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martes, 18 de marzo de 2008

Pa habernos matao! バトル・ロワイアル

PROPONE: Carlos
COMENTA: Julián


Y llegó Carlos con nuevos bríos a este humilde cineclub, y se estrenó con un estilo fílmico novedoso: el manga, pero en su versión con actores reales.
Se trata de la película バトル・ロワイアル, inspirada en un libro homónimo que escribió un señor japonés que se llama Koushun Takami. Consultando cosas sobre el libro en la wikipedia, parece ser que en su día fue un best-seller (se publicó en 1999), pero no consta que fuese traducido al español, porque el nombre lo dejaré en japonés, que es muy bonito.

Tened cuidado chicos, porque si sois malos en un futuro cercano, os llevarán a una isla desierta. Pero no será como la típica isla a la que uno se llevaría a Claudia Chifer, no, lo más parecido sería encontrarte allí una manada de adolescentes vestidas de colegialas... Ummmm

Pero con eso, no penseis que todo va a ser una orgía de sexo, no. Deberás recordar a Sean Connery y decir: "SÓLO PUEDE QUEDAR UNO", así que tendrás que cargarte a todo lo que se mueva, y cuidadín porque los demás también querrán darte p'al pelo.

Sobrevive y serás libre!

La película está llena de tópicos del manga como la ilusión del amor eterno que se convierte en el ideal de la vida, y la violencia extrema, sacando el lado más oscuro de las personas.

viernes, 7 de marzo de 2008

Un rey en la Habana



Propone: Alberto
Comenta: Pepe

Estamos de estreno, ya que en esta recta final del ciclo siete de nuestro cineclub se van a incorporar dos nuevos miembros al mismo.

El primero es Alberto, que en su primera elección nos trajo Un rey en la Habana, dirigida e interpretada por Alexis Valdés, actor cómico más o menos conocido por sus incursiones televisivas. Si no me equivoco viene de la cantera del No te rías que es peor, que tantos mediosdías nos acompañó en los primeros años noventa.


En este caso nos cuenta la historia de un actor cubano enamorado hasta las trancas que, por culpa de los engaños de la madre de su enamorada, acabará haciendo de todo para recuperarla, entre otras cosas cruzar el charco, hacerse pasar por un mafioso español de medio pelo y meterse en el mundillo del hampa puticlubera de esta nuestra piel de toro.


Así contado suena un poco a batiburrillo, y efectivamente eso es, un batiburrillo de elementos dispares apenas hilvanados. La película tiene un arranque prometedor, empezando con un rollo de humor negro que podría haber sido muy fructífero, pero enseguida deriva hacia el humor de trazo grueso, ramplón y chabacano, que recurre constantemente al tópico (un enano negro vestido de marinerito, por poner el más flagrante ejemplo).


Añadiremos, como curiosidad, que los escenarios habaneros de esta película se localizaron en Canarias, ya que el régimen castrista no dio permiso para rodar la película en Cuba. Sólo pudieron grabarse algunos pocos planos, de forma casi clandestina, con la excusa de estar preparando un documental.


viernes, 22 de febrero de 2008

La crítica de la razón dura (El manantial)


Propone: David.
Comenta: Iván.

Monas y monos opónganse cómodos. Comienza la función, arriba: el telón (¿social?) Tras el espacio la pared. Es decir, la séptima nota. Sí: afirmo. Parece más fácil y no es menos arte. Sobre la película, su propio color: gris. La venganza es difícil aliada, el corporativismo peor consejero. Del final, cuestión de pasión, uno que dice, el otro que cuenta. En fin, truco o trato. Envidiamos al murciélago, ya sabéis (sólo se escucha a sí mismo). Para defender al personaje, este texto. Franky me habla desde el cielo: my wayyy, my wayyyy. Respeto al fantasma y a su actor.
El primer arquitecto: un mono apropiacionista.
(Caminaba casi erguido, al contrario que su índice, y señalo peludo una grieta entre las rocas. Un agujero transformado en hogar, al ritmo de una idea convertida en señal, la de su dedo, sin planos ni ecuación. Esa cueva se convirtió en protección del clan y ese mono delator obtuvo la gloria y la logia)
El primer artista: un mono apropiacionista.
(Caminaba casi erguido, apoyó peluda su mano en la pared. Una huella convertida en símbolo, sin lienzo ni pincel, al ritmo de una idea convertida en señal, la de su mano. Esa imagen se convirtió en protección del clan y ese mono delator obtuvo el cielo y la gloria)
Lo demás está todo escrito, queremos ser homo sin dejar de ser mono y aspirar a ser sapiens sin esperar a ser homo. Ego (yo) te absuelvo.
Del resto de la peli: una loca poseída, un martillo percutor y un lago negro/lago blancorrrrr.

