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viernes, 17 de enero de 2014

Presunta obra menor

Propone: Esther
Comenta: Pepe


Francis Ford Coppola es comúnmente reconocido como uno de los grandes de la historia del cine. Aunque sólo fuera por haber creado una trilogía como la de El Padrino, que debería ser declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, yo no puedo sino estar de acuerdo con esa afirmación. No es de extrañar, pues, que al afrontar el comentario de La Conversación, la expresión “obra menor” sobrevuele nuestras mentes, ya que fue estrenada justo entre las dos primeras partes de El Padrino, el mismo año que El Padrino, parte II ganó seis oscars.  Pero sería injusto porque estamos ante una película de acabado brillante, construcción depurada y excelentes resultados. Una película de producción más modesta, sí, pero que vista aisladamente, sin dejarnos influir por sus hermanas “mayores” se revela como una gran película.


La Conversación es una película de suspense en la que un investigador privado experto en escuchas es contratado para un caso en el que, como sucede a menudo en esta clase de tramas, nada es lo que parece, desde el principio hasta la sorpresa final. Una historia que nos remite sin duda a Hitchcock. Especialmente a La ventana indiscreta, por el carácter fragmentario, la obligación del protagonista de reconstruir un relato coherente a través de fragmentos deficientes de información: en la película de Hitchcock tenemos que reconstruir una historia a través de fragmentos de imagen, captados a través de las ventanas de un apartamento; en la de Coppola nos ocurre lo mismo, pero con fragmentos de sonido. Y al fin y al cabo, ¿no es eso lo que hacemos cuando vemos una película, reconstruir una historia a través de fragmentos? En definitiva, adoptar un punto de vista, el del director, a través del héroe, y hacerlo nuestro. Ambos cineastas están, pues, hablándonos también del cine mismo. Algo parecido a lo que hizo, desde una perspectiva más "autoral", si me permitís la palabra, Michelangelo Antonioni en Blow Up. Pero las coincidencias terminan ahí. Sorprendentemente, Coppola nos lleva a adoptar el punto de vista equivocado. Lo que creemos deducir de aquello que oímos nos lleva a conclusiones erróneas. Parece querer decirnos que no siempre se puede hacer caso de lo que se deriva de la información que tenemos, que las informaciones, por bien relatadas que estén, hay que ponerlas en cuarentena. Que nos pueden estar manipulando y engañando. Una tesis que es perfectamente coherente, por cierto, con el momento en que se rodó la película, esos primeros años setenta en los que el pueblo americano despertaba de su inocente sueño a causa de cosas como la guerra de Vietnam y el caso Watergate (en el que, por cierto, había un lugar de honor para los magnetófonos). 


En la película de Coppola, además, el propio investigador se verá influenciado por aquello que investiga, y sus sentimientos y complejidades interiores llevarán a la película hacia los territorios del drama psicológico, apoyada en la fabulosa interpretación de Gene Hackman, que sin apenas diálogos es capaz de transmitir la angustia que esconde su personaje detrás de su fachada impertérrita de perfecto profesional. pondremos un solo ejemplo: La escena final, con Hackman tocando el saxofón en medio de la ruina en que se ha convertido su apartamento, ambos a la vez destruidos y liberados, es una bella imagen de cierre y un colofón estupendo para la historia que nos acaban de contar. 



La película acabó llevándose la Palma de Oro en el festival de Cannes de aquel año prodigioso para Coppola y aún hoy podemos rastrear su influencia en productos tan exitosos como la película La vida de los otros o la serie Homeland, cuyo parecido con La Conversación, jazz incluido, es más que evidente. Así pues, de obra menor, nada de nada.


martes, 7 de enero de 2014

¿Por qué?

