el televisor desde donde ven un partido de ping pong y deciden, por tanto, ir a China, donde este deporte es casi el deporte nacional (recuérdese, por ejemplo, Forrest Gump) para devolver la falsa perla divina trocada en un instante en simple pelota.


Realmente, el final me parece un poco al graeco modo. Quiero decir que el film se resuelve Deus ex machina. En este caso el Deus es un simple televisor gracias al cual los zagales toman contacto con la realidad. Alejados de la sencillez de su pueblo, se acercan a la “civilización” y es como si su pequeño mundo se rompiera. La naturalidad de su vida en la aldea es opuesta a la vida en la ciudad. Los mitos de la abuela, las historias de los mayores contrastan con la tecnología. Los cuentos no se escuchan, se ven en la tele. Es un nuevo paso del mito al logos. El pasado mítico frente a la ciencia. Oriente y sus tradiciones contra Occidente y su tecnología.


La cinta destaca por la vivacidad de sus paisajes. Las vistas de la estepa mongola son espectaculares. Los contrastes cromáticos inundan la pantalla con una sencillez de fotografía, sin duda fingida, que llenan los ojos del espectador de unos verdes de la hierba y unos azules del cielo libre de polución que enamoran. Sin duda, el paisaje, la fotografía es lo mejor de la cinta. Una naturaleza en campo abierto. La libertad del individuo, los amigos, la vida sencilla, beatus ille qui procul negotiis...


lunes, 9 de marzo de 2015

Un buen comienzo para un buen final

Propone: David
Comenta: Pepe

Decía nuestro compañero comentarista Rubén en su anterior comentario, a propósito de El vientre del arquitecto, que una película que empieza con un polvo le echa para atrás por considerarlo un recurso fácil para atrapar al espectador. Cierto es que el sexo vende y que todos, en mayor o menor medida, nos dejamos engatusar y compramos. Leyéndole entonces, sin embargo, pensé en el polvo que abre la peli que hoy nos ocupa. Una escena soberbia que nos prepara para una historia sórdida y negra, muy negra, pero a la vez tremendamente atractiva, en la que las más bajas pasiones mueven el mundo de los personajes: El poder, el dinero, las adicciones, el sexo,... Todo eso está en esa primera escena, en ese primer polvo y la conversación del “cigarrito de después” entre Philip Seymour Hoffman y Marisa Tomei, rodado con precisión y maestría por Sidney Lumet. Dicen que la secuencia que abre una película debe dejarnos claro qué vamos a ver, que una buena historia en su primera escena contiene su “manifiesto”.  En este caso, pues, podemos decir y decimos que un polvo es un gran comienzo.


Un comienzo que no defrauda a posteriori como ocurre demasiado a menudo. Además de la labor de Sidney Lumet, al que ya tuvimos ocasión de admirar en 12 hombres sin piedad y Tarde de perros, no podemos dejar de reseñar la labor de los intérpretes que del primero al último están estupendos en sus papeles. El tristemente desaparecido Philip Seymour Hoffman y el no siempre tan solvente Ethan Hawke interpretan a los hermanos protagonistas. Junto a ellos destaca la mujer que comparten, una magnífica Marisa Tomei en plenitud que se come literalmente la pantalla, y algunos secundarios de auténtico lujo como Albert Finney.

Así, poco a poco, sin prisas pero sin aburrir, sintiéndose seguro de su historia y sus actores, Lumet va construyendo con rigor y oficio un film lleno de crudeza que recuerda a clásicos como Atraco perfecto (Stanley Kubrik, 1956) o La jungla de asfalto (John Huston, 1950). Una de esas cintas en las que queda claro que lo que vamos a ver es un auténtico camino a la perdición en el que la redención podrá atisbarse al final del viaje, pero a menudo será solo una ilusión. Como dice el título, al final podrás pasar media hora en el cielo, o acaso conocer los cinco minutos de gloria que todo el mundo merece, pero tarde o temprano el diablo se enterará de que has muerto y reclamará lo que es suyo por derecho.


Antes de que el diablo sepa que has muerto fue la última película que dirigió Lumet antes de su muerte en 2011. Un magnífico colofón para una carrera llena de títulos imprescindibles.


viernes, 6 de marzo de 2015

Los cuernos pesan en el estómago

Propone: Víctor
Comenta: Rubén



Tengo por costumbre no leer un libro en cuya primera página haya un polvo. Me parece un recurso paupérrimo intentar captar mi atención con sexo antes de presentarme al protagonista. Por eso cuando vi la primera escena de “El vientre de un arquitecto” me puse receloso. Una pareja fornicando en un compartimiento de un tren nocturno que circulaba atravesando la frontera entre Francia e Italia no es, para mí por esta razón, la mejor manera de empezar una narración.