martes, 19 de febrero de 2008

CIEN (Enrique V)

Propone: José Antonio
Comenta: Pepe

Pues sí, hemos llegado a la proyección oficial número cien de nuestro cineclub, y lo hemos hecho con la película británica de 1989 Enrique V, que propuso José Antonio la semana pasada, continuando con su ciclo dedicado a Shakespeare. La película está dirigida por Kenneth Brannagh y protagonizada por él mismo, secundado por un sólido reparto. Por citar sólo a los más conocidos: Emma Thompson, Christian Bale, Derek Jacobi, Judi Dench, Ian Holm...


La película es una fiel adaptación de la obra teatral, sobria y contenida en ocasiones, y en ocasiones desatada y grandilocuente, que basa su eficacia en el buen hacer de sus intérpretes, en el respeto al texto original y en la maravillosa música de Patrick Doyle. Brannagh sabe combinar momentos de gran intensidad épica, como la famosa arenga del día de San Crispín, con otros de la más intimista introspección (ese monólogo espléndido del rey en la víspera de la batalla, abrumado por la culpa y la responsabilidad), con imaginativas soluciones de puesta en escena (el coro de la historia, maravilloso Derek Jacobi, vestido de forma contemporánea y moviéndose entre la tramoya y los campos de batalla) y secuencias rodadas con tal maestría que parece imposible pensar que estemos ante un debutante.

Para muestra un botón. Os dejo con el paseo del rey Enrique V después de la batalla. Acaba de ganar de calle, y sin embargo el desfile es cualquier cosa menos triunfal, es simplemente otra vez el hombre ante el dolor, la destrucción y la desgracia que él mismo ha causado.





Un único plano secuencia de casi cinco minutos de duración, de planificación casi imposible y virtuosa ejecución, en el que la música va cogiendo protagonismo a través de una preciosa melodía en forma de canon que va ganando complejidad a medida que avanza. Multitud de elementos puestos en juego. La cámara que gira, se detiene, vuelve a avanzar, mientras decenas de extras entran y salen del plano por todas partes. Es justo lo contrario que veíamos cuando hablábamos de la secuencia de la avioneta en Con la muerte en los talones, y sin embargo esto también es cine en estado puro, cine del grande.

martes, 12 de febrero de 2008

Érase un hombre a una nariz pegado

Propone: Pepe
Comenta: Juli

érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba,
érase un peje espada muy barbado...


Y, mi querido lector, no sigo con Quevedo
para que de antisemitas no se nos acuse
y de usted espero que de buen grado me excuse
el dejar el soneto para lanzarme al ruedo.

Me pediste generosidad con tu película,
y así ha de ser, voto a bríos, pues es deliciosa,
y deja en el alma una sensación calurosa
aunque esté lejana todavía la canícula.

Me está costando seguir
con esos versos tan largos,
con esas rimas extrañas
y ese metro calculado,
así que cambio al romance
que es menos atravesado
y prosigo con la historia
con la que hemos empezado.


Esta película trata
con diálogo versado
de un valiente espadachín
con talento en el rimado,
y de sus bravuconadas,
y de su amor encerrado
que por no correspondido
nunca fuera consumado,
o por el malentendido
que nunca fuese aclarado
de quien fue aquella persona
que aquella noche hubo hablado
bajo la luna traidora
que su rostro hubo ocultado
y entre sombras y murmullos
quedó el destino sellado.
Belleza ganó la guerra,
y Cirano, acomplejado,
cedió en su amor porque amara
por él otro enamorado.

