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viernes, 18 de noviembre de 2011

Cuando el sabio señala la luna, el tonto mira el dedo

Propone: Virginia
Comenta: Si Stebbins



El dedo:
¿Quién es Banksy? ¿Qué hay de realidad y que hay de falso documental? ¿Es real Mr Brainwash o es otra “obra” de Banksy?.



Exit throught the gift shop no es una película en la que buscar respuestas, al contrario, como toda buena historia plantea más interrogantes de los que responde. La genialidad de Exit throught… es que los interrogantes que propone son precisamente los más interesantes.

Plantea dudas sobre la relación entre arte y mercado, sobre las perversiones y contradicciones del underground y sobre el criterio del consumidor de cultura y hasta que punto este puede ser manipulable. Por extensión, pone de manifiesto que es muy probable que no tengamos la sociedad más saludable posible. (Una de esas obviedades que, tristemente, parece necesario reseñar.)

Lo interesante del asunto es que mientras Banksy esta señalando estos interrogantes, la mayor parte de la crítica y el público sigue mirando el dedo.

Lo bonito de esto es que, hasta en el propio hecho de generar esas reacciones, la obra de Banksy esta señalando de nuevo la luna para que cada uno mire donde mejor le parezca.




Si Stebbins, nuestro comentarista invitado de hoy, es el creador del blog Porque Silvia Sobrini es una chica formal

lunes, 14 de noviembre de 2011

De dos en dos


Propone: Manuel
Comenta: José Antonio

Últimamente parece que están de moda los dúos de directores. A ser posbile que sean hermanos, aunque si no lo son tampoco pasa nada. Entre otros, tenemos a los hermanos Coen, a los Wachoski de Matrix y a la parejita de moda en cine francés Jeunet y Caró, autores de películas como Amelie y Delicatessen. Nuestro dúo de hoy no es tan conocido, pero también son franceses: Gustave de Kervern y Benoît Delépine. Son los directores de la película con la que Manuel se estrenó en nuestro cineclub: Louise-Michel. Ambos escriben y dirigen y acumulan ya unos cuantos títulos a sus espaldas, en los que la nota predominante parece ser el humor negro y la mala baba.


Existe un personaje histórico llamado Louise Michelle, que fue una revolucionaria francesa del siglo XIX de ideología anarquista. Ignoro si hay relación entre ella y la película, pero aquí el nombre se desdobla en dos personajes diferentes (otra parejita, vaya por Dios). Eso sí, el espíritu anárquico y la incorrección política están presentes en toda la cinta. "Louise-Michel" nos cuenta la historia de un grupo de trabajadoras que un día se encuentran con que la fábrica en la que han estado trabajando en condiciones de semiesclavitud y por ridículos salarios durante los últimos vente años ha cerrado y las deja de patitas en la calle. El avaro empresario ha decidido montar otra planta en Vietnam en la que podrá pagar unos salarios aún más irrisorios a sus explotados empleados. En total, la indemnización que les queda a las afectadas apenas llega a los 20.000 euros. Louise, una mujer nada agraciada físicamente, asocial y con muy mala leche, propone a sus compañeras reunir el dinero para contratar a un asesino a sueldo para liquidar a su antiguo jefe como venganza por la jugarreta. El sicario con el que contactan es Michel, que nada tiene que ver con otros profesionales que hemos visto en otras pelis. Sus métodos son bastante chapuceros y en ocasiones para cumplir sus trabajos convence a enfermos terminales para que cumplan la misión por él, con el argumento de que así se irán a lo grande.



Con estos precedentes, ya tenemos claro que lo que va a suceder es una sucesión de gags en ambientes de lo más sórdido, con verdaderos inadaptados sociales que buscan su momento de gloria en la vida. No hay concesiones, ni respeto por absolutamente nada. Ni por los enfermos de cáncer, los discapacitados y hasta chistes sobre los atentados de las Torres Gemelas. Habrá a quien esto le molestará, pero en estos tiempos en los que la tendencia es pedir que se prohíba todo lo que no tenga un lenguaje políticamente correcto puede llegar a suponer toda una corriente de aire fresco.


Acabaré con un par de spoilers, por lo que aquellos que no la hayan visto deberían dejar de leer este comentario a partir de aquí. Cuando, al final de la película, los dos protagonistas encuentran a su objetivo, el empresario estalla en carcajadas cuando ellos le dicen quiénes son y a qué vienen. No sabe ni de qué fábrica están hablando. "¿Francia? Hace años que no queda ni una puta fábrica en Francia". La otra sorpresa final de la peli viene a cuento con el género de la pareja protagonista. Resulta que ella es hombre y él era una mujer. Particularmente, la gracia creo que no aporta demasiado a la película y es un tanto gratuita. Pero después de todo lo que se ve en la peli, tampoco es cuestión de rasgarse las vestiduras por eso.


viernes, 4 de noviembre de 2011

Tres tristes polvos

Propone: Pedro
Comenta: Pepe




Nuestra historia de hoy nos acerca a la vida sexual y afectiva de un grupo de neoyorquinos cuyo nexo de unión y punto de encuentro es un local clandestino donde la única norma es la libertad absoluta a la hora de practicar (o no) cualquier tipo de acto, también de índole sexual. El local, dando título a la película, se llama shortbus, que es el nombre que se le da en USA a los transportes escolares para “niños especiales”, que son más cortos que los que transportan a la “gente normal”. Y hoy nos acercamos a unos cuantos de esos niños especiales que pululan por aquí. Es como si entráramos en un bar lleno de gente y fuéramos de mesa en mesa conociendo la historia que cada uno esconde, sus más íntimos secretos.


