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miércoles, 15 de abril de 2015

El conejito Duracell

Propone: José Antonio
Comenta: Rubén



 Lo admito, el chiste para el título del comentario es muy trillado pero recoge comentarios que se realizaron durante la proyección de la película surcoreana Soy un cyborg. Interesante film calificado como comedia romántica (aunque casi mejor indicar que es un drama romántico por el entorno en el que se desarrolla) que ganó dos premios, uno en el Festival de cine fantástico de Sitges en el año 2007 al mejor guión; y otro, en el mismo año, pero en el Festival de Berlín en la sección oficial de largometraje, premio Alfred Bauer, que se entrega a la película que abra nuevas perspectivas en el arte cinematográfico. La película la dirige Park Chan-wook que según algunas páginas de cine, que he consultado, es uno de los valores fijos y en pujanza del cine de Corea del Sur.


La acción transcurre en un centro psiquiátrico, y surge así la segunda comparación del comentario. Se puede pensar que remonta al famosísimo film “Alguien voló sobre el nido del cuco” (que ya se vio en el cineclub, ciclo 10), pero realmente no es así. Salvo el escenario compartido, no hay ninguna otra semejanza entre ambas películas.

En la cinta que nos ocupa, una pobre chica de nombre Young-goon se cree un cyborg y por este motivo está internada en un centro psiquiátrico tras electrocutarse al intentar recargarse de energía. Ella ve en las uñas de sus pies el nivel de carga que todavía le queda. Como se cree una chica robótica no come nada, solo se alimenta de pilas que va guardando por ahí. Evidentemente, la falta de ingesta hace mella en su salud. El problema le viene de familia, pues ya su abuela se creía un ratón y cuando los enfermeros se llevan a la anciana, la cibernieta decide vengarse. Quiere tener energía para atacar a los hombres de blanco.


Pero un buen día, y tras una careta de gatito (creo recordar), un joven llamado Il-soon irrumpe en su vida y en su corazón. Este chico cree tener el poder de robar las habilidades de la gente de su entorno. Y poco a poco va granjeándose la amistad de Young-soon.

La película nos muestra la vida cotidiana de un psiquiátrico y sus internos, y, sin ser un sitio grato, el contemplar las diferentes rarezas de los secundarios que cohabitan en ese entorno le da a la película un ligero toque de hilaridad, en el buen sentido. No es que nos riamos de las personas con trastornos, no. Nada más alejado de la realidad. Simplemente el director buscó algunas situaciones provocadas por los residentes que sorprenden y nos hacen esbozar alguna sonrisa. Sirve, posiblemente, para suavizar un poco la tensión que se respira en un hospital de esas características y no hacer la película demasiado grave. Al fin y al cabo es una comedia romántica.


Por todo, la película tiene un deje dulce a pesar de la crudeza del lugar y tiene un final optimista. En la era digital y de una tecnología elevada, en una sociedad tan tecnológica que hasta algunos de sus miembros se creen máquinas, al final siempre es el amor el que resuelve los conflictos. Diosa Venus, sigues estando presente y sigues siendo necesaria para nosotros, las criaturas mortales.

viernes, 27 de marzo de 2015

Místicos y malos

Propone: Altea
Comenta: Rubén

A Jim Henson, in memoriam.

¿Quién no ha visto nunca en la tele a la rana Gustavo (Kermit, the Frog en su lengua natal) o a la cerdita Peggy? ¿Quién de los cuarentones del cineclub no recuerda a dos viejos en un palco contando chistes de juegos de palabras en El show de los teleñecos? Todos los que alguna vez vimos un capítulo de Barrio Sésamo y aprendimos con Coco la diferencia entre cerca y lejos le debemos un poquito de nuestra cultura general a un gran titiritero. Sí, amigos lectores, Jim Henson fue un genio. El padre de Los Fraggle, de los Teleñecos y de muchas creaciones más dirigió en 1982 una película que Altea tuvo a bien compartir en una velada con el cineclub: Cristal Oscuro. No fue la única película del titiritero, pues también es obra suya Dentro del laberinto y alguna otra con los Muppets como protagonistas.