La ficha de la película
nos dice que es del noventa,
oscar al mejor vestuario,
y es película francesa.
Es obra de Edmund Rostand,
y para el teatro fue hecha.
Rapeneau la adapta al cine
Depardieu llena la escena,
y un gran éxito supuso
la temporada en que estrena.

lunes, 11 de febrero de 2008

Idiotas del Mundo, uníos

En su última propuesta en el cineclub, Belén nos trajo la desternillante comedia francesa La cena de los idiotas, dirigida por Francis Veber en el año 1998. Como buena comedia, promete risas y eso es justamente lo que proporciona.

Resulta que Pierre Brochant (Thierry Lhermitte), un pijales parisino estirado y snob, se reúne cada miércoles con sus amigos y cada uno lleva un idiota. La cosa consiste en reirse de los idiotas sin que se den cuenta, y de paso recordarse a si mismos lo estupendos que son. Esta vez el señor Brochant ha encontrado a todo un campeón de la idiotez, un tal François Pignon (fabuloso Jacques Villeret). Pero el idiota resulta ser de tal calibre que en un par de horas pone su vida patas arriba y se toma involutariamente la revancha de todos los idiotas que han sido escarnecidos (se diría que de todos los de la historia del mundo).

La película está basada en una obra teatral y eso se nota en que sólo hay un escenario y un puñado de personajes que entran y salen de la película como si entraran y salieran de escena. Es decir, es una clásica obra de esas de puertas que se abren y se cierran, comedia de equívocos con aires de vodevil. Sin embargo, esa teatralidad no se convierte en un demérito, y la película encadena los gags con gran fluidez, de forma cada vez más frecuente hasta que al final es como una risa continua. Total, que pasas un rato estupendo.


La cena de los idiotas cosechó un gran éxito en Francia y en otros países. En España, a pesar de que se estrenó casi de forma anónima, con muy pocas copias y sin publicidad de ninguna clase, el boca a boca funcionó tan bien que se mantuvo casi un año en las carteleras de Madrid y Barcelona.

martes, 5 de febrero de 2008

Con el Golfa en los talones

Y llegó Julián. Y reventó el ciclo. Muy alto vamos a tener que apuntar para superar su elección de esta semana pasada. Ni más ni menos que el incuestionable clásico del maestro Hitchcock Con la muerte en los talones. Estamos ante una de las mejores obras del director inglés, llena de ingenio, suspense y humor a partes iguales, con una carga irónica que la hace divertidísima.

Las concesiones que hace a la verosimilitud a favor del espectáculo se las perdonaremos por ser Hitchcock y porque la película se ve de principio a fin con el mismo interés y logra que te olvides de preguntarte cosas como por ejemplo por qué son tan rebuscados los malos de turno como para llevarse a Cary Grant a un campo perdido para ametrallarlo desde una avioneta cuando podrían perfectamente haberle pegado un tiro en su habitación del hotel. Pero si hubiera sido así, nos habrían privado de una de las escenas que siempre aparecerán en todas las antologías como una de las mejores de la historia del cine, y con razón. Aquí os la dejo para que disfrutéis un poquito.



La secuencia no tiene música, el escenario es árido y uniforme, sólo hay dos elementos en juego. Todo es de una simplicidad pasmosa. Su tremendo poder reside exclusivamente en la planificación y el montaje. Es cine en estado puro.


viernes, 25 de enero de 2008

Hoy toca apocalipsis

Como podéis imaginar por el título de esta noticia, hoy no vamos a comentar precisamente una comedia romántica. Aún diré más, con esta peli cierra Laura con el apocalipsis una trilogía que empezaba con la muerte y seguía con la decadencia. La trilogía del buen rollo, podríamos llamarlo.


Bueno, al grano. El tiempo del lobo es la película que nos ocupa. El director es el austríaco afincado en Francia Michael Haneke, del que ya vimos en el club la fantástica Funny Games. En este caso nos presenta de nuevo a una familia de clase media de una sociedad occidental cualquiera a la que de repente se le desmorona todo su universo. No quiero contar más porque la película, aunque no juega la baza del suspense, sí mantiene cierto desasosiego en el hecho de no dejarnos nunca saber del todo qué ha ocurrido.