Tenemos a una pareja que está pensando en abrir su relación a otras personas. Jamie y Jamie son jóvenes y atractivos. Se quieren pero entre ellos hay algo que no funciona. Uno de ellos está grabando un documental sobre su vida, hecho de retales de películas antiguas y grabaciones de si mismo en posturas inverosímiles. Lo que nadie sabe es que en realidad su película es un testamento, una nota de suicidio.


Sentada un poco más allá, con aire de observarlo todo, está Sofia, una terapeuta sexual que, a pesar de todo su conocimiento sobre el tema, está aquí en busca de su primer orgasmo. Apoyado en un rincón, su marido, Rob, se aburre sin saber muy bien qué hacer. Porque cuanto más hablan del tema, más se dicen lo que se quieren y más se recuerdan lo bien que lo pasan juntos, peor lo pasan, más se detestan más se alejan el uno del otro.


Si pasamos por la sala de proyecciones, y dejando a la derecha el salón de la orgía, en una habitación donde sólo se habla está Severin, una dominatrix profesional que esconde un alma dulce y un nombre dulzón, que regala polaroids con mensajes llenos de sentido y que solo busca encontrar una verdadera relación. Cuando conozca a Sofia, intercambiaran los papeles de terapeuta y paciente y se ayudarán la una a la otra.

Entre estas tres historias principales se entrecruzan unos cuantos personajes secundarios memorables que van desde el maestro de ceremonias y dueño del local, hasta un antiguo alcalde de la ciudad angustiado por no haber hecho lo suficiente en los primeros años del SIDA, pasando por un cándido y hermoso joven que completará el trío de los Jamies. Todos ellos se mueven por el local buscando un poco de felicidad o de sucedáneo de ella, como trasunto de sus propias vidas en un Nueva York post 11S desconcertado y triste.   

Porque aunque empieza con un divertido e intenso prólogo que culmina, literal y explícitamente, con un chorretón de semen salpicando (y quizás completando) un Pollock, y a pesar de que su estructura, sus brillantes diálogos y la profusión de guiños de humor la acercan a la comedia, lo primero que pensé cuando vimos Shortbus en nuestro club fue que era una película muy triste. Que incluso en su final, un sui generis final feliz, estaba atravesada por una inmensa melancolía. Porque en la película te acabas encariñando de los personajes y sus angustias diversas. Y por la certeza última de que la película acaba pero la soledad, los miedos, el desconcierto y la misma tristeza no acaban con ella. 


lunes, 31 de octubre de 2011

Sabor mediterráneo

Propone: Rubén
Comenta: José Antonio



Si se hiciera una encuesta sobre las más famosas películas griegas de la historia del cine, seguro que más de uno metía dentro de su lista "Zorba el griego" y "Mi gran boda griega". Ninguna de las dos, lo es. Son americanas o más bien, la versión que tienen los americanos sobre los griegos. Me refiero a los actuales claro, para ver la visión que tenían sobre los de la antigüedad mejor cogerse un combo de palomitas y ver "300", que tampoco es una película griega. Todo este rodeo viene para hablar de una peli que sí que es griega y que supuso el estreno de Rubén en nuestro Cineclub. Como algunos ya habrán adivinado, estoy hablando de "Nunca en domingo".


"Nunca en domingo" es una película del año 1960, cuatro años anterior a "Zorba el griego", y dirigida por Jules Dassin. Dassin es un cineasta norteamericano que tuvo que exiliarse de su país durante la Caza de Brujas por ser comunista, un pecado más grave que ser griego hoy en nuestra solidaria Europa del Estado del Bienestar. Su protagonista es Melina Mercouri, actriz griega, que fue la musa del director y quien la dirigió en la mayoría de las pelis de su carrera. "Nunca en domingo" es como "Irma la Dulce" o "Pigmalión", pero con sabor un poco más Mediterráneo. Aunque está ambientada en el Pireo, la zona rezuma una atmósfera que nos lleva a títulos como "Calabuch" o "Cinema Paradiso". Eso sí, aunque es una peli interesante, no llega a la altura de los títulos citados. Jules Dassin interpreta a un intelectual y escritor norteamericano que llega al Puerto del Pireo buscando las causas de la decadencia de la Grecia clásica. Su nombre es Homer, que mucho me temo que no tiene nada que ver con Los Simpsons, sino seguramente con otro escritor griego de la antigüedad clásica llamado Homero. Allí quedará deslumbrado por una prostituta llamada Ilya que tiene enamorado a todo el mundo. Una mujer independiente, que elige con quien se va a la cama y que su visión de las cosas tiene encandilados a todos. Para Ilya, sólo hay una norma que es fundamental y sagrada, el domingo es su día de descanso y por tanto su mito de la caverna cierra por vacaciones. Nuestro intelectual ve en ella el símbolo de la decadencia griega y se propone la tarea de "salvarla" a través de la educación para que ella tenga opción a abandonar su profesión.