Es esta película, que ahora nos ocupa, un tanto oscura, como su propio título y aunque sean marionetas sus protagonistas, encierra un trasfondo bien adulto. La historia es demasiado compleja y oscura para los niño, o eso dicen las críticas, y los adultos no contemplan el asistir a ver una película de títeres, pues fue Cristal Oscuro la primera película en la que todo estaba animado mediante marionetas; desde los personajes principales hasta la más pequeña de las piezas de atrezzo, todo estaba animado por manos humanas.
La película nos traslada a una época remota ficticia, donde hace mil años existía el equilibrio en el mundo de los Urskeks, pero un día esa paz se rompe cuando uno de ellos daña el cristal oscuro, su más preciado tesoro, y surgen dos razas: los Místicos y los Skekses. Unos se dedican a la meditación y los otros tiranizan al resto de seres que poblaban ese mundo. Además, cada una de estas dos razas están interconectadas de alguna manera pues cada vez que uno de ellos muere, muere también un homólogo en la otra raza. He aquí, entonces un rasgo de ese equilibrio que nunca debió romperse. Pero como en todos los cuentos, un individuo de otra raza podrá restablecer el orden y aunque se empeñen los malotes en aniquilarla, siempre sobrevive uno que será un héroe de naturaleza simple y pequeña.

Ese cristal, ese mundo creado por Henson, recoge un poco la idea del anhelado equilibrio presente en todas las culturas; desde la antigua Grecia y su máxima “en el centro está la virtud” hasta las filosofías orientales del zen budista o la búsqueda del yin yang taoísta. El equilibrio, la paz interior, nuestra recóndita armonía pocas veces tangibles siempre rota por nuestras ambiciones, por nuestro egoísmo...

Es, en definitiva, una película que invita a la reflexión desde un punto de vista grave camuflado de infancia. En el fondo, todos tenemos un niño en nuestro interior.

Finalmente, al visionario que revolucionó con un trapo las marionetas al hacerlas de tela en 1955 alguien le cortó los hilos de su vida. Y así, el día 16 de mayo de 1990 los Urskeks, tanto Místicos como Skekses, se reconciliaron; los Fraggles, los Goris y los Curris convivieron en paz; los Dinosaurios revivieron durante un fugaz instante. Todos los Muppets se sintieron desolados y Kermit calló para siempre porque había muerto su padre y su voz. Henson fallecía a causa de una neumonía a la temprana edad de 53 años.

Jim Henson (1936-1990)
Gracias, Jim, por haberte puesto un día una bayeta en la mano.


viernes, 13 de marzo de 2015

Los dioses deben estar locos

Propone: Amalia
Comenta: Rubén

Nuestro cineclub es verdaderamente heterogéneo, tanto como sus miembros y por este motivo poco a poco vamos completando las diversas nacionalidades que en el orbe hay con películas dispares e interesantes. De tal manera ocurre así que en sus nueve años y algo ya de andadura no sé si habíamos visto una película China (yo llevo pocos años como socio) pero se subsanó gracias a una propuesta de Amalia, concretamente Ping Pong Mongol.

Ping Pong Mongol (Lü cao di en versión original) es una película de factura reciente, pues data del año 2007, dirigida por Ning Hao (de quien creo que no hemos visto ninguna otra obra) y protagonizada por Hurichabilike, Dawa, Geliban, Badema e Yidexinnaribu. Los actores, sin ser muy conocidos, realizan unos papeles extraordinarios. Poco a poco, los pequeños de cara sucia van abriéndose un hueco en el corazón de los espectadores gracias a su interpretación.

El argumento de la película recuerda a aquella otra sudafricana del año 1980 y dirigida por Jamie Uys. Si en ésta el leitmotiv era botella de un refresco de cola, en la que ahora estamos comentando es algo más sencillo que no refleja el capitalismo, se trata sencillamente de una pelota de ping pong que, flotando en un arroyo, llega a manos de unos pequeños mongoles que nunca antes habían visto algo semejante. Desconcertados ante tan maravilloso objeto, acuden a la abuela de su pueblo para que les diga qué es. Ella les cuenta que es una perla de los dioses caída del cielo. Los chavales deciden ir a un monasterio para depositarla allí. Pero en el convento tampoco les sacan de dudas, pues los monjes no saben qué es ese objeto. Entonces asisten asombrados a un maravilloso invento moderno: el televisor desde donde ven un partido de ping pong y deciden, por tanto, ir a China, donde este deporte es casi el deporte nacional (recuérdese, por ejemplo, Forrest Gump) para devolver la falsa perla divina trocada en un instante en simple pelota.