La película toma su título de la mitología germánica, en la que “el tiempo del lobo” es el momento anterior al fin del mundo, en el que reina el caos y se derrumban las más altas torres. Un tiempo en el que los valores se dan la vuelta y la lucha por la supervivencia es lo único que realmente importa.

Haneke no da ninguna concesión al espectador, como podría ser plegarse a las convenciones de un género determinado. La película empieza y acaba de forma abrupta, es seca y descarnada. No toma partido por nadie ni por nada, se limita a mostrarnos a estos personajes perdidos a los que les han arrebatado de golpe todo lo que daban por sentado y que no se paran a reflexionar porque bastante tienen con adaptarse a la nueva situación.

Por cierto, aunque siempre hace lo posible para que no se le note, ya que (supuestamente) su cine huye del manierismo formal y de cualquier rastro de esteticismo, en estas imágenes podéis vislumbrar lo bien que se maneja Haneke con el formato panorámico.


martes, 15 de enero de 2008

La habitación verde


Como mi otro yo (el que es todo lo que yo querría ser, etc..) se me ha adelantado y ha comentado El club de la lucha, me toca a mi comentar la película que programó Iván.

Se trata de La Habitación Verde. Como bien sabéis, no me gusta despotricar sobre las películas que no triunfan en el club, pero he de decir que nunca un gran nombre de la historia del cine me ha decepcionado tanto como este François Truffaut. Se supone que es una reflexión sobre la manera de enfrentarnos al dolor de la muerte de nuestros seres queridos, una crítica a la obsesión de nuestra sociedad por ocultar el duelo, por obviar el dolor, pero también a los que se regodean en el dolor hasta el punto de no permitirse seguir con sus vidas. Todo este batiburrillo se convierte en una película confusa, enfermiza y carente de la sensibilidad que se le presupone a una historia sobre un hombre traumatizado por haber perdido a su mujer y a todos sus amigos en la primera guerra mundial. Podría haber dado mucho más de sí (como promete el potente inicio, la discusión con el sacerdote, etc), pero al final se queda en nada o casi nada.

Por favor, que alguien me diga qué películas de Truffaut tengo que ver para descubrir al gran maestro que dicen que es. Yo, por ahora, no lo he encontrado.

Sigo buscando con ahínco y entusiasmo.

lunes, 14 de enero de 2008

El club de la lucha

Que no el club de la ducha, y no lo digo por el jabón. De momento, ningún miembro de nuestro querido GOLFA necesita ninguno de los dos.

La película que nos ocupa está basada en una novela de Chuck Palahniuk, dirigida por David Fincher e interpretada por Edward Norton, Brad Pitt y Helena Bonham Carter. Todo empieza con un señor cuyo insomnio degenera en una esquizofrenia paranoide, y ahí es donde conoce a la persona que le gustaría ser: inmoral, transgresor y Brad Pitt. Evidentemente, a mi a veces también me gustaría ser como Brad Pitt, sobre todo por Angelina Jolie.

Entre el protagonista y Brad Pitt fundan una secta destructiva en la que se dedican a darse de ostias entre ellos y sus acólitos llamada "El club de la lucha". Como toda secta, tienen sus mandamientos:

1-No hablar del club de lucha.
2-Que ningún socio hable del club de lucha.
3-Si alguien dice basta, flaquea o desfallece, el combate se acaba.
4-Sólo luchan dos hombres.
5-Sólo habrá una pelea cada vez.
6-Ni camisas, ni zapatos.
7-Las peleas durarán el tiempo que sea necesario.
8-Si ésta es vuestra primera noche en el club de lucha, tenéis que pelear.

Respecto a las críticas recibidas por la película, me sorprende el contraste entre la mojigatería y memez de casi todas las pretendidas "críticas serias" con la vehemencia de las críticas que consideran esta una película de culto.