Ilya vivía feliz en su mundo pensando que los clásicos del teatro griego eran historias de amor con final feliz, sin entender muy bien lo que quería decir, pero al fin y al cabo eran su manera de disfrazar su realidad y hacerla más llevadera. Homer piensa aplicar sobre ella el mito de la caverna. Brindarle un mundo de cultura y sabiduría, en el que ella verá la luz y la verdad resplandecerá por si sola. Sin embargo, lo único que descubre Ilya es qué es lo que realmente quiere decir la palabra "tragedia griega". Y es que enseñar a una persona en la situación de ella, lo cruda que es la realidad, no ayudará mucho a que ella sea feliz. Homer pensaba que deslumbraría a todos con sus profundos conocimientos culturales y al final son estas gentes a las que él consideraba como mentalmente inferiores las que le acaban cambiando. La cultura y el conocimiento no siempre sirven para cambiar las cosas, es la moraleja de la película. También que no se puede intentar domar a un animal salvaje. Después de pasar por el tamiz de la sabiduría, todo es como mucho más crudo. Menos mal que no entraba en sus planes explicar qué es el existencialismo. 


Homer fracasó y ahora 50 años después nosotros intentamos salvar a los griegos. Pero no con cultura, sino con dinero. Que al fin y al cabo, la cultura es una cosa que te bajas gratis de Internet. Por cierto, Melina Mercouri fue ministra de Cultura de su país, así que algo debió de aprender.


POST DATA: Problema matemático. Si el Golfa empezó en 2005, Jules Dassin murió en 2008 y Rubén debutó en el cineclub con esta peli en 2010: ¿Cuántos años le quedan para obtener el carné?

viernes, 28 de octubre de 2011

Vamos a contar mentiras

Propone: Lorena
Comenta: Rubén


Hace tiempo, Lorena nos trajo La calumnia, y como docente me vi en la obligación de hacer la reseña para el cineclub, pues la película, aunque sea de 1961 narra unos acontecimientos que están muy de moda en la escuela actual y recoge el miedo atávico, siempre presente pero nunca comentado de los docentes: Una mentira que acabe con tu carrera profesional.

Y pasemos a contar la historia: dos jóvenes amigas profesoras (Audrey Hepburn y Shirley MacLaine) deciden abrir una escuela privada en una localidad tranquila. La vida les va muy bien, la escuela está llena y todos son felices. Pero (en todas las historias hay un “pero”) un día, una alumna humillada por un castigo decide vengarse de sus profesoras y le cuenta a su abuela, que encarna la pseudo-aristocracia estadounidense, un rumor que hábilmente manipulado desencadena la tragedia. Fama est que las profesoras son pareja.


Conviene resaltar que la “angelical” niña que difunde el rumor inocentemente es una manipuladora nata, extorsionadora de compañeros de clase y utiliza todos los recursos que tiene a su alcance para lograr sus fines. Una auténtica diablesa mutada en ángel infantil.

Evidentemente, la abuela da crédito a la información de su nieta, apoyada por el testimonio falso dos compañeras de clase que se ven forzadas a mentir. Y con esto, la nietísima consigue lo que se propone: El rumor se extiende como la pólvora, la abuela llama a sus amigos y los alumnos se van dando de baja de la escuela hasta quedarse vacía. Y la vida se vuelve fea. “¿Podrá un feo rumor poner fin a tanta belleza?”



Claro, ellas van a ver a la abuela, tratan de desenmascarar a la niña, pero ésta cuenta con el testimonio de sus compañeros de clase, obligados a mentir. No hay salida. No se puede hacer nada. Todos creen el rumor, nadie cree la verdad. Aunque finalmente, la abuela empieza a percatarse de que las piezas que su nieta le ha dado no encajan; las mentiras de su nieta van aflorando y mostrando su faz auténtica y consigue la anciana señora averiguar, horrorizada, la verdad, pero ya es tarde. La desesperación se ha apoderado de nuestras jóvenes maestras y acarrea el suicidio de una de ellas, pues teme que se haya descubierto la atracción sexual que, ciertamente y en secreto, sentía hacia su amiga. Eso sí, antes de ahorcarse, se lo confiesa.


Si estamos atentos a los medios de comunicación, seguro que alguna vez hemos leído casos donde un alumno ha denunciado a su profesor (denunciar en el mejor de los casos, en los peores pueden ser víctimas de vejaciones que son grabadas por teléfonos y colgadas en redes sociales o páginas de vídeos), o los padres de algún alumno han acosado o pegado al docente. Sin ir más lejos, el otro día oí en la radio que un juez había condenado a tres años de cárcel a una madre que había pegado a la profesora de su hija. ¿Cuántos casos no serán fruto de una venganza, pensada y maquinada como el de la película? Si además le sumamos el creciente malestar social por las pocas horas que, presuntamente, trabajan los docentes, obtendremos un cóctel que suele perjudicar a los profesionales de la enseñanza y educación.