Propone: Pedro
Comenta: José Antonio


-Adivina, adivinanza. Una peli basada en una novela de Stephen King, protagonizada por Kathy Bates y banda sonora de Danny Elfman. ¿Cuál es?
-Misery
-Nooooo
-Pero, ¿es de miedo?
-Que noooo.
-¿Una pista?
-Dirige Taylor Hackford,
-Esto ¿quién?
-El de Oficial y Caballero.
-Ah, es que de ésa yo me acuerdo del Richard Gere, la Debra Winger, la canción de Joe Cocker. Pero el director es la primera vez que lo oigo en mi vida.
-Bueno otra pista, es una peli que es un duelo interpretativo entre sus actrices protagonistas y que llevó Pedro al Cineclubgolfa.
-Ya lo sé. Magnolias de acero.
-Que nooooooo. El título original es Dolores Claiborne.
-¿Mandé?
-Traducida aquí como «Eclipse total».
-Ah vale, ya sé cuál es. Un momento, espera, ¿cómo?.



No sé muy bien si pega mucho, pero me ha salido este pequeño diálogo para empezar a comentar «Eclipse total» que trajo Pedro a nuestro Cineclub. Vi esta peli en su día, allá por los 90. Venía muy recomendada por el dependiente del videoclub, cuando aún existían. Y yo no sé vosotros, pero cada vez que alguien de un videoclub me recomienda una peli me pongo a temblar. Tengo que admitir que la peli no me desagradó, ni me hizo plantearme el no hacerle caso en la vida. Luego, con otras, sí. Sin embargo, una pregunta me saltaba a la mente cuándo recordaba la imagen del tío agitando la carátula y recomendándomela "Ésta, ésta. Buenísima". ¿Por qué ese apasionamiento? Al leer comentarios en la red para documentarme un poco y ver por dónde van los tiros, me ha vuelto a surgir la misma pregunta. ¿Por qué tantas pasiones? Veo que a mucha gente le gusta y yo tampoco sé hasta qué punto estoy dominado por mis prejuicios por esa anécdota chorra que acabo de contar.


A Kathy Bates le reconozco el mérito de haber conseguido salir del riesgo del encasillamiento y no quedar atrapada por su papel de Misery. Ni Anthony Perkins logró librarse jamás de la sombra de Norman Bates. Pero Bates ha sabido reciclarse, a pesar de tener un físico que evita que le reserven grandes papeles protagonistas. La gente sólo quiere guapos. Y así ha ido basculando entre papeles de gordita simpática o gordita con mala leche. «Eclipse total» pertenece al segundo grupo. Muy mala leche, pero en el fondo de buen corazón. La historia que cuenta es dura, un drama en la América profunda. Pero yo veo que el principal problema que tiene esta película es que, a pesar de contar con un gran reparto, una dirección veterana, uno de los principales compositores de bandas sonoras, todo el conjunto rezuma un cierto aire a telefilm que tira de espaldas. Creo que ni siquiera llegó a estrenarse en la gran pantalla en España y fue directa a las estanterías del videoclub. No niego que las interpretaciones es uno de sus puntos fuertes, pero a mi no me termina de llenar. Tiene también el aliciente de ver adaptada una novela de Stephen King que no es de miedo, pero no tiene nada que ver con «Cadena Perpetua» y no le llega ni a la suela de los zapatos. Se puede ver, es correcta, pero ya está. Aún leo por ahí reseñas en las que se sostiene con gran emoción que la película contiene algunas de las interpretaciones más intensas de los noventa, y yo sigo preguntándome ¿por qué?


P. D.: Pego algunas curiosidades de la wikipedia sobre esta peli y la novela:

La Isla Little Tall donde ocurre la acción es el escenario de otra novela de Stephen King, La tormenta del siglo.
Dolores amenaza a su esposo diciendo que lo denunciaría e iría a parar a la prisión de Shawshank, donde transcurre otra obra de King: Rita Hayworth y la redención de Shawshank (que dio lugar a la película The Shawshank Repempthion, en España "Cadena Perpétua")
El día del eclipse, Dolores Clairbone tiene visiones de una niña que está viendo el eclipse. Se trata de Jessie Burlingame, la protagonista de El juego de Gerald. En ésta otra novela también se narra ésta anécdota, desde el punto de vista de Jessie.
En el cuento "Parto en casa", de la colección Pesadillas y alucinaciones, la acción transcurre en Little Tall, y Selena St. George es mencionada en su regreso a la isla para la Cena de Acción de Gracias.

Mr. Donovan aparece en el taller de Joe Camber para arreglar el auto en que moriría, en la novela Cujo.Joe acepta comida para perro a cambio de verificar el vehículo de Donovan.

lunes, 23 de diciembre de 2013

¡La vida, la vida!