Un muestra de crítica seria sería esta:
"Su contundencia y radicalidad levantó ampollas" (Jordi Batlle Caminal: La Vanguardia)
"Pretenciosa gilipollez (...) Todo resulta un disparate con pretensiones de gran espectáculo" (Carlos Boyero: Diario El Mundo)
"De todos es sabida la predilección de Fincher por la violencia. Pero en esta ocasión se ha pasado. El filme es un puro despropósito, un canto fascista al salvajismo" (Fernando Morales: Diario El País).

De las otras no hace falta que señale alguna porque son muy obvias.

Por lo que a mi respecta, la película me parece bastante lograda, con grandes frases (he encontrado hasta una web dedicada a expresiones de la película) y que te va sorprendiendo casi fotograma a fotograma.

¡¡¡¡¡SE LLAMA ROBERT PAULSON!!!!!

martes, 8 de enero de 2008

Doce hombres sin piedad


Y David nos trajo su segunda película, y no tuvo piedad de nosotros.
Pero la verdad es que se lo agradecemos, porque nos trajo una obra maestra del cine, dirigida por Sidney Lumet, protagonizada por Henry Fonda en 1957, y basada en una obra de teatro escrita por Reginald Rose. La atmósfera que consigue crear el cineasta nos transporta a un estrecho escenario donde el calor asfixiante se mezcla con la tensión de los miembros de un jurado que debe decidir sobre un acusado de asesinato, y cuyo nerviosismo contrasta con la tranquilidad con la que uno de los miembros reflexiona sobre los datos aportados en el juicio, sobre esas supuestas pruebas irrefutables que a priori se mostraban definitivas, pero que a la larga, no lo fueron. Cada miembro del jurado parece "de su padre y de su madre", es decir, en ellos se reflejan varios estereotipos de la sociedad de la época, que bien podían pasar por estereotipos de la nuestra: desde el frívolo aficionado al béisbol al meticuloso contable, pasando por el padre frustrado y el anciano facha lleno de prejuicios.
Después de la proyección, comenzó un animado debate sobre el sistema judicial: ¿juez o jurado popular? Cuestión sobre la que cada golfo expuso su opinión inicial y después se trató de hacer como en la película: convencerlos uno a uno para que pasasen al otro lado. No fue tarea fácil, y no lo conseguimos, entre otras cosas, porque no era cuestión de que nos diesen ahí las uvas, que camino llevábamos. O más bien, por la hora, podían habernos dado el café con leche y churros del desayuno. Menos mal que se impuso la sensatez y la obligación laboral del día siguiente y nos fuimos todos a casa a eso de la 1 y media de la madrugada.
De lo que pasó en el camino a casa podemos hablar otro día o generar otro debate.

Campanadas a medianoche

En su última propuesta a concurso, José Antonio nos trajo esta obra del genial Orson Welles. Adaptación en plan remix de varias obras de William Shakespeare, en este caso se centra en el personaje de Jack Falstaff, un orondo caballero mujeriego, pendenciero y bebedor; y sin embargo Orson Welles se refirió a él diciendo que era de los pocos personajes de sus películas de los que se podía decir sin ambajes que era "un hombre bueno". La película nos cuenta la amistad entre este pícaro (más cercano a nuestra tradición literaria que a la anglosajona) y el príncipe de Gales, y la evolución de este último de juerguista petimetre a enérgico monarca.



La película está rodada en España, y es de producción Hispano-Suiza, y es que Orson Welles tuvo, después de su deslumbrante debut con Ciudadano Kane, una carrera muy difícil en la que abundan los films inacabados, los proyectos frustrados y las películas mutiladas por las tijeras de los censores y los productores. Y a pesar de todo ello, siempre hay en sus películas una especie de fuerza, unas gotas de genialidad que las hacen especiales. De ello dan buena cuenta estas Campanadas a Medianoche, de la que dicen que ha influido en multitud de cineastas, sobre todo por la forma tan eficaz y económica de rodar la batalla, en la que unos pocos caballos y soldados revolcándose en el barro nos muestran toda la épica y atrocidad del momento. A eso se le llama conseguir mucho con muy poco.