Pues quiso Víctor añadir un corolario a mi ciclo sobre Roma con esta película, rodada en la urbe fundada por Rómulo. Y la verdad es que las vistas que de la ciudad eterna muestra la cinta son magníficas. “El vientre de un arquitecto” es una película de 1987, dirigida por Peter Greenaway (director un tanto tabú en nuestro cineclub desde su ivanazo “El contrato del dibujante”) y protagonizada por el hipocondríaco Brian Dennehy. He leído críticas dispares sobre esta película: o te gusta o la detestas, pero no encontré término medio.


La cinta cuenta el viaje del famoso arquitecto estadounidense Stourley Kracklite y su mujer a Roma para dirigir una exposición en el Vittoriano sobre otro arquitecto, el francés Étienne-Louise Boullée, cuya obra se inspiró en gran medida en el Panteón de Agripa, encargado de realizar el cenotafio de Newton en plena corriente neoclasicista y racionalista que no se realizó. Una vez en Roma, su mujer es seducida por un encargado poco honrado de la exposición, a la vez que a nuestro arquitecto le empieza a doler el estómago, y poco a poco se convierte en una obsesión. Finalmente, resulta ser un cáncer y no un aviso de las infidelidades de su mujer con el italiano. Lenta y sutilmente, el amante de la mujer va suplantando al arquitecto en todos los aspectos, no solo sentimentales o sexuales, sino también en la dirección de la propia exposición.

Para mí, la película habla de la fugacidad de la vida, de lo efímero del tiempo en algunos casos (como un billete de una libra ardiendo) o por el contrario de las obras eternas como el Panteón. Sin duda la vida está presente en ella, pues la película empieza generándola y termina con una muerte. El león joven destronando a un león ya viejo incapaz de mantener su dominio.




Tal vez el cáncer que sufre el protagonista sea una metáfora sobre algo que yo no alcanzo a identificar, pero al igual que la mujer del arquitecto gesta en su vientre durante nueve meses a su hijo, él desarrolla, en la misma zona, un cáncer que lo llevará a una tumba en vida. Vida y muerte. Gestación de vida y gestación de muerte. Principio y fin. Es revelador el comienzo de la película, pues la cámara se detiene en un cementerio, anticipando ese origen y final. Mientras crean vida, la cámara se recrea en los nichos. Y así, cuando nace el niño, muere el padre.


Por cierto, en casi toda la película predomina el color blanco: en las ropas de los protagonistas, en los mármoles del Vittoriano, en el pastel de la primera cena romana...


Debo añadir, como nota negativa, que en la película hay varias infidelidades a la Historia, se comenta, por ejemplo, que el Panteón lo construye Adriano cuando todo el mundo sabe que lo realizó Agripa en el reinado de Augusto.

viernes, 20 de febrero de 2015

A la busca del tiempo perdido

Propone: Laura
Comenta: Víctor

Personalmente, estoy muy acostumbrado a ir a los sitios y que no me hagan caso (confesión que probablemente no sorprenda a nadie que me conozca). Es por esto que, cuando pienso que tengo información privilegiada, me pongo nervioso, me sube la tensión, se me acelera el pulso, rompo a sudar. Menos mal que la nueva medicación está haciendo maravillas. Nunca es tarde.

En el caso de "Searching for Sugar Man", mi información privilegiada proviene de una amiga que, aunque española, vivió en Sudáfrica toda su infancia y juventud, coincidiendo con la época que recoge este reciente documental del cineasta sueco Malik Bendjelloul. Durante la proyección decidí que tenía que preguntarle a ella si conocía o no a Rodríguez, el cantante norteamericano que es el objeto del documental (¿o quizás el objeto del documental es la sociedad sudafricana de la época? Que cada cual elija lo que le parezca más bonito). El testimonio de mi amiga sería inapelable y disiparía cualquier asomo de duda, porque yo realmente tenía muchas: por momentos no conseguía decidir si estaba ante un "falso documental", que postularía la existencia de un Rodríguez mítico, fabuloso, que nunca existió realmente, o ante un documental sobre un fenómeno social que realmente tuvo lugar en la Sudáfrica de los años setenta.


Formalmente, "Searching for Sugar Man" sigue los usos establecidos para el documental --fragmentos de entrevistas que se interrumpen y se reanudan sucesivamente, montados junto a tomas ("footage") de la época en que ese país estaba dejando atras el "apartheid", y a tomas de la vida actual de un Rodríguez que incluso ha renunciado a la música y vive trabajando para la construcción. Además del propio cantante, hay otros claros protagonistas: dos de los fans de Rodríguez deciden hacer averiguaciones sobre su identidad y sobre el porqué había ignorado tan absolutamente su éxito en aquél país, cuestiones estas sobre las que pivota todo. Emprenden pues sus indagaciones a pesar de los rumores de que el cantante se había suicidado durante uno de sus conciertos. A través de los productores de "Cold fact", su primer álbum, averiguan la verdad --Rodríguez seguía vivo--, y un artículo de Craig Strydom, uno de ésos fans, tuvo como resultado que Eva, la hija del cantante, se pusiera en contacto con el segundo de nuestros héroes, Stephen Segerman. A partir de este momento, Rodríguez entra en escena y conversará con ellos acerca de su anónima vida en Detroit.