Propone: Miguel
Comenta: Víctor



Asistimos en esta película a diversas peripecias de diversos personajes cuyas cuitas se van sucediendo alternativamente, sin solución de continuidad. Hay un nexo común entre ellos: todos están emparentados y por ello las tribulaciones de cada cual les son precisamente familiares al resto. Esta "estructura" tiene sin duda precedentes y consecuentes, pero haría falta una cinefilia más sólida que la mía propia para rastrearlos. Puedo citar Magnolia, del año inmediatamente posterior o la más reciente Crash, donde el nexo consiste en que todos los personajes coincidirán en el espacio y en el tiempo en el momento fatal de un accidente de tráfico. 


Un problema concomitante a tal esquema es que de esta manera no es fácil desarrollar o mostrar determinados conflictos: la mirada, el foco, ha de ser más bien "objetivo", como de bitácora: a fulanito le acontece esto y aquello --y que pase el siguiente. Esta limitación se hace muy patente al presentar el personaje del psiquiatra padre de familia, que de sopetón, sin preparación alguna, se nos aparece casi inverosímilmente como un pederasta reprimido. Se puede objetar que precisamente se trata de eso, de mostrar cómo tras una fachada de normalidad discurren la frustración y las perversiones insatisfechas; pero lamentablemente en algún momento todo ello adquiere un desagradable tono de pastiche, que queda especialmente de manifiesto en la escena, pretendidamente dramática al extremo, de la conversación entre el padre condenado, o a punto de serlo, por su pederastia, y su hijo: cuando éste último le pregunta, entre lágrimas poco creíbles, si hipotéticamente podría ser, él también, objeto del amor de su padre.


Éste diálogo me parece por lo menos inverosímil; y así la película, en lugar de exposición sin concesiones, deviene un poco caricaturesca a ratos --tampoco muchos. ¿Pero exposición de qué, qué problemas tienen nuestros personajes, qué les aflige? Decía Djurna Barnes --según sus propias palabras la escritora desconocida más famosa del mundo-- que «el hombre vive entre la espantosa presión de la entrepierna y la tumba». Los personajes de "Happiness", más que una evanescente felicidad, persiguen la satisfacción en tanto que seres sexuados. Hay que apañárselas para alcanzar el objeto del deseo, que nunca es totalmente real: se producen sorpresas desagradables. Hay que buscar a alguien para joderlo. Sólo en la canción que canta Joy Jordan (Adams) se hace una prosopopeya explícita de la felicidad: "Felicidad, ¿dónde estás? Te he buscado tanto tiempo [...]" Pero la prosopopeya no deja de ser un recurso retórico, y recordemos que su canción empieza, "Parece que nunca he tenido las cosas que quería en mi vida / de modo que no es sorprendente que vivir sólo me deje tristeza". Así se inscribe, como diría quien yo me sé, la lógica de la falta. Siempre ha de faltar algo, es un hecho que no se lleva muy bien con nuestro narcisismo original. 


La película gana muchos puntos con actuaciones como la universalmente aclamada de Philip Seymour Hoffman, y también --para mí-- la de Jane Adams (hay que ser justos con sus respectivos y logrados papeles). A pesar de los problemas de guión del suyo, el niño (Justin Elvin) también da la talla. A él se le reserva el final de la película y uno de sus mejores momentos, cuando finalmente, desde la terraza del piso donde está reunida la familia, se queda mirando a una vecina que se dispone a tomar el sol en "topless" junto a la piscina comunitaria, y digamos que actúa en consecuencia. Es entonces cuando logra "correrse" por primera vez, imposibilidad hasta ese momento que era motivo de preocupación para él. Tanto le alegra el acontecimiento que irrumpe en la reunión familiar junto a la mesa para declararlo, en otro momento poco plausible pero eficaz; y que me sirve para, de forma muy poco ideológica, introducir otra cita tan contundente al menos como la anterior, esta vez una exclamación del inolvidable autor de Bouvard et Pécuchet, y que creo que vale por toda la película: «¡La vida, la vida! ¡Erecciones!» 