Dicen por la red que podemos ver esta influencia de la que hablábamos en el Bravehearth de Gibson, o en el Enrique V de Kenneth Brannagh. Quizás podamos comprobarlo muy pronto, ya que José Antonio dice que con la película de Welles da comienzo a una trilogía Shakespeariana. Expentantes nos hallamos.

martes, 25 de diciembre de 2007

La película más mosqueante del mundo

Propone: Pepe
Comenta: Juli

Y no lo digo porque el espectador se pueda de alguna manera enfadar, sino porque la última película que trajo nuestro querido golfo Pepe fue "La Mosca" (1986), de David Cronenberg. La película trata del típico científico loco que se cree por encima del bien y del mal y que por un descuido en la higiene de su laboratorio, en su propio organismo se le cuela el ADN de una asquerosa mosca, mutando ambos hacia una criatura repugnante que da en llamar Brundle-Mosca (Brundle es su apellido, así que aquí podemos imaginar un Rodríguez-Mosca, que también sería un bichejo asqueroso).

Como curiosidad, el tal Cronenberg quiso emular a Hitchcock y sale en la película haciendo de ginecólogo, si mis fuentes, o sea internet, no me fallan.
Vaya, parece que hoy, en vez de hablar de la película estoy haciendo los típicos comentarios de JULI. Será porque soy yo.

Y ahora en serio, la película está muy bien lograda y consigue mantener en vilo al espectador con ese terror de "asco" que tan de moda se puso en los 80, con esa "revolución" de los efectos especiales que se produjo por aquel entonces. A destacar el gran papel de la pareja protagonista, que supuso el gran éxito de un Jeff Goldblum que debutó en el cine junto a Charles Bronson en la película de 1974 "Yo soy la Justicia" y el lanzamiento de una actriz llamada Geena Davis.

Respecto a David Cronenberg ha dirigido películas desde 1969, con estilos que van desde el típico cine gore (no me refiero al tipo que se forra predicando el ecologismo y no logró que el gobierno del que él formaba parte firmara el protocolo de Kyoto), sino a las películas de asco, hasta películas de acción y violencia con importante carga sexual como "Crash" (1996). Es un director polémico que siempre ha contado con seguidores fieles. Este mismo año que acaba ha dirigido la cinta "Promesas del Este" con gran éxito.

miércoles, 19 de diciembre de 2007

Buena Vista Social Club

La primera propuesta de Belén para este ciclo fue este documental sobre un grupo de músicos cubanos que, tras décadas de olvido (la revolución prefirió a los de la nueva trova), han sido rescatados para la música y para el gran público por el guitarrista estadounidense Ry Cooder, recuperación que incluye la publicación de un disco de éxito mundial, la elaboración del documental que nos ocupa y dos ya casi míticos conciertos en Amsterdam y Nueva York.
Dirigida por Wim Wenders (del que ya vimos El cielo sobre Berlín), lo que más me gustó es la frescura de estos casi nonagenarios a la hora de ponerse ante la cámara y los micrófonos, esa especie de brillo especial en sus ojos (cuando recorren las calles de Nueva York, por ejemplo) y, como dijo Miguel, el patrimonio cultural que representan, no sólo por su música, sino también por su forma de vida. Creo que es a este tipo de cosas a lo que se refiere la UNESCO cuando tacha algo de “patrimonio intangible de la humanidad”.


martes, 18 de diciembre de 2007

La venganza de Don Mendo



Hola, mis queridas golfas y golfos!

Después de haber entregado los premios del ciclo seis, retomamos nuestros comentarios sobre las películas del ciclo siete.

Después de Delicatessen, le tocó el turno a Julián, que varió sus planes iniciales, ya que la misma tarde en la que le tocaba poner la película murió Fernando Fernán Gómez, quizás el animal cinematográfico más grande que ha dado nuestro país (con permiso de don Luis). Actor, director, productor, guionista, dramaturgo y personaje excepcional, es una pena que en este banal mundo que nos rodea se le recuerde casi únicamente por sus salidas de tono en ruedas de prensa. En nuestro club hemos podido disfrutar de su buen hacer en varias ocasiones. Le vimos ejercer como director en Mi hija Hildegard y El extraño viaje, y como actor en En la ciudad sin límites, uno de sus últimos papeles. Dotado de una enorme humanidad y gran ironía delante y detrás de la cámara, no hay un James Stewart que le haga sombra en los papeles de galán desgarbado del principio de su carrera.