Conozco compañeros de profesión que se han visto envueltos en juicios por una falsa denuncia procedente de sus alumnos de sus familiares. Y aunque todos han salido absueltos de los procesos, el daño moral y psicológico no se los quita ya nadie.


Ya lo decía el gran maestro Hitchcock: “nunca trabajes con niños, con animales o con Charles Laughton”. A mí me interesa la primera parte de la cita.

La película, una adaptación de la obra teatral The childrn’s hour (escrita en 1934 por Lillian Hellman) toca diversos temas, algunos muy controvertidos para su época, como pueden ser una homosexualidad encubierta, y otros más cotidianos tales como la presunta inocencia de los niños y la tendencia social a creerlos.

Y es que ya se sabe, los borrachos y los niños son los únicos que dicen la verdad, aunque no sepan que la están diciendo.

lunes, 10 de octubre de 2011

De Dioses y Hombres


Propone: Altea
Comenta: Pepe

Igual debería dejar la costumbre de poner nombre a los comentarios con títulos de otras películas, para que no os llevéis a engaño o confusión. El caso es que hoy venimos a comentar, casi con reverencia, la genial película de animación La princesa Mononoke, del ya universal director nacido en Japón Hayao Miyazaki.


En realidad el título se lo ponemos no porque nos recuerde al film francés protagonizado por monjes cistercienses, sino porque la película, basándose en antiguas leyendas del folklore japonés, y con un aliento ecologista y pacifista, nos enfrenta a un momento crucial de casi todas las leyendas épicas que en el mundo han sido: El despertar del hombre y el ocaso de los dioses; el paso de un mundo entroncado con la espiritualidad, lo esotérico, lo mágico y lo telúrico, los sentimientos y lo natural, a otro dominado por la razón, la mecanización y la técnica. De cómo ese enfrentamiento puede generar dolor y destrucción nos han hablado muchos autores antes, pero aquí de lo que se nos habla es de la posibilidad de que lo que surja sea hermoso y enriquecedor para ambas partes. Y aunque el final no es el happy-ending a lo Disney que podríamos esperar, está lleno de esperanza y de futuro.



En este caso la oposición de la que hablábamos está muy claramente centrada en los personajes femeninos principales. Miyazaki es experto en poner a mujeres fuertes al frente de sus historias, y aquí tenemos dos personajes magníficos que se alejan del tópico de la princesa y la malvada de la animación tradicional. Por un lado tenemos a la heroína de la historia, San, la chica-lobo, defensora del bosque, la princesa a la que hace referencia el título. Una princesa guerrera que se nos presenta (al espectador y al protagonista masculino) montada en un enorme lobo, y que lo primero que hace es chupar la sangre de la herida de su madre loba. Por otro lado tenemos a Lady Eboshi, la líder de la ciudad del hierro, que amenaza con destruir el bosque para poder extraer más mineral. Lady Eboshi no es tampoco una villana al uso, ya que sus razones no son del todo innobles, acoge leprosos y redime prostitutas, y sólo acepta el trabajo sucio que le propone el emisario del emperador para proteger su ciudad de la invasión y el saqueo. Y en medio de las dos, casi en una especie de triángulo amoroso no exento de cierto erotismo, el príncipe Asitaka, que intentará con todas sus fuerzas cumplir la misión que se le ha encomendado, que no es otra que mirar sin odio, comprender y hacer que las partes en conflicto se comprendan mutuamente, y de paso salvar la vida.



Esta es sólo una de las cosas que me sugiere una película como esta, tan llena de capas de sentido, abrumadoramente hermosa y compleja. Otras muchas hipótesis para analizar son factibles, espero que abramos alguna en los comentarios, para no extendernos demasiado ahora. De la técnica y la estética de Miyazaki ya hablamos en su momento con ocasión del comentario de El viaje de Chihiro. Permitidme sólo que mencione a Joe Hisaishi, autor de la música del film, que firma aquí una espléndida partitura que aúna lo épico con lo intimista, de la que os dejo con un fragmento. Y, por supuesto, permitidme recomendaros encarecidamente el visionado de esta película.