Toda esta historia está expuesta de forma ciertamente cautivadora. Sin embargo, con los medios de hoy es fácil averiguar que Rodríguez obtuvo también un considerable éxito en Australia durante los años 70, éxito del que sí llegó a saber lo suficiente como para irse de gira a aquél país entre 1979 y 1981, y que el documental no menciona. Esta omisión ha provocado que algunos críticos lo acusaran de mixtificador y mitificador, de jugar a crear un mito: y desde luego, no deja de incidir e insistir en la misteriosa reputación del cantante en Sudáfrica hasta el punto de que, para ir concluyendo, a mí me dejó con las dudas que comentaba antes: ¿esta historia es real? 

¿Podían la censura del "apartheid" y las sanciones internacionales tener esos efectos, producir esa clase de aislamiento? Mi amiga me lo confirmó: Rodríguez fue realmente muy popular. A pesar de ello, me confesó que no llegó a enterarse de la visita muy tardía y --en el documental-- casi apoteósica que Rodríguez hizo a Sudáfrica en marzo de 1998, para dar seis conciertos. Habían pasado casi treinta años desde la aparición de su citado primer álbum.

Me explicó también lo que significaba "Sugar man", que viene a ser algo así como "camello", pero creo que es un uso local, si no inspirado por la primera canción de dicho álbum, que se titula precisamente "Sugar man", y en cuya letra "el hombre del azúcar" es el portador de las drogas que traen el olvido, que hacen desaparecer todas las preguntas. El modo en que los estudiantes de la época escuchaban música, usaban drogas y cuestionaban la autoridad sin duda contribuyeron a convertir a Rodríguez, con sus contestatarias letras, en el símbolo, en la leyenda local que fue.

Mirando a mi amiga yo no podía dejar de envidiarle un poco: aquellos maravillosos años, idealizados por el recuerdo, idealizados en un documental un poco mitómano. Ya la primera imagen le hizo reaccionar y emocionarse: ella, que hace ya tiempo que abandonó Sudáfrica, reconoció inmediatamente la carretera que conduce a Ciudad del Cabo desde el noroeste, siguiendo la costa. Y aunque para mí ni Sixto Rodríguez ni esa carretera significaban nada, a ella le podían visiblemente los recuerdos suscitados a veintitantas imágenes por segundo. Sí; la nostalgia sigue siendo igual que antes, como si cualquier tiempo pasado fuese mejor.







viernes, 13 de febrero de 2015

Metatelevisión

Propone: Víctor
Comenta: Rubén


Rebecca: Guau, son tan malos que casi son buenos.
Enid: Se han pasado de buenos y vuelven a ser malos.

(Es curioso, pero una de las frases que más gustó en el cineclub no aparece en el cómic).

Ghost World es la adaptación cinematográfica de un cómic del mismo nombre, publicado por vez primera en el año 1993 que salió de la mano de Daniel Clowes, mientras que la cinta surgió de Terry Zwigoff en el año 2001. Estuvo protagonizada por Scarlett Johnason en el papel de Rebecca, Thora Birch en el de Enid y Steve Buscemi en el de Seymour. Y en este comentario trataré de comparar el libro original con la cinta resultante.


Cuando el dibujante Daniel Clowes diseñó el cómic, lo pensó en tonos azules que es el color que desprenden las pantallas de los televisores en el crepúsculo, cuando la gente inicia el viaje a casa tras el trabajo y los receptores están encendidos, rodeados por los demás miembros de la familia. Ese cromatismo fantasmal es el que revela el título de la obra. Y la película, como no podía ser de otra manera, empieza así: desde varias ventanas se aprecian tonos azulados en movimiento. Sin embargo, la estética de la película no está impregnada de esos matices cerúleos y celestes y parece que se haya optado por unos colores más intensos, para recoger cierta apariencia de cómic. Para la película 300, se utilizó lo contrario: el ambiente es oscuro como en el original, pero claro, es más fácil hacer una película en tonos tétricos que en azules, así que no se lo tendré en cuenta al director. Eso sí, tanto en el libro como en la película la presencia de los televisores es una constante.


En la contraportada del libro se puede leer lo siguiente: “Mundo Fantasmal es la historia de Enid y Rebecca, dos amigas que afrontan la exploración del no siempre agradable camino a la madurez y el incierto futuro de su intrincada relación. Daniel Clowes conjura una historia tan tierna como objetiva de su frágil existencia, capturando los temores mundanos y las tragedias cotidianas de una adolescencia que se escurre inexorablemente entre los dedos. Con una narrativa sutil consigue tejer las fragmentadas vidas de dos jóvenes que ya no son niñas, pero que tampoco son aún mujeres”. Ciertamente, la película recoge esos conflictos y traumas de la adolescencia, una etapa de la vida que a veces se nos muestra como fantasmal. Es notable la lección de la página 26 del cómic, donde se contrapone el idealismo (típico de una etapa adolescente) con el capitalismo (tristemente clásico de nuestra edad madura).