Realmente, el final me parece un poco al graeco modo. Quiero decir que el film se resuelve Deus ex machina. En este caso el Deus es un simple televisor gracias al cual los zagales toman contacto con la realidad. Alejados de la sencillez de su pueblo, se acercan a la “civilización” y es como si su pequeño mundo se rompiera. La naturalidad de su vida en la aldea es opuesta a la vida en la ciudad. Los mitos de la abuela, las historias de los mayores contrastan con la tecnología. Los cuentos no se escuchan, se ven en la tele. Es un nuevo paso del mito al logos. El pasado mítico frente a la ciencia. Oriente y sus tradiciones contra Occidente y su tecnología.


La cinta destaca por la vivacidad de sus paisajes. Las vistas de la estepa mongola son espectaculares. Los contrastes cromáticos inundan la pantalla con una sencillez de fotografía, sin duda fingida, que llenan los ojos del espectador de unos verdes de la hierba y unos azules del cielo libre de polución que enamoran. Sin duda, el paisaje, la fotografía es lo mejor de la cinta. Una naturaleza en campo abierto. La libertad del individuo, los amigos, la vida sencilla, beatus ille qui procul negotiis...


viernes, 6 de marzo de 2015

Los cuernos pesan en el estómago

Propone: Víctor
Comenta: Rubén



Tengo por costumbre no leer un libro en cuya primera página haya un polvo. Me parece un recurso paupérrimo intentar captar mi atención con sexo antes de presentarme al protagonista. Por eso cuando vi la primera escena de “El vientre de un arquitecto” me puse receloso. Una pareja fornicando en un compartimiento de un tren nocturno que circulaba atravesando la frontera entre Francia e Italia no es, para mí por esta razón, la mejor manera de empezar una narración.


Pues quiso Víctor añadir un corolario a mi ciclo sobre Roma con esta película, rodada en la urbe fundada por Rómulo. Y la verdad es que las vistas que de la ciudad eterna muestra la cinta son magníficas. “El vientre de un arquitecto” es una película de 1987, dirigida por Peter Greenaway (director un tanto tabú en nuestro cineclub desde su ivanazo “El contrato del dibujante”) y protagonizada por el hipocondríaco Brian Dennehy. He leído críticas dispares sobre esta película: o te gusta o la detestas, pero no encontré término medio.


La cinta cuenta el viaje del famoso arquitecto estadounidense Stourley Kracklite y su mujer a Roma para dirigir una exposición en el Vittoriano sobre otro arquitecto, el francés Étienne-Louise Boullée, cuya obra se inspiró en gran medida en el Panteón de Agripa, encargado de realizar el cenotafio de Newton en plena corriente neoclasicista y racionalista que no se realizó. Una vez en Roma, su mujer es seducida por un encargado poco honrado de la exposición, a la vez que a nuestro arquitecto le empieza a doler el estómago, y poco a poco se convierte en una obsesión. Finalmente, resulta ser un cáncer y no un aviso de las infidelidades de su mujer con el italiano. Lenta y sutilmente, el amante de la mujer va suplantando al arquitecto en todos los aspectos, no solo sentimentales o sexuales, sino también en la dirección de la propia exposición.

Para mí, la película habla de la fugacidad de la vida, de lo efímero del tiempo en algunos casos (como un billete de una libra ardiendo) o por el contrario de las obras eternas como el Panteón. Sin duda la vida está presente en ella, pues la película empieza generándola y termina con una muerte. El león joven destronando a un león ya viejo incapaz de mantener su dominio.




Tal vez el cáncer que sufre el protagonista sea una metáfora sobre algo que yo no alcanzo a identificar, pero al igual que la mujer del arquitecto gesta en su vientre durante nueve meses a su hijo, él desarrolla, en la misma zona, un cáncer que lo llevará a una tumba en vida. Vida y muerte. Gestación de vida y gestación de muerte. Principio y fin. Es revelador el comienzo de la película, pues la cámara se detiene en un cementerio, anticipando ese origen y final. Mientras crean vida, la cámara se recrea en los nichos. Y así, cuando nace el niño, muere el padre.


Por cierto, en casi toda la película predomina el color blanco: en las ropas de los protagonistas, en los mármoles del Vittoriano, en el pastel de la primera cena romana...


Debo añadir, como nota negativa, que en la película hay varias infidelidades a la Historia, se comenta, por ejemplo, que el Panteón lo construye Adriano cuando todo el mundo sabe que lo realizó Agripa en el reinado de Augusto.

viernes, 13 de febrero de 2015

Metatelevisión

Propone: Víctor
Comenta: Rubén


Rebecca: Guau, son tan malos que casi son buenos.
Enid: Se han pasado de buenos y vuelven a ser malos.