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Un director comprometido

Propone: Virginia
Comenta: José Antonio





Hubo un tiempo en que, como algunos les gusta decir ahora, los franceses vivieron por encima de sus posibilidades. A muchos tertulianos se les llenaba la boca diciendo que el país tenía un gasto soclal desorbitado y empezaron a aplaudir los dichosos recortes, que ahora sufrimos aquí en nuestras propias carnes. Estamos hablando de finales de los 90 y principios del siglo XXI en el vecino país galo. De cómo afectaban estos recortes a las clases más desfavorecidas es de lo que nos hablaba la película que nos trajo Virginia al cineclub, "Hoy empieza todo" de Betrand Tavernier. Tavernier es un director comprometido con las causas sociales, cuyas denuncias en la gran pantala han llegado a provocar reformas legislativas en ese país.  Un mérito que en España supondría que los de la caspa te acusaran de ser de «los de la ceja».





La película nos cuenta la historia del director de un colegio público en un barrio marginal de un pueblo francés que un día se encuentra con que la madre de una alumna llega borracha al centro, donde sufre un colapso y deja allí a su bebé y su hija de cinco años. El sentido común dice que lo lógico en estas situaciones es tratar de ayudar, no ya porque es tu trabajo, sino por humanidad. Asistimos a cómo el sufrido director se va dando contra un muro, encontrándose con un muro formado por funcionarios que no quieren más problemas. Los recursos de la Administración son los que son y si no hay, pues no es su problema. Mientras tanto, Tavernier nos muestra al político de turno sentado en su despacho, aplicando recortes, ignorando que para lo que él son porcentajes, es algo que tiene repercusiones directas en personas concretas.  Y todo sin renunciar al coche oficial. Y representante de un partido de izquierdas para más inri. El director acaba convertido más en un asistente social que en personal docente. Es uno de estos pequeños héroes cotidianos que intentan poner su granito de arena para intentar que el mundo sea un lugar mejor. El director nos muestra una mirada hacia todos aquellos que tienen que lidiar día a día contra la miseria y se convierten en una molestia cuando ponen el dedo sobre las carencias del sistema. Otros desde su atalaya proclaman solemnemente que el Estado de Bienestar está acabado. Seguramente, aquellos que lo hacen, ni siquiera han visto esta película y es posible que no sólo no se hayan planteado verla, sino que ni siquiera sepan que exista. Pero la película es toda una referencia entre educadores sociales.



Podéis ver la película completa en Youtube

lunes, 2 de diciembre de 2013

Independencia anodina

Propone: Manuel
Comenta: José Antonio


En tiempos pretéritos del Golfa, Manuel tuvo a bien traernos una pequeña peli independiente norteamericana con estrellas de renombre en su cartel. Hablamos de "Two Lovers" dirigida por James Gray y con Joaquín Phoenix y Gwyneth Paltrow como protagonistas. Gray, que hasta ahora frecuentaba más el género de cine negro, nos ofrece una peli romántica y de superación personal. Dicen que está inspirado en la novela Noches Blancas de Dostoiesvsky pero, leyendo el argumento del libro, me parece a mi que es una versión bastante libre.


martes, 29 de octubre de 2013

Tenemos que hablar de Ripley

Propone: Víctor
Comenta: José Antonio


Hoy nos toca hablar de otro psicópata, ¿o éste no lo es tanto? ¿Lo quisieron suficientemente sus padres?, ¿tiene sentimientos o lo suyo sólo es falta de restricciones absoluta para conseguir lo que quiere? Estamos hablando de Tom Ripley, un personaje nacido de la pluma de Patricia Highsmith y que ya lleva acumuladas varias adaptaciones a la gran pantalla. Como cada una de ellas no ha tenido en cuenta las anteriores, nadie se daría cuenta de que nos encontramos ante una saga. Ni los actores que lo han interpretado han sido los mismos, ni tampoco los directores. Así cada uno nos ha ofrecido una versión totalmente distinta del personaje.