martes, 9 de agosto de 2011

Despertares



Propone: Miguel
Comenta:Pepe
Después de la avalancha de comentarios de José Antonio, y visto que nuestro otro comentarista habitual está ocupado en menesteres más agradables que escribir comentarios de películas, me parece que ya es hora de volver a ponerme ante la hoja en blanco (bueno ante la pantalla, porque escribo en ordenador como buen hijo de mi tiempo) para escribir unas líneas sobre alguna de las películas que tenemos pendientes de comentar, que no son pocas.
Bueno, como podéis ver, setenta y tantas palabras después, aún no he dicho absolutamente nada. Pero como ya sabéis que yo no doy puntada sin hilo, me sirve el primer párrafo de este artículo como ejemplo de la sensación que Juncos Salvajes (André Techiné, 1994), me dejó cuando la vimos en el Cineclub, por gentileza de Miguel: Una película que cuenta una historia que ya hemos visto mil veces, con cierta elegancia, y enrollándose hasta la saciedad, alargándose y alargándose sin sentido pero con sensibilidad hasta que termina abandonándote en una especie de sopor que a la vez tiene algo de agradable, como una siesta a la sombra fresca de uno de esos árboles del magnífico paisaje en flor en que tanto se recrea la película.
Y es que estamos ante lo que podríamos llamar una película primaveral, porque nos cuenta el florecimiento, el despertar a la sexualidad y a la vida de tres bellos adolescentes, dos chicos y una chica, en la Francia rural de los primeros años sesenta, con el trasfondo de la guerra de Argelia. La historia se sustenta en esa especie de peculiar triángulo amoroso que se crea entre los tres. El director, sin embargo, no se centra en las cosas que se dicen o en contar la peripecia de los personajes, sino en intentar transmitir las sensaciones de los mismos: los juegos de miradas, un roce que hace erizar la piel, un golpe de frío al tirarte al agua, la brisa en la cara de un paseo en moto, ese momento de la vida en el que todo es nuevo otra vez, en el que todo es a la vez tan fácil y tan difícil, juventud divino tesoro, carpe diem y demás zarandajas.
Es decir, el mismo tópico que estamos acostumbrados a adjudicar a todo el cine francés de autor, desde que éste existe. Y es verdad, para resumir, que Juncos Salvajes es una película impecablemente francesa, absolutamente hermosa, un poco autocomplaciente, contemplativa en demasía y de lento desarrollo, que hace lo mismo que muchas otras antes y después que ella, cae en el tópico y a ratos aburre, pero todo eso lo hace muy bien, y eso es decir mucho en los tiempos que corren.

sábado, 6 de agosto de 2011

Sexo en Hong Kong


Propone: Iván

Comenta: José Antonio

Mucho nos ha costado subir este comentario al blog, pero es que yo no estuve el día que pusieron esta peli en el Cineclub. He estado casi un año reclamándola sin éxito y al final la he conseguido por mi cuenta esta semana. Hablamos de "Adult Video" la propuesta Made in Hong Kong traída por Iván al Golfa. El argumento es típico de una comedia destinada a adolescentes: un grupo de estudiantes que trata de perder su virginidad. La novedad en este caso es que no se les ocurre otra cosa para lograr su objetivo que fingir que están haciendo una peli porno y contratar a la estrella japonesa de moda del momento para conseguirlo, supuestamente engañada pensando que se trata de un proyecto de verdad. En el trailer se resume bastante bien el asunto: Nunca el sexo fácil fue tan difícil.





El director y guionista es Pang-Ho Cheung, realizador de culto al que le gusta diversificarse en sus géneros. Por su cámara ha pasado la comedia adolescente, el drama, e incluso el gore. "Adult Video" tiene varias referencias cinéfilas que van más allá de "American Pie", "Porky's" y "Los albóndigas en remojo". Uno de los gags con más mala baba es el sitio que usa uno de los protagonistas para esconder sus cintas de porno casero: la caja de la película "Stalker" de Andrei Tarkovsky. Algo que sabe que nadie cogerá nunca. En otra escena, el grupo está hablando de en qué peli se pueden inspìrar para hacer su versión porno. En lugar de las típicas de "La guarra de las galaxias", "Penetrator" o "Eduardo Manospajeras" a uno de ellos se le ocurre "Flor de Otoño", drama intimista japonés de los años 50 de Yatsuhiro Ozu y en blanco y negro. Vamos, un prodigio de erotismo.



El grupo está compuesto de los topicazos en este tipo de pelis: el listo y líder del grupo, el guaperas, el tonto gordito y el bufón. A ellos se une el director de la peli, otro estudiante como ellos y que aspira a ser Tarkovski. Éste es el que les da la idea, ya que le expulsan de la escuela al descubrir que hace vídeos guarros. Los engaños para hacer creer que son productores auténticos de cine porno, las dificultades para conseguir el dinero para contratar a la actriz, los problemas para mantener una erección mientras te están mirando más de cincuenta pesonas para hacerlo ante la cámara, o las peripecias para rodar en secreto la peli en las instalaciones de la escuela sin que se den cuenta los profesores son las situaciones sobre las que se sostiene el argumento.







Manami Amayima se interpreta a sí misma como la actriz porno que va a hacer perder la virginidad a esos adolescentes desesperados por obtener sexo fácil. La falta de carisma de la actriz es uno de los grandes lastres de la película. La chiquita es muy mona, pero no parece dar mucho de sí para papeles dramáticos reales, por lo que no termina de cuajar eso de que ella sea la experiencia que marcará para siempre la vida de estos muchachos. Se supone que los jóvenes aprenderán a encontrar su madurez inspirados por su aventura, pero esto es algo que tampoco se termina de ver reflejado. Uno de ellos se acaba enamorando de la actriz y le llega a molestar que sus amigos la vean como un trozo de carne. Pero tampoco es que la relación tenga mucha credibilidad y no se termina de entender por qué ha pasado. Estos lastres hacen que la peli vaya hundiéndose a medida que avanza el metraje (vaya, otra metáfora con barcos). Sin embargo, otras pelis inferiores a ésta, las comedias adolescentes americanas, llegan a las pantallas con mucha más facilidad sin que nadie se rasgue las vestiduras por ser malas. Sería injusto colocarla la etiqueta de "para pajilleros", porque no se basa en un humor de "caca, culo, pedo, pis", aunque le falta un poco de mala baba. Por tanto, aunque no es una peli redonda, "Adult Video" se puede ver para ver cómo hacen comedia en otras filmografías más desconocidas.