(Es curioso, pero una de las frases que más gustó en el cineclub no aparece en el cómic).

Ghost World es la adaptación cinematográfica de un cómic del mismo nombre, publicado por vez primera en el año 1993 que salió de la mano de Daniel Clowes, mientras que la cinta surgió de Terry Zwigoff en el año 2001. Estuvo protagonizada por Scarlett Johnason en el papel de Rebecca, Thora Birch en el de Enid y Steve Buscemi en el de Seymour. Y en este comentario trataré de comparar el libro original con la cinta resultante.


Cuando el dibujante Daniel Clowes diseñó el cómic, lo pensó en tonos azules que es el color que desprenden las pantallas de los televisores en el crepúsculo, cuando la gente inicia el viaje a casa tras el trabajo y los receptores están encendidos, rodeados por los demás miembros de la familia. Ese cromatismo fantasmal es el que revela el título de la obra. Y la película, como no podía ser de otra manera, empieza así: desde varias ventanas se aprecian tonos azulados en movimiento. Sin embargo, la estética de la película no está impregnada de esos matices cerúleos y celestes y parece que se haya optado por unos colores más intensos, para recoger cierta apariencia de cómic. Para la película 300, se utilizó lo contrario: el ambiente es oscuro como en el original, pero claro, es más fácil hacer una película en tonos tétricos que en azules, así que no se lo tendré en cuenta al director. Eso sí, tanto en el libro como en la película la presencia de los televisores es una constante.


En la contraportada del libro se puede leer lo siguiente: “Mundo Fantasmal es la historia de Enid y Rebecca, dos amigas que afrontan la exploración del no siempre agradable camino a la madurez y el incierto futuro de su intrincada relación. Daniel Clowes conjura una historia tan tierna como objetiva de su frágil existencia, capturando los temores mundanos y las tragedias cotidianas de una adolescencia que se escurre inexorablemente entre los dedos. Con una narrativa sutil consigue tejer las fragmentadas vidas de dos jóvenes que ya no son niñas, pero que tampoco son aún mujeres”. Ciertamente, la película recoge esos conflictos y traumas de la adolescencia, una etapa de la vida que a veces se nos muestra como fantasmal. Es notable la lección de la página 26 del cómic, donde se contrapone el idealismo (típico de una etapa adolescente) con el capitalismo (tristemente clásico de nuestra edad madura).


El final del cómic es tan abierto como el de la película, si bien es cierto que Enid comenta que le gustaría cambiar al acabar el instituto, mudarse a una ciudad nueva, al azar y ser otra persona mientras que Becky prefiere que todo siga como en el Instituto. Becky padece un pequeño peterpanismo que supera, entra a trabajar y se “normaliza”, mientras que Enid parece que se queda estancada. Hay una especie de transmutación de caracteres. En la película, por el contrario, la madura, desde un principio, es Becky y Enid es la alocada que incluso llega a dudar de su tendencia sexual y comenta que se siente atraída hacia Enid.



Para acabar, unas pequeñas notas y reflexiones: La mejor caracterizada es Melorra. Pienso que el personaje de Meg, de Padre de familia, está inspirado en la estética de Enid. En el cómic, el padre de Enid vuelve a salir con Carol, en la película le cambian el nombre a Maxine, pero básicamente es la misma historia. En la escena del mercadillo, en el cómic, es Enid la que vende y no la que compra. Y la historia del anuncio, en el cómic no es más que un fragmento en un capítulo y en la película lo alargan demasiado, pero con una interpretación sublime de Steve Buscemi. En el cómic no hay clases de arte en verano. Y como dato curioso, debe de ser extraño perder la virginidad con “El Príncipe de Bel-Air” de fondo, tal y como hizo Enid.


Y por cierto, Ghost world es una pitada en la puerta del garaje de una de las protagonistas que aparece en una fotografía.


lunes, 29 de septiembre de 2014

El no-contador de historias

Propone: Esther
Comenta: Rubén


He visto en el cineclub dos películas del director japonés Akira Kurosawa, presentadas por dos personas distintas, la primera fue Rashômon a propuesta de Miguel y la otra Vivir, a propuesta de Esther y he llegado, tras el visionado de ambas, a la misma conclusión: El director japonés no te cuenta una historia. Él solamente expone los hechos y tú mismo reelaboras toda esa historia a partir de las narraciones que hacen los personajes que en ella intervienen. Kurosawa más que un narrador es un periodista en el sentido en el que debemos entenderlo, y esto es en el modo de exponer unos hechos sin tomar partido.