viernes, 27 de septiembre de 2013

Poco antes del fin

Propone: Altea
Comenta: Víctor



Con "Melancholia" Von Trier temía haber realizado una película "demasiado bonita", y personalmente creo que sus temores están justificados. Hay ciertas creaciones que parecen desarrollarse a partir de un presupuesto argumental, una premisa narrativa, que ya de entrada reclama nuestra aprobación "per se". Pienso ahora en "La carretera" (el libro), de McCormick: un padre y su hijo, después de la catástrofe bélica, nuclear, deambulan entre el miedo y la desesperanza por una carretera, con lo frío, lo gris y lo ceniciento apareciendo literalmente página sí, página no. No siempre esta premisa acaba por justificarlo todo.


viernes, 16 de agosto de 2013

Ejecuta con una sonrisa

Propone: Amalia
Comenta: José Antonio


Falsos culpables que acaban en la silla eléctrica. Individuos que cometieron un error y son pasto de la silla eléctrica. Incluso personajes que han cometido los crímenes más execrables y son malas personas pero de los que acabamos compadeciéndonos un poco cuando descubrimos que tienen su corazoncito y son entregados al verdugo. El cine ha tratado de muchas maneras el espinoso tema de la pena de muerte, pero seguramente nunca de una manera tan original como lo abordó Berlanga en “El verdugo”. Una propuesta de Amalia para nuestro cinegolfa y una de las obras maestras del cine español de todos los tiempos.


lunes, 13 de mayo de 2013

Pecados sin castigo

Propone: Manuel
Comenta: José Antonio

Hace tiempo que tenía pensado escribir un cometario doble de las películas que teníamos pendientes de Woody Allen en el blog: “Conocerás al hombre de tus sueños” y “Delitos y faltas”. Sin embargo, a la hora de empezar a pensar qué decir, me di cuenta de que eran películas totalmente distintas y que comentarlas conjuntamente era un poco forzado. Digo esto para echar abajo el tópico de que Allen siempre hace la misma peli. El caso es que se me adelantaron y comentaron una de las dos. Como “Conocerás al hombre de tus sueños” ya está “comentada”, hablaré de “Delitos y faltas” que nos trajo Manu. 

En realidad, “Delitos y faltas” se parece más a “Match Point”, algo en lo que muchos caímos el día de la proyección, aunque tienen sus diferencias. Estas dos películas tienen en común que sus protagonistas cometen un asesinato para tratar de esconder un romance clandestino. Mientras que “Match Point” se enmarca en la etapa llamémosla londinense de Allen, “Delitos y faltas” pertenece a los años en los que el director neoyorkino quería ser Ingmar Bergman. En los 80 la obra de Woody Allen era un poco más seria, bailando entre la comedia y el drama. A mediados de los 90, casi diría yo tras divorciarse de Mia Farrow, Allen volvió a la comedia en estado puro y empezó otra etapa dorada de su filmografía. Pero eso es otra historia. Mientras “Match Point” está más cercana al cine negro y a Alfred Hitchcock, “Delitos y faltas” es toda una reflexión filosófica sobre la culpa y la existencia de Dios. En ella se nos cuenta la historia de dos personajes interpretados por Martin Landau y por Woody Allen. En el caso del primero se nos habla de los delitos y de las faltas en el del segundo.

Woody Allen encarna a un director de documentales del montón que deberá hacer uno sobre la figura de su cuñado, un famoso productor de culebrones a quien odia porque en el fondo le envidia. Para colmo los dos se enamoran de la misma mujer, a pesar de que Allen ya está casado. Intentando no destripar demasiado el argumento, diré que al final Allen será despedido y relegado profesionalmente tras hacer un reportaje que ridiculiza a su cuñado. Su esposa le deja y, encima, la mujer de la que se había enamorado acaba con su cuñado, el mismo al que detestaba y que le ha relegado al ostracismo. 

El personaje que interpreta Martin Landau es un reputado oftalmólogo, buen padre de familia y que goza de una buena posición social. Un día se enfrenta a la decisión de encargar el asesinato de su amante que amenaza con contar todo a su esposa. Vencidas las dudas morales, ejecuta el plan. Tras los remordimientos iniciales, acaba dándose cuenta de que nadie le descubrirá nunca y que ningún Dios justiciera bajará del cielo para castigarle por su crimen.