En esta ocasión Julián eligió un clásico de las letras satíricas españolas, La venganza de Don Mendo, película que Fernán Gómez protagonizó y dirigió en el año 1961, poniendo en imágenes la memorable y archiconocida pieza teatral de Pedro Muñoz Seca. Este humilde posteador tuvo la mala ocurrencia de perdérsela, así que invito a mi buen amigo Juli a añadir en un comentario lo que le parezca sobre la misma.

Y a todos los demás también, por supuesto.

martes, 4 de diciembre de 2007

Delicatessen

Hace ya algunas semanas (perdonad el retraso), Laura nos trajo Delicatessen, película francesa dirigida por Jean Pierre Jeunet y Marc Caro en el año 1991. Película bizarra y extravagante, muy original en planteamiento y realización, es una especie de 13 rue del percebe ambientado en un hipotético futuro no demasiado lejano en el que una sociedad carente de valores se dedica a deportes como la antropofagia con la mayor de las naturalidades. La atmósfera oscura e irreal está muy bien lograda, así como la mezcla de costumbrismo y tenebrismo, de comedia y suspense, todo con el sello de estos dos realizadores galos, que acaba dejando a todo un aspecto de fábula surrealista en el que las cosas significan más de lo que parece.

lunes, 26 de noviembre de 2007

Pauline en la playa

En su última elección Iván nos trajo “Pauline en la playa”, una película dirigida en 1983 por el cineasta francés Eric Rohmer y que obtuvo una buena acogida en nuestro cienclub. La peli nos presenta a una serie de personajes y sus relaciones en el final de un verano en la costa. Esta especie de verano azul de autor se convierte en una deliciosa comedia sobre la forma que tiene cada uno de ellos de enfrentarse a esa cosa tan rara e inaprensible que son las relaciones personales: la atracción, el deseo o el amor están presentes, pero como cada uno busca una cosa, ninguno acaba de conseguirla, en especial el pobre Pierre, que es como si se pasara toda la película con dolor de huevos, si me permitís la expresión.

En la confrontación entre el punto de vista de los adultos y el de los adolescentes (sobre todo de Pauline, la que acaba siendo la más madura de todos, o por lo menos la menos patética) y en la tensión sexual de atracciones no consumadas es donde residen los puntos fuertes de la cinta, que se hace entretenida a pesar de su tremenda sencillez formal y de que sus personajes se pasan más tiempo hablando que actuando.

viernes, 16 de noviembre de 2007

Empieza el ciclo 7 (con cantos gregorianos)

El VII ciclo de nuestro cineclub es un ciclo lleno de citas importantes. A lo largo del mismo cumpliremos 2 años, pondremos la película número 100 a concurso, se celebrará el segundo maratón y será el primer ciclo con dieciséis películas.

Iremos informando puntualmente de todos estos acontecimientos, pero para empezar, dejadme que os hable de la película que puso Miguel para inaugurar el ciclo. Se trata de El gran Silencio, documental dirigido por Philip Groening que nos muestra la vida en un monasterio cartujo en el que sus habitantes han hecho voto de silencio. No es una película fácil, ya que no tiene voz en off, ni entrevistas, ni nada que no sean las imágenes del quehacer cotidiano de estos monjes repetido una y otra vez, de tal manera que el montaje de la película se basa en la repetición como la propia vida de las personas que nos retrata. Se podría discutir si la sensación final es de sosiego y paz o de tedio y agobio, a mi juicio podrían haber sido menos los 167 minutos de metraje, pero más allá de ese detalle, la película tiene cosas interesantes, como el trabajo con la luz (toda natural) que a mi me recordaba a las pinturas del pintor barroco español Francisco de Zurbarán. Os dejo unos ejemplos de su arte, para que me digáis si estoy en lo cierto o ya me rallo demasiado.