lunes, 18 de julio de 2011

Flotar en carisma




Propone: Nando
Comenta: José Antonio

Tras un tiempo más que razonable sin actualizar el blog, vamos a echarle morro y empezaré fusilando un artículo de Carlos Boyero en el que hablaba sobre Gary Cooper. El crítico le colocaba entre una serie de actores míticos, entre los que se incluía a Cary Grant. Lo traigo por aquí, porque vamos a hablar de "Cintia", película que nos trajo Nando a nuestro cine club.



El artículo empezaba así:



"Se sabe del anhelo de muchos actores y actrices por cambiar continuamente de registros, por disfrazarse adoptando las pieles y el espíritu de personajes muy variados, por que nadie reconozca sus personalidad de una película a otra. Existen auténticos virtuosos en ese arte camaleónico. Como en el trágico poema de Borges podrían autodefinirse como: "Yo, que tantos hombres he sido". Existen otros, carne de Método y escuelas de interpretación, geniales, correctos, manieristas o insoportables, que siempre se las ingenian en cualquier tipo de papel para que reconozcamos su ancestral gestualidad, su intensidad emocional, sus magnéticos tics. Y están los genéticamente naturales, gente que no necesita hacer nada especial ni montar numeritos para que siempre te los creas, atractivos hasta de espaldas o en cuarto plano. Son los que más me gustan. Siempre son ellos, la cámara les adora, transmiten lo que les da la gana haciendo lo mínimo, su careto, su presencia, su ritmo y sus movimientos te fascinan. "


Podría seguir poniendo el artículo entero, pero ya no hace falta porque ya he recogida la idea que quería trasmitir. "Cintia" es el título que se puso en España a "House boat" (La casa del barco), comedia romántica del año 1958 protagonizada por Cary Grant y Sofia Loren. Los dos ya habían protagonizado un año antes "Orgullo y pasión", rodada en España. Por ello, "Cintia" es el desembarco oficial de la diva italiana en Hollywood. Les dirige Melville Shalveson, un director y guionista especializado en comedias familiares, poco conocido por el gran público. Antes de ponerse tras la cámara había sido guionista de Bob Hope y Danny Kaye. Es lo que se llama un artesano. El director repetiría un año después con Sophia Loren en "Capri", esta vez con Clark Gable.



No es una gran película, el argumento es un pelín absurdo, pero cumple su papel de película para ver en familia o, mejor dicho, para todos los públicos, porque hay familias y familias. Una realidad almibarada y colores pastel que deja un buen sabor de boca sin llegar a empalagar demasiado. Una comedia perfecta si te vas a casar en una semana.



Un momento.... ¡ES QUE NANDO SE VA A CASAR EN UNA SEMANA! Cintia es la hija de un millonario italiano, un tanto mimada y que se escapa de casa para vivir aventuras. Así acabará conociendo al personaje de Cary Grant, un maduro viudo que trata de sacar adelante a sus tres hijos. Ella comienza a trabajar para ellos como niñera y en realidad todo es un pretexto para que la familia acabe viviendo en un decrépito barco del Mississippi y generar situaciones cómicas por el nuevo escenario que les ha tocado como hogar, así como el hecho de que ella tenga que bajar de su pedestal de princesa para hacer frente a las tareas domésticas en su nueva vida como criada. Un argumento que sólo con unos actores de raza como los que tiene se puede mantener la historia en pie para ofrecer un producto correcto y sin pretensiones. Y a veces lo mejor que se puede decir de alguna peli es que no tiene pretensiones. El carisma de la pareja protagonista es la que evita que el barco se hunda y permanezca siempre a flote, una tarea seguro mucho más complicada en caso de haber contado con otro reparto. Cary Grant sigue en su papel de galán, mientras que aquí quien tiene que hacer méritos es la Loren, que busca un producto con el que meterse en el bolsillo al mercado americano. Canta, baila, está deslumbrante y enamora a todo el que se pone a su paso.






viernes, 13 de mayo de 2011

La vida desde el cristal


Propone: David
Comenta: José Antonio



No sé si el hecho de empezar hablando del paralelismo entre las carreras cinematográficas de Jack Lemmon y Tom Hanks podría considerarse una opinión del personaje de nuestro blog vecino "El Enterao", pero lo cierto es que entre ambos hay muchas cosas comunes. Y una de ellas es que ambos comenzaron siendo actores de comedia hasta que pegaron el salto al drama y lo culminaron con éxito. Otra, el hecho de que representan la encarnación del americano medio. En el caso de Jack Lemmom el salto fue con la película que hoy nos toca y que también fue la propuesta de David para nuestro cinegolfa. Estoy hablando de "Días de vino y rosas". Antes de entrar en materia, sólo quisiera añadir que las primeras comedias de Jack Lemmon fueron bastante mejores que las de Tom Hanks.