Los dos personajes terminan de forma muy distinta, a pesar de que lo que ha hecho uno es muchísimo más grave que lo del otro. No hay dioses que nos premien por hacer el bien y nos castiguen por hacer el mal, ni un castigo proporcional a nuestros pecados. Ante la falta de dios, sólo una actitud moral y ética ante la vida es lo único que podemos hacer para evitar el caos. Como dicen en uno de los diálogos (la frase no es textual), somos la suma de nuestras decisiones y en función de las que adoptemos nuestra vida irá por un camino u otro. No todas tienen que ser buenas o malas, necesariamente. Unas compensan a las otras y lo que contará será la suma de todas las decisiones al final de nuestra vida. Ésta es la conclusión a las que nos lleva el director sin ningún tipo de lecciones morales y encima arrancándonos alguna carcajada de vez en cuando. Toda una reflexión metafísica sobre el bien y el mal y si nuestras acciones tienen castigos o recompensas. Pero mejor verlo en el vídeo que adjunto, que incluye una de las escenas finales de la película en un diálogo que lo explica todo. Eso es todo amigos.

miércoles, 3 de abril de 2013

Polémica golfa. Hoy: Vértigo, de entre los muertos



Después de un paréntesis bloguero, retomamos la publicación con un doble comentario a cargo de Víctor y Juli, para que os quitéis el mono de golpe, de la inmortal cinta de Hitchcock, que propuso en su día José Antonio ¡Que disfrutéis! 


VÉRTIGO
Comenta: Víctor


Cuando pensé en comentar "Vértigo" se me ocurrió que contaba con una ventaja: se ha escrito tanto sobre la película que uno no necesita presentarla, se puede entrar directamente al trapo de lo que uno quiera comentar. Poner esto de manifiesto parece una buena manera de empezar el comentario, pero ni siquiera es original tampoco: para mi desilusión, resulta que hay al menos una reseña que empieza exactamente así, como esta mía (y como dicha reseña es anterior, esto me convierte en un plagiario --aunque con escasa repercusión y sin ánimo de lucro).

La película no siempre ha obtenido el reconocimiento universal que ahora se le prodiga. Fue un fracaso en su estreno, del que Hitchcock culpó a James Steward por tratarse de un actor demasiado mayor para el papel: Scottie en la novela "D'entre les morts" es un treintañero. Por añadidura, la película no entró en la famosa lista de las "diez mejores" de "Sight & Sound" hasta veincuatro años después de su estreno, y sólo en el 2012 se ha aupado hasta su primer lugar. Parece que en esto del arte las modas, y no los criterios estéticos que nunca pueden ser "objetivos", son las que marcan la pauta.

 
Una anécdota que no sé si será cierta tiene como protagonista a García Márquez: puede decirse que "Vértigo" son en realidad dos películas, la primera se extendería hasta la confesión que hace la voz en off de Madeleine, y otra a partir de entonces en la que el foco se ha desplazado. Cuentan que después de ese momento de revelación, García Márquez se levantó y se fue. Allí acababa todo, la nueva película ya no tenía interés para él. Pero a lo mejor se precipitó: como observa Zizek, he aquí el verdadero genio de Hitchcock, él toma historias como éstas y cuando la historia, siguiendo las reglas narrativas comunes, debería terminar, las cosas continúan.

Hay una extraña lentitud en su rodaje, en su montaje, en su desarrollo en conjunto: es patente en las escenas de la persecución o seguimiento por las calles de San Francisco --que son con las que yo "me quedaría" de la película. Esta lentitud es bastante notoria: Truffaut la contrapone al ritmo de otras películas de Hitchcock, y cuando se le hacía notar esto al propio maestro, no sólo lo admitía como algo deliberado sino que destacaba también su necesidad: porque "contamos la historia desde el punto de vista de un hombre que es un emotivo". En este contexto, parece que alguna de las escenas no se pueda rodar mejor (en la galería de arte, por ejemplo); otras son sobradamente conocidas (en la tienda de flores, por poner otro ejemplo: la mirada como objeto).

Los símbolos, los guiños, proliferan por todas partes (en un primer visionado a mí por lo menos se me escaparon la inmensa mayoría) y forman parte de la riqueza de la película. Por ejemplo, las divertidas alusiones a la sexualidad de Scottie --sufre de impotencia en la novela-- que no sabe qué hacer con el bastón en compañia de Midge y experimenta un ataque de vértigo por sólo subir a un escabel con dibujos de mujeres. El juego y el misterio son los mimbres de esta película.