En Vivir, cinta japonesa del año 1952, sabemos desde el principio lo que le va a pasar al protagonista, pues un narrador omnisciente nos lo cuenta. Nos adentra en la trama de la historia, como si fuera el prólogo de un libro, el capítulo uno de una larga novela, desvelándonos el final porque a nuestro director no le preocupa el qué se cuenta, le interesa el cómo se cuenta aunque guste Kurosawa de entretenerse en los detalles, en reflejar la cotidianeidad, en aproximarnos a la vida de su protagonista para que podamos luego encajar, como si fuésemos detectives, todas las piezas desordenadas que no se muestran, sino que se cuentan estilo indirecto por boca de los otros personajes, sobre la trama de la película. Involucra de tal manera al espectador, seduciéndolo con vacíos narrativos que se implementan con las posteriores intervenciones desordenadas pero sin llegar al caos de otros actantes y logra hacer al receptor parte activa de la película. Y logra así que la trama sea relato y que el relato sea hilo conductor de los hechos, y que tú deduzcas cosas y hechos, y que unas pistas y narraciones y que acabes montando la película en el orden que desees. Kurosawa puentea al montador y nos ofrece esa posibilidad. Es un relato cerrado desde el primer minuto, pero abierto desde el minuto segundo. Sabemos el final desde el principio, pero no sabemos cómo se logra. Eso queda fuera de cámara pero posteriormente nos adentra en un laberinto de recuerdos, de vivencias pasadas que como las piezas de un gigantesco puzzle vamos extrayendo del montón para ir encajándolas en la vida del señor Watanabe para comprender mejor sus actos.



Esto puede generar un final abierto y, al igual que en Rashômon, quizá no lleguemos nunca a conocer la historia verdadera, pues cada uno puede cerrarla a su antojo, convirtiendo al protagonista en héroe o villano, según su empatía. Una historia que por otro lado le sirve al director nipón para hacer una crítica a la burocracia, para reflejar un País del Sol Naciente sumido en los profundos y drásticos cambios sociopolíticos que tras su derrota militar en la Segunda Guerra Mundial afectaron a su patria. Muestra un país que se debate entre la tradición y la Occidentalización.



Kurosawa deconstruye el cine, como Adrià deconstruyó la tortilla de patatas. Retuerce la sintaxis fílmica tradicional para hacer partícipe al espectador transformándolo en actor; presenta un final al principio cerrado pero abierto; muestra sus cartas y encima farolea y acaba ganándote.

Tan solo lamentar el excesivo metraje de la cinta pues con sus dos horas y cuarto largos acaba tornándose un poco eterna. La caída del telón se hace esperar demasiado pero sin todas las pistas, no puedes resolver el misterio que, aunque no sepas, te ha propuesto ante tus ojos para que lo resuelvas.


 

jueves, 18 de septiembre de 2014

Almodóvar o el moderno Prometeo

Propone: Pedro
Comenta: Rubén



Cuando Mary Shelly, la escritora inglesa del siglo XIX, escribió su novela Frankenstein o el Moderno Prometeo abrió una nueva caja de Pandora en la literatura y en las artes. El elogio de la técnica que se presenta en la novela, y que tanto hizo pensar al filósofo madrileño Ortega y Gasset, contrasta con la crítica contra el mal uso que de ella se puede llegar a hacer. Crear un ser humano surgido de partes de otros y dotarlo de vida gracias a la ciencia puede sonar muy emocionante, pero ¿sería ético realizarlo?


Todo este breve ensayo sobre bioética literaria viene a colación de la película almodavariana La piel que habito, filme del año 2011 del realizador manchego y que otro Pedro, nuestro Pedro, nos trajo al cineclub. El director contó para el reparto con varios de sus actores fetiches, tales como Marisa Paredes, a quien ya dirigió en Todo sobre mi madre, Tacones lejanos y La flor de mi secreto, y Antonio Banderas con quien ya grabó su vieja Átame y su famosa Mujeres al borde de un ataque de nervios. Por cierto, que la película es una adaptación de una novela francesa, escrita por Thierry Jonquet, titulada Tarántula.
En la página web de la película se puede leer el argumento, consultar imágenes y datos sobre la película y varias cosas más, por lo que no me voy a extender aquí y voy a dedicar el comentario, tal y como he hecho al principio, a divagar desde un punto de vista ético. Pues en la película se plantean varios dilemas, o yo al menos así lo he analizado.