El final del cómic es tan abierto como el de la película, si bien es cierto que Enid comenta que le gustaría cambiar al acabar el instituto, mudarse a una ciudad nueva, al azar y ser otra persona mientras que Becky prefiere que todo siga como en el Instituto. Becky padece un pequeño peterpanismo que supera, entra a trabajar y se “normaliza”, mientras que Enid parece que se queda estancada. Hay una especie de transmutación de caracteres. En la película, por el contrario, la madura, desde un principio, es Becky y Enid es la alocada que incluso llega a dudar de su tendencia sexual y comenta que se siente atraída hacia Enid.



Para acabar, unas pequeñas notas y reflexiones: La mejor caracterizada es Melorra. Pienso que el personaje de Meg, de Padre de familia, está inspirado en la estética de Enid. En el cómic, el padre de Enid vuelve a salir con Carol, en la película le cambian el nombre a Maxine, pero básicamente es la misma historia. En la escena del mercadillo, en el cómic, es Enid la que vende y no la que compra. Y la historia del anuncio, en el cómic no es más que un fragmento en un capítulo y en la película lo alargan demasiado, pero con una interpretación sublime de Steve Buscemi. En el cómic no hay clases de arte en verano. Y como dato curioso, debe de ser extraño perder la virginidad con “El Príncipe de Bel-Air” de fondo, tal y como hizo Enid.


Y por cierto, Ghost world es una pitada en la puerta del garaje de una de las protagonistas que aparece en una fotografía.


viernes, 23 de enero de 2015

La conspiración que nos une

Propone: Pepe
Comenta: Víctor


Un amigo mío, crítico muy perspicaz, sostiene a propósito de esta "Senderos de gloria" (Stanley Kubrick, 1957) que su estética reprime la expresividad de sus personajes. Por ejemplo, recordemos uno de sus grandes momentos, la escena de la ejecución de los supuestos cobardes: gran espectáculo que mi amigo contrapone a los fusilamientos casi clandestinos de los pobres Giovanni y Oreste en "La gran guerra", película italiana de 1959. Por no mencionar la secuencia del consejo de guerra, paradigma para él del interés arquitectónico de Kubrick por la puesta en escena, que con sus amplitudes y distancias terminaría por sofocar la historia, que perdería así interés a consecuencia de su (de Kubrick) exceso de carpintería.


Si bien puedo estar de acuerdo --y no creo que esto pueda discutirse mucho-- en cuanto a la preocupación de este realizador por sus puestas en escena, creo que en este caso no perjudican a una historia que es transversal, que transcurre en varios "planos" (o "registros", si se prefiere), que no se agota en un simple "mostrar". La escena del fusilamiento, aunque tiene lugar en un espacio abierto, no es por ello tan fría o distante: vemos cómo uno de de los reos, que hasta entonces se mantenía entero, se derrumba; y conscientemente o no estamos pendientes del comportamiento --humano, demasiado humano-- que el teniente Roget tendrá con aquél a quien ha condenado de modo completamente arbitrario a ser ejecutado para borrar todo rastro de su propia cobardía ("¿Quieres la venda?", atinará finalmente a preguntarle).


El carácter aparentemente ostentoso de la película se justifica en mi opinión precisamente por la necesidad de mantener una "distancia" que no es resultado de excesos, sino más bien incluso necesaria para la narración (o mejor, exposición) de Kubrick. Todo lo que sigue hasta el final del presente comentario proviene del libro "Stanley Kubrick", de Norman Kagan (1), que me parece sumamente recomendable y clarificador. En adelante me limito a seleccionar de ese texto, cosa que seguro agradeceréis. Pero antes quiero recordar lo que alguien comentó en el coloquio, a saber, que tenemos la sensación de que cada personaje sostiene un punto de vista que podemos compartir: incluso cuando el general Broulard habla del infantilismo de las tropas, sus afirmaciones parecen tener algo de verdad. Escribe Kagan que el general Broulard se revela como lo que el novelista George Mandel llama un «super realista», un héroe despiadado perteneciente al mundo oscuro e incierto en que la mayoría de las cuestiones, como el ataque, nunca pueden realmente resolverse, un mundo que el noble Dax no quiere aceptar. Si la vida del soldado, la de cada uno de nosotros, es en el fondo una conspiración, como sugiere Kubrick, sólo el General Broulard es lo suficientemente astuto, retorcido y poderoso como para hacer que la suya triunfe.