Y cómo no, también han proliferado las interpretaciones psicoanalíticas, que no me parecen nada esotéricas en este caso. Al fin y al cabo, ¿qué mujer busca Scottie? ¿Judy o Madeleine? ¿Es real o sólo una fantasmagoría "más real (para Scottie) que la propia realidad"? El objeto del deseo nunca puede poseerse (anecdóticamente, este objeto iba a ser Sara Miles, pero ella quedó embarazada y Kim Novak --hoy cuesta imaginar otra Madeleine-- ocupó su lugar). Vemos como, con enorme sutileza cinematográfica, mientras Scottie abraza apasionadamente a Judy transformada en Madeleine, por un breve momento él se aparta como agobiado por alguna duda: el objeto que deseo (Judy-Madeleine), es diferente del objeto que causa mi deseo, de aquello que me hace desearla y de lo que no soy consciente. Scottie quiere estar seguro de que lo que le hace desearla está todavía allí, y es por supuesto el vacío del vértigo. En cierta concepción psicoanalítica de la melancolía hay algo de esto. La paradoja de la melancolía es que todavía tienes a tu pareja pero te comportas como si la hubieras perdido. Podemos conceptualizarla mediante la distinción de Lacan, tienes el objeto pero pierdes el fantasma, pierdes lo que te hace desear ese objeto. Son insondables los caminos de la neurosis.

El final de la película fue también causa de dudas para Hitchcock: en un primer momento, pensó en mostrar a Scottie, después de la muerte (definitiva) de Madeleine, en estado casi catatónico y al cuidado de Midge; más tarde decidió concluir en el campanario. Sus razones tuvo, sin duda.

Como colofón, diré que mi propia emotividad ha tardado mucho tiempo en dejarse seducir por esta película. ¿Las resistencias son expresión de deseo? Da un poco de vértigo --y perdón por la conclusión facilona-- pensar en estas cosas.






¡CUIDAO, QUE SI TE CAES, TE ESLOMAS!
 Comenta: Juli


La leyenda de Hitchcock se fundamenta con obras como esta y con protagonistas como este, aunque estemos más acostumbrados a oír hablar de las “mujeres de Hitchcock”. No en vano, James Stewart colaboró con don Alfred en 4 películas: La soga, El hombre que sabía demasiado, La ventana indiscreta y la que nos ocupa, Vértigo.


El vértigo es un trastorno del sentido del equilibrio caracterizado por una sensación de movimiento rotatorio del cuerpo o de los objetos que lo rodean. Familiarmente este término se utiliza para describir el miedo a las alturas. Es lo que le pasa a nuestro protagonista: a consecuencia de un trauma psicológico desarrolla este vértigo, lo que le lleva a una baja laboral en su trabajo de policía y a una existencia anodina, cuyos mayores divertimentos consisten en sus visitas a una pintora amiga suya (sí, de esas de “solo te quiero como amiga”, aunque ella esté enamorada de él) interpretada por Barbara Bel Geddes.



Pero el destino le aguarda una sorpresa a nuestro Jimmy, en forma de la visita de un antiguo amigo que le pide que investigue a su mujer, una espectacular y bellísima Kim Novak. La película combina a la perfección momentos trepidantes con otros que invitan a la reflexión y el sosiego, escenas memorables y vistas espectaculares del San Francisco de los años 50.




El retrato psicológico de los personajes y la atmósfera que consigue el Mago del Suspense se ve reforzada con la banda sonora de Bernard Herrmann y la fotografía con abundancia de tonos verdosos y rojizos de Robert Burks. Rompe la dicotomía entre el amor y la muerte, al mezclarlos en la mitificación que recrea el protagonista del personaje que interpreta Kim Novak.
 

En resumen, y recurriendo a un símil gastronómico, estaríamos hablando de un jamón de bellota 5Js, y no digo caviar porque es mucho más esnob y los que no estamos acostumbrados a este manjar podemos confundirlo fácilmente con huevas de lumpo.