"Días de vino y rosas" fue todo un cambio de registro para Jack Lemmon como actor, aunque también para su director Blake Edwards (otro más habituado a moverse en el campo de la comedia). Después de ver Mad Men, es tópico hablar de lo mucho que se fuma en esa serie. Pero yo añadiré también lo mucho que se bebe. A las horas más intempestivas del día siempre están con la copa en la mano, sin hielo y a palo seco. En semejante ambiente es en el que se mueve el protagonista de "Días de vino y rosas". Una agencia de publicidad en la que el trabajo de relaciones públicas y la vida social provoca que uno siempre acabe con una copa de más. Así es como el personaje de Jack Lemmon y el de su esposa, interpretado por Lee Remick, acaban sumergiéndose en el problema del alcoholismo. Todo empieza como una inofensiva comedia romántica en la que chico conoce a chica. Sutilmente, el alcohol está presente en casi todas las escenas. De pronto, un día se encuentran con que la botella ha acabado dominando todas y cada unas de las facetas de su vida. El matrimonio se va hundiendo en una carrera hacia la autodestrucción, en la que llegan a perder cualquier atisbo de dignidad y abandonan todas sus responsabilidades con tal de conseguir un trago. Una adicción en la que se puede entrar fácilmente, pero de la que es muy difícil salir. No hay finales felices, ni atisbo de esperanza. Más bien de supervivencia y de tratar de seguir adelante. Eran comienzos de los añós 60 y todavía el consumo de drogas no estaba tan extendido, pero la película muestra un proceso de degradación del individuo muy similar. Es una historia de una crudeza nunca vista en una película de Blake Edwadrds, cuyas comedias con el paso del tiempo tendieron a hacerse menos sofisticadas y derivar al gag de dibujo animado.

De "Días de vino y rosas" existía antes un telefilme que pocos años antes había rodado John Frankenheimer para la pequeña pantalla, otro destacado director del que seguro que antes o después cae alguna peli en nuestro cineclub. También hay una obra de teatro que recientemente han interpretado por la geografía nacional Carmelo Gómez y Silvia Abascal. Para los curiosos, adjunto un video sobre una escena de la obra de teatro.






"Días de vino y rosas" en una película para entender qué es el alcoholismo y en el que aparecen todos los pasos que va dando quien padece esta adicción. Lo que antes era considerado en la sociedad como un problema de moral y orden público, aquí se presenta crudamente como una enfermedad. Hasta ese momento, lo habitual en el cine era mostrar al borrachín, como un personaje secundario y divertido, que ponía la nota cómica en momentos en los que había que rebajar la tensión. Edwards cambia radicalmente el modo de enfocar al borracho en el cine. Billy Wilder, otro maestro del séptimo arte, ya había tratado el problema del alcoholismo previamente en Días sin huella, pero como aún no la he visto no puedo opinar sobre ella. Destacaré también la banda sonora de Henry Mancini, el compositor habitual de Edwards, como Steven Spielberg tiene a John Williams y Tim Burton a Danny Elfman. Y esto es todo chicos, nos seguimos leyendo en el debate. (O al menos eso espero).


viernes, 15 de abril de 2011

Gran hombre bajito

Propone: Jose Antonio
Comenta: Juli


El graduado, Cowboy de medianoche, Pequeño Gran Hombre, Perros de Paja, Papillon, Lenny, Todos los Hombres del Presidente y Marathon Man, fueron algunas de las películas que protagonizó antes de conseguir su primer Oscar con Kramer contra Kramer. Estamos hablando de Dustin Hoffman, uno de los grandes actores del Hollywood de los 70, cuya grandeza perdura hasta nuestros días.

La película que nos ocupa hoy y que vimos hace algunas semanas es Pequeño Gran Hombre, de 1970, dirigida por Arthur Penn y con Faye Dunaway acompañando en el reparto a nuestro amigo Dustin, que no tiene nada que ver con la marca blanca de ropa de El Corte Inglés, aunque se llame igual. Se trata de un western tragicómico con grandes dosis de sarcasmo sobre las vicisitudes de un hombre blanco capturado por los indios en su niñez y que vivió inmerso en las diferentes culturas que poblaron el oeste americano del siglo XIX, es decir, los indios y los vaqueros.

Pues sí, resulta curioso el recorrido por la historia clásica del oeste americano y por los tópicos de las películas del género: los ataques de los indios a las caravanas de colonos, llevándose los niños, la venta ambulante de productos milagrosos por charlatanes, el rapto de las mujeres por los indios, los pistoleros, los "saloons", el güisqui, la vida en campamentos indios, con atques de la caballería incluidos, y la escena cumbre del General Custer en la batalla de Little Big Horn.

Para animar los comentarios al post, invito al lector a descubrir las otras películas de Dustin Hoffman que hemos visto en nuestro cineclub (así, de manera rápida, recuerdo al menos otras 3).

lunes, 7 de marzo de 2011

Recuerdos desde mi celda

Propone: Amalia
Comenta: Jose Antonio

Nueva adaptación literaria, aunque seguro que pocos sabíais que hay una novela. Hablamos de "Celda 211" el thriller carcelario "made in Spain" que Amalia nos trajo al Cineclub. La película de Daniel Monzón adapta una novela del periodista Francisco Pérez Gandul. Según he leído, hay grandes diferencias entre ambas. El final es distinto, el personaje de Malamadre (líder de la revuelta carcelaria) está mucho más humanizado en la película y la trama de los etarras es mucho más secundaria.