El protagonista, Antonio Banderas, encarna el personaje del doctor Robert Ledgar, un cirujano plástico atormentado. La medicina, precisamente, ha avanzado a grandes pasos en los últimos años, surgen nuevas disciplinas en el campo médico como la cirugía plástica pero todavía no es posible dotar de vida a un cuerpo inerte, al modo de Shelly. Pero, ¿se puede cambiar la vida de un sujeto mediante un cambio total de aspecto? Si Kubrick nos enseñó en La naranja mecánica que el ser humano no cambia su personalidad por muchas terapias a las que sometas su mente, Almodóvar o Jonquet nos plantean la posibilidad de cambiar al ser humano modificando su aspecto físico. Cuerpo y alma o cuerpo y mente. ¿Quién prima sobre quién? ¿El aspecto físico condiciona nuestra conducta o la personalidad radica únicamente en la mente? ¿Seremos capaces algún día de realizar una transformación de personalidad modificando cuerpo o conductas? Ahí lo dejo para el posterior debate que seguramente no surgirá.


Otro dilema del filme, tal y como yo lo veo, es emplear el poder de la medicina como justicia “social” o poética. Como castigo que se narra en la película, ríete tú del que inventaban los griegos (Tántalo, Sísifo, Ixión y otros muchos). Claro, que el tomarse la justicia por su mano, se le va de las manos al doctor Ledgar. No es el único caso del que se puede hablar de un empleo trastocado y opuesto al juramento hipocrático que cualquier galeno debe realizar, observar y cumplir, baste con recordar los horrores del doctor Muerte, Josef Mengele, en el campo nazi de Auschwitz durante la barbarie de la Segunda Guerra Mundial. Sin querer comparar, obviamente, la horripilante realidad del pasado con un bello relato de ficción, que no he leído pero que inspiró una película.


martes, 2 de septiembre de 2014

Nunca estuvimos solos

Propone: Iván
Comenta: Rubén



Una de las últimas propuesta de Iván para nuestro cineclub fue Otra Tierra, película de reciente factura, pues data de 2011, dirigida por Mike Cahill quien también co-escribió el guión junto a Brit Marling la cual ganó el premio a la mejor actriz por esta película en el Festival de Sitges en el año de su estreno. La película cuenta en su haber, además de este galardón, el premio especial del jurado del Festival de Sundance; el de sección oficial largometrajes a concurso en el Festival de Locarno y un par de nominaciones, una al mejor director en los premios Gotham y otra a la mejor ópera prima y mejor guión novel en los Independent Spirits Awards.


A veces, las películas que nuestro compañero nos trae albergan más filosofía de la que nos pensamos. Una filosofía que pasa desapercibida, una filosofía que, a lo mejor, sólo es una sensación mía. Y tal vez por eso, cuando vimos esta película recordé la teoría de los tres mundos o tres clases de realidad del filósofo austro-británico Karl Popper.


Según este pensador, tres son las clases de realidad: el mundo 1 (de los fenómenos físicos), el mundo 2 (de los fenómenos mentales) y el mundo 3 (de los fenómenos culturales). Para él, una vez que tenemos materia, nuestra mente adquiere cierta libertad que le permite actuar sobre ella misma y sobre los otros mundos, a la sazón el material y el cultural. Igualmente, los fenómenos físicos o la materia pueden afectar a la mente a través del cerebro y los fenómenos mentales pueden, a su vez, producir ciertos cambios físicos. Una estado báquico de la conciencia (forma algo rebuscada para indicar una intoxicación etílica) o una faz ruborizada pueden servir de ejemplo respectivo. O bien la idea que tiene un arquitecto para una casa (mundo 2, fenómeno mental), la realización material de esa casa (mundo 1, fenómeno físico-material) y la estructura o distribución de la casa (mundo 3, fenómeno cultural). Por cierto, los tres mundos son interactivos entre sí pero irreductibles.
No se puede negar que el mundo 1 ha sufrido diversos y hasta abundantes cambios por efecto de las ideas mentales, o que el mundo 2, nuestras propias vivencias subjetivas, puede alterarse también por influjo y acción de ellas, de las mismas ideas que la mente ha generado y de las diversas implicaciones inesperadas que, tal vez mucho tiempo después de desaparecida esa mente originaria, otra mente es capaz de actualizar a