Sigue diciendo Kagan que la película es compleja, con ideas «embutidas» dentro de un sentido de la vida. Tomando por ejemplo la escena final, cuando Dax, a la entrada del bar donde sus hombres corean la canción de la campesina alemana, les permite unos minutos más de esparcimiento. Irónicamente Dax no puede hacer nada más para ayudarlos ni para ayudarse a sí mismo, ya que es ahora uno de ellos, predestinado y controlado: la gran guerra y el enemigo terrible no son sino otro fraude, una conspiración más.

Según el mismo autor, los temas de Kubrick están presentes con toda su fuerza:

Los mundos imaginarios. Mireau y Broulard viven en un mundo de ambición y vanagloria desmesuradas. Los hombres de las trincheras se ven a sí mismos como seres pasivos que sólo pueden seguir a sus líderes a través de un universo-matadero. El condenado «valiente» se da cuenta demasiado tarde de su autoengaño.

La inutilidad de la inteligencia, los fallos de los sentimientos. El Cabo Paris es más sagaz que Roget, débil y alcohólico, pero éste lo destruye. Dax, reflexivo y con recursos, no puede salvar a sus hombres. El orgullo y la presunción de Mireau le llevan a dar unas órdenes  histéricas a los artilleros que acarrean el fin de su carrera militar. El idealismo de Dax y su sed de justicia lo conducen a la misma ruina. El floreciente Broulard vive de acuerdo con el poder, no con las ideas o sentimientos.

La dualidad asesino-suicida. Mireau mata a los tres hombres, además de a otros muchos, y amenaza a Dax con arruinar su carrera militar, pero su comportamiento histérico engendra el arma que le destruirá. Dax inicia el proceso de caída de Mireau, pero arruina su propia carrera al descubrir a Broulard sus verdaderos sentimientos.

Odisea hacia la libertad. El Coronel Dax lleva a cabo una odisea intelectual: va descubriendo la verdad acerca de sus superiores, de cómo y por qué se hace realmente la guerra, y del significado y consecuencias que tienen sus convicciones en este contexto.

El héroe obsesionado. Se recordará que el Coronel Dax tomó parte en el ataque a la Colina de las Hormigas porque el General Mireau le amenazó con apartarle de sus hombres. Dax, obsesionado por su lealtad hacia ellos, se afana en todo momento para hacerles justicia y quedarse a su lado. Esta obsesión le lleva a destruir su futuro de oficial, pero se deduce claramente de la última escena que le han permitido seguir en su puesto, posiblemente para morir avanzando con sus hombres en otro ataque «glorioso».

La película, filmada en blanco y negro, cuenta con una entusiasta actuación de Kirk Douglas, mantiene un ritmo demoledor desde el comienzo, y en mi opinión estamos ante la más demoledora película antimilitarista de la historia del cine (aunque no las he visto todas, eso es cierto)


(1) "Stanley Kubrick", Lumen, 1976.

lunes, 19 de enero de 2015

Crónica de gente desnuda

Propone: Esther
Comenta: Juli


Un buen día, Esther nos trajo este Human Nature, de Michael Gondry (2001), de quien ya vimos Olvídate de mí en los albores del Golfa. Curiosa película donde Jim Carrey hace de persona.


Human Nature trata de la historia de una especie de Buen Salvaje moderno, mito recurrente de la literatura y del cine que presupone que el hombre es bueno por naturaleza y que es la sociedad la que lo pervierte. El tema está tratado con un exquisito sentido del humor y despojado del dramatismo trágico que puede encontrarse, por ejemplo en El Pequeño Salvaje de Truffaut. Ambas películas parten de la misma premisa: una persona es encontrada viviendo en soledad en el bosque, en plena naturaleza, sin relacionarse con el mundo (humano) exterior, sobreviendo entre bestias salvajes, y, por supuesto, en total desnudez. Enseguida científicos iluminados quieren estudiar el fenómeno, cual si de tesoros arqueológicos se tratase.


La ironía de las historias inverosímiles de Charlie Kaufman (Cómo ser John Malkovich) está presente en toda la obra. El “Buen Salvaje” no es tan diferente de los demás como pudiera pensarse, ya que enseguida comprende que si quiere cepillarse a Patricia Arquette, muy exuberante antes de hacerse Medium, tiene que “dejarse hacer”, aprendiendo lo que le enseñan su maestro y mentor, un Tim Robbins domador de ratones de laboratorio que se encuentra con el experimento de su vida, y ella misma. Incluso aprende la táctica de dar celos con la becaria del laboratorio para conseguir sus fines sexuales.

En definitiva, es una divertida película de gente que corretea desnuda por el bosque, una especie de Adán y Eva modernos, como el reality de Cuatro, pero recitando a Shakespeare en vez de a Camela.



Y para acabar, hay una cuestión que me ronda la cabeza desde que oí hablar de este director, y que lanzo aquí para enriquecer el debate y la participación de los lectores: ¿no os parece que, de haber vivido en España, a Michael Gondry le hubieran llamado el Golondrino?




viernes, 5 de diciembre de 2014

El teatro del mundo

Propone: Rubén
Comenta: Víctor
 

Voy a pedir al improbable lector de esta reseña (como diría de nuevo quien yo me sé) que tenga la paciencia de leer unas frases respecto a cuáles han sido mis prejuicios al abordar esta película. El primer libro de cine que leí (cuyo título no recuerdo) fue uno prestado que profesaba una devoción incondicional por Fellini, del cual yo desconocía por entonces prácticamente todo --y mi situación no ha mejorado mucho desde entonces. Es que tanta admiración resulta contraproducente: a uno le quedaba la sensación de que había poco menos que postrarse para ver una película del italiano, y me daba pereza. De modo que mi ocasional cinefilia ha ignorado casi totalmente a Fellini, ajena a esa "cosa felliniana" tan celebrada. Y en el caso de esta película la cosa era aún peor: ¿"La dolce vita"? ¿Marcelo Mastroianni dando tumbos de aquí para allá, de ligue en ligue, de fiesta en fiesta? Parafraseando a Estragón, para siempre detenido esperando a Godot, ¿pero qué tiene que ver conmigo la "dolce vita"? A mí háblame del subsuelo...

Normalmente (no siempre, pero casi) antes de escribir nada suelo leer varias críticas (gracias a Internet) y sólo entonces preparo mi propio refrito al que añado dos o tres cosas de mi propia cosecha. El método funciona bien, pero en este caso he decidido partir de cero, ¡nada de lavados de cerebro fellinianos "a priori"! Por otra parte, como dura mucho la he tenido que ver en tres sesiones, lo que siempre permite tomar mayor distancia --cuestión esta de la distancia a la que, incidentalmente, no es ajena la misma película. Enseguida lo veremos.


Si el cine, como la literatura, no es más que su técnica, la de esta película se separa notoriamente de "lo convencional" de varias maneras: lo que primero llama la atención es que las diversas secuencias se interrumpen abruptamente, sin explicaciones --a veces se dan por sobreentendidas--, justo cuando uno esperaría el consiguiente desarrollo que diera respuesta a las preguntas que (parece que) se han suscitado: ¿por qué de pronto tiene prisa por marcharse el padre de Marcelo de casa de Fanny? ¿Por qué se ha suicidado Steiner, después de matar a sus hijos? Al menos hay lugar para hacer un poco de psicología, y es una suerte, porque buena parte del tiempo comentar películas consiste en hacer un poco de psicología. Para reforzar esta sensación de extrañeza, la puesta en escena no siempre es realista: en el hospital, por ejemplo, estamos en un escenario reducido a los mínimos elementos: un espacio abierto, un teléfono sobre un taburete, dos puertas, una enfermera que pasea sin un propósito definido.


El arranque de la película es formidable: un helicóptero transporta una estatua de Cristo mientras el ruido del motor se mezcla con tañidos de campana, creando el conjunto cierto sentido de farsa. Ese sentido de farsa es omnipresente en lo que viene después: a partir de este momento inaugural, Mastroianni (al que incluso fotografían sus colegas de la prensa) dará dos paseos por la Roma nocturna con diferentes mujeres, asistirá a dos fiestas, comerá en dos restaurantes, visitará un chiringuito de playa, será testigo de un rodaje y como un Joseph K. redivivo tendra una conversación en la catedral.


Por ejemplo, en su periplo creerá que se enamora de una famosa --y caprichosa-- artista de cine, de nombre Silvia, que no duda en aullar con los perros cuando los oye en la noche romana, o en bañarse en la famosa fuente de Trevi. Pero al devolverla a su hotel --había discutido con su marido, de ahí el periplo-- éste, por fin sobrio, le aplica a Marcelo un pequeño correctivo por su osadía. En la secuencia que sigue sin solución de continuidad conoceremos a Steiner en la catedral; para entonces Silvia ya está olvidada. Por cierto, su paseo con ella recuerda otro al principio de la película, aquélla vez con Emma, rica heredera igualmente veleidosa, que declara «Quisiera vivir en otra ciudad, donde no me conociera nadie». «A mí Roma me gusta mucho», le responde Marcelo, «Es una especie de jungla, cálida, misteriosa... donde uno puede esconderse».

En cada ínterin entre los flirteos de Marcelo siempre reaparece Emma, su mujer, con la que siempre quiere romper y con la que siempre vuelve: «Ya no soporto tenerte a mi lado. Vete. [...] ¿Qué haces, estúpida? Vuelve aquí.» «Yo ya no soporto tu amor agresivo, viscoso, maternal. No lo quiero, no me sirve. Eso no es amor, es basura». Mientras tanto, Emma insiste: «¿No comprendes que ya has encontrado lo más importante de la vida? Nadie podrá quererte como yo». En la escena más corta de la película, que dura tres minutos y tiene lugar en un chiringuito, Marcelo está quejándose al teléfono: «Mira, Emma, no puedo pasarme la vida llamándote. Necesito trabajar en paz». Entonces cuelga, exclama «Loca desgraciada» y le echa inevitable pero prudentemente los tejos a Paula, una chica rubia, húngara, que trabaja de camarera. Ella le muestra sus dotes de cantante (desgraciadamente Marcelo ha demostrado en dos ocasiones su impaciencia con la música). De pronto, vuelve al teléfono y marca el número de Emma; ella le contesta, «¿Qué quieres ahora?»



Incluso hay una secuencia dedicada a una supuesta aparición de la Virgen a unos niños, auténtica apoteosis de la farsa. Muchos detalles "fellinianos" se podrían mencionar, pero la película dura tres horas y al fin y al cabo se trata de verla. Si lo hemos hecho o lo vamos a hacer, farsantes todos llegamos a la última fiesta previa al final de la cinta, fiesta bastante estrambótica que acaba al amanecer, con la mayoría de invitados dirigiéndose a la playa donde ha aparecido una especie de raya gigantesca. Entonces, vemos de nuevo a la ya para entonces olvidada Paula, que intenta decir algo a Marcelo con gestos desde la distancia; pero no la entiende, finalmente ella desiste; Marcelo se va con una invitada y se despiden con gestos. Entonces vemos un primer plano de Paula, que después de un momento mira a la cámara y sonríe misteriosamente. ¿El eterno femenino manifestándose como una nueva Gioconda distante? Como si estuviera en el secreto de lo que realmente importa, como si supiera de qué va realmente la vida.


En el único momento (creo) donde suena música en la banda sonora (es decir, música que no esté en el mismo ambiente sonoro que se nos muestra, sea una fiesta, un restaurante, etc.), música que es como una pulsación obsesiva, el posteriormente suicidado Steiner se explaya: «La paz me da mucho miedo. Imagino que es sólo apariencia, y que oculta el infierno. El mundo será maravilloso, dicen, y no sé en qué se basan si hasta una llamada de teléfono basta para que todo acabe. Debemos vivir fuera de las pasiones, de los sentimientos, en la armonía de la obra de arte lograda, en ese orden encantado. Deberíamos amarnos tanto como para vivir fuera del tiempo, distantes. Distantes.»

Y así, "a posteriori", ahora mismo, tengo la sensación de que "La dolce vita" es una obra de arte más lograda de lo que me parecía mientras la estaba viendo. C'est la vie.



lunes, 3 de noviembre de 2014

Aventura crepuscular

Propone: Juli
Comenta: José Antonio



Existen más de cuarenta adaptaciones al cine del personaje de Robin Hood. Hay películas mudas, de dibujos animados, subproductos italianos y grandes producciones protagonizadas por las estrellas más cotizadas en el palmarés hollywoodiense. Sin embargo, en las listas sobre las mejores películas del arquero que robaba a los ricos para dárselo a los pobres, suele aparecer entre los primeros puestos una versión apócrifa en la que se nos cuentan los últimos días del personaje, ya en su madurez. Me estoy refiriendo a Robin y Marian, película de Richard Lester de 1976, protagonizada por Sean Connery y Audrey Hepburn y que nos trajo Julián al Cineclub.


El argumento cuenta el regreso a Inglaterra de Robin Hood y su amigo Little John tras pasar años luchando en las Cruzadas a las órdenes de Ricardo Corazón de León, el monarca por el que lucharon en sus años rebeldes. El tiempo no ha pasado en balde y así se dan cuenta de que el hombre al que pusieron en el trono, se ha convertido en aquello contra lo que luchaban y las cosas siguen exactamente igual en su país. Lady Marian, la eterna novia de Robin, ha ingresado en un convento y ninguno de los dos son ya lo que fueron. Algo que ocurre también con los actores. Ni Sean Connery es ya el James Bond de su juventud, ni Audrey Hepburm es ya el glamuroso personaje que interpretaba en Desayuno con diamantes. Aunque ambos están estupendos en su madurez, lo cierto es que ya no están para muchas cabriolas, ni acrobacias. El tiempo ha pasado para todos y dormir en los bosques ya no es una cosa tan idílica, mientras que en las luchas con espada pueden aparecer los primeros achaques. La antigua prometida de Robin Hood ya está harta de la incertidumbre de no saber si su amado volverá de una pieza cada vez que se embarca en una aventura con los amigotes y por eso ha ingresado en un convento. Le quiere, pero simplemente está harta de tener que esperar a que siente la cabeza. Sin embargo, al protagonizar una nueva rebelión contra el rey todos parecen vivir una segunda juventud y se ven transportados a días que eran más felices y ambos se amaban como dos adolescentes. 


La película tiene un claro toque crepuscular, como buena parte de las películas de los 70. Y la Edad Media ya no es ese sitio en technicolor que veíamos en las películas clásicas, sino que es un lugar sucio e implacable. Ricardo Corazón de León ya no es el rey justo y sabio que nos mostraban en las anteriores versiones de Robin Hood y puede ser tan despreciable como el usurpador Juan Sin Tierra. La película contiene una escena en la que Robin se vuelve a enfrentar a su antiguo enemigo el Sheriff de Nottingham, en un combate que está marcado por el respeto mutuo entre dos antiguos enemigos que vuelven a cruzar sus armas. Porque ese mismo efecto rejuvenecedor que tiene para Robin su nueva rebelión causa el mismo efecto en el sheriff que también recuerda los días en que se medía contra un enemigo admirable. Por cierto, que no es la primera vez que ambos actores se enfrentaban. Robert Shaw, que interpreta al sheriff, ya se vio las cara con Connery en Desde Rusia con Amor como uno de los matones que manda la organización Spectra contra 007. Otra curiosidad más es que Connery volvió al universo de Robin Hood en la versión de los años 90 del personaje que interpretó Kevin Costner. En aquella cinta, el actor escocés se ponía en la piel de Ricardo Corazón de León, el antiguo señor de Robin y que aquí le acaba declarando un proscrito. Cerramos el apartado de anécdotas, contando que Victoria Abril tiene un pequeño papel de apenas quince segundos y en una de sus primeras apariciones en la gran pantalla de su carrera. No hay que olvidar que parte del rodaje se hizo en España, por lo que es lógico que los jóvenes actores patrios de entonces aspiraran a algún papel.

La carrera de la pareja protagonista fue de resultados dispares. Mientras que ésta fue la última gran película protagonizada por Audrey Hepburn, la carrera de Sean Connery pasó a estar mejor valorada y empezó a forjarse la imagen que el actor trasmitió en su madurez, protagonizando mejores películas que las que tenía cuando era un jovenzuelo. Una gran película sobre el amor en la madurez.


jueves, 2 de octubre de 2014

Malículas

Propone: David
Comenta: Julián


No sólo de ivanazos vive el hombre.

Con motivo de la proyección de la última semana, y sus consecuencias sobre la salud psicológica de sus espectadores, surgió el debate sobre las películas malas que habíamos visto en el cineclub. Y enseguida empezaron a surgir nombres. Muchas de ellas son consideradas películas de culto. Y es con razón, sólo con algo tan subjetivo como la fe puede explicarse que haya gente que adore semejantes bazofias.

Algunas tal vez sólo es que han envejecido mal y puede que en el momento de su estreno tuvieran su momento de gloria. Pero sólo tal vez.

Y dicho esto, hablar de todas estas películas podría hacer de éste un post infinito, y esa nunca ha sido mi intención, por lo que sólo voy a proponer una lista con las películas que creo que pueden englobarse en esta categoría, con la esperanza (¿vana?) de que los seguidores de este humilde blog opinen sobre ellas, sobre la subjetiva clasificación que he hecho, sobre si merecen estar ahí o no, y sobre cuáles faltan o sobran en esta relación de “malículas”.

-Nada más: primer Antigolfa.
-Pi: el comienzo de la leyenda del ivanazo. Tan mala que ni siquiera merecía el Antigolfa.
-Temporada de patos: me dan ganas de llorar cuando pienso en ella.
-El contrato del dibujante: ¡Buah!
-¿Y tú qué sabes? ¿Y a ti qué te importa?
-Permanent Vacation: No comment.
-Stalker: ¡¡¡3 horas y pico leyendo subtítulos y oyendo hablar en ruso en un tono reposado!!!
-La habitación verde: sí, pero de un verde cansino.
-Un rey en La Habana: Que abdique aunque sea en alguien de su familia, como Fidel.
-El mercader de las cuatro estaciones: ¡Ay los melones!
-El Cuervo de Roger Corman (Serie B, pero B, B, B)
-Cosas que nunca te dije: no podemos confeccionar esta lista sin un tostonazo de la Coixet.
-Familia rodante: por el precipicio del mal gusto hacia abajo.
-De latir mi corazón se ha parado: A mí casi cuando me tragué esto.
-El cuarto ángel: ¿Ese era el Angel Caído?
-Esperando la carroza: eterna se hizo la espera.
-El satiricón de Fellini: ¡Ay, picaruelo!
-Lady Chatterley: franceses modernos con versionando clásicos de la literatura erótica.
-Lokas: gente que grita en Chile.
-Enter the void: recuerdo cosas desagradables y un paseo por Google Earth.
-Daddy-O: tupés rebosantes de caspa.
-Quiéreme si te atreves: el motivo de esta lista.


P.D.: sobre la película de David, Quiéreme si te atreves, Francia 2003, sólo decir que muy guapa Marion Cotillard.