A la hora de escribir este comentario, me preguntaba qué podía decir de una peli que ha sido estrenada hace muy poco y que ha visto prácticamente todo el mundo.Como no he leído la novela, tampoco podía hacer un exhaustivo análisis de las diferencias entre libro y película. En cambio, gracias a mi trabajo, hace unos pocos años tuve la oportunidad de conocer como espectador a algunos de los protagonistas de una revuelta carcelaria muy similar a la que se nos cuenta en esta cinta. Estoy hablando del juicio del motín de Fontcalent ocurrido en octubre de 1990. El proceso se tuvo que celebrar por segunda vez quince años después, una vez que el Supremo anuló el primer juicio. Y en el segundo fue en el que estuve.

Los 80 y la primera parte de los 90 fueron los años de los motines en las prisiones españolas. Los presos intentaban con estas revueltas presionar a la Administración para exigir mejores en su situación. Otras veces eran pretextos para organizar una fuga. Aunque las cárceles siguen igual de saturadas que entonces, ahora son mucho más raros estos motines. De vez en cuando sigue habiendo alguno, pero son algo excepcional.

Durante el motín de Fontcalent, los presos mantuvieron secuestrados a cuatro funcionarios y a dos maestras para exigir mejoras. Para hacer ver que iban en serio cosieron a cuchilladas a otro recluso.

Los lideres de la revuelta era Antonio Cortés Escobedo y Manuel Pinteño, ambos cuñados y delincuentes multirreincidentes salidos del barrio de la Tafalera de Elda. Mientras que Antonio Cortés tenía en su haber varios asesinatos por atracos violentos, Pinteño estaba en prisión por robos y por sus numerosos intentos de fuga, que hicieron que su condena fuera creciendo como una gran bola de nieve. Los dos tuvieron un papel muy diferenciado en el motín. Cortés fue quien tuvo la idea de matar al preso para presionar en la negociación. Sin embargo, la intervención de Pinteño fue la de intentar que ninguno de los rehenes sufriera daños y prohibió al resto de amotinados que les torturaran. Fue el que se encargó de negociar con las autoridades y, según el propio juez que investió el motín, evitó que hubiera más muertes.



Otro destacado participante de la revuelta fue Juan José Garfia, un preso cuya vida ha sido llevada al cine en la película "Horas de luz" protagonizada por Alberto San Juan y Emma Suarez. Garfia fue otro recluso problemático encarcelado por tres asesinatos durante un atraco y que protagonizó espectaculares intentos de fuga. Cárcel a la que iba, era cárcel en la que organizaba un motín. Fontcalent fue una de ellas claro. Su vida dio un giro radical cuando acabó teniendo una relación con una de las enfermeras de Instituciones Penitenciarias (no sé en qué cárcel estaba cuando ocurrió) que le llevó al camino de la redención.

El motín de Fontcalent terminó cuando la Guardia Civil tomó la prisión y liberó a los rehenes. Algunos de sus participantes han muerto, otros están en libertad y otros siguen entre rejas.

Ha habido campañas para otorgar a Garfia el tercer grado, pero la condena por el motín de Fontcalent, que el Tribunal Supremo hizo firme en 2008, complicó un poco su situación.

Manuel Pinteño logró salir de la cárcel el año pasado. Un juzgado de Vigilancia Penitenciaria le consideró rehabilitado para volver a la sociedad. Pasó en prisión la friolera cifra de 32 años. Todo un récord, teniendo en cuenta que nunca cometió delitos de sangre. Alguno de los etarras más sanguinarios ha logrado salir libre en mucho menos tiempo. Pinteño considera su situación como una venganza de un sistema al que osó desafiar. Siempre ha contado que una vez antes del motín recibió una visita en la cárcel de dos miembros del Ministerio del Interior proponiéndole que matara a unos etarras y, a cambio, saldría libre. Como se negó, ése fue su castigo. Sin embargo, nadie en la Justicia ha dado credibilidad jamás a esta historia.

En cuanto a Cortés, murió el año pasado en una cárcel de Sevilla, con una salud muy deteriorada por culpa de su adicción a las drogas. A pesar de su decadencia física siempre estuvo en módulos de máxima seguridad y era considerado como muy peligroso. Con sus fuerzas al límite, a veces se dedicaba a esparcir sus excrementos por las paredes de la celda. Lo único que le quedaba para seguir siendo rebelde.

Y ésta es la historia muy resumida chicos. Seguro que algunas de estas cosas os han recordado a la película. Yo al menos reviví en el cine aquellos días del juicio. Una historia que sabe mantener la tensión, con unos personajes bien construídos, a la que quizá habría que reprochar algún giro argumental sacado de algún curso para guionista por correspondencia. De todas maneras, en conjunto es un buen drama carcelario que levantará los recelos de aquellos que van con la escopeta cargada hacia todo aquello que tiene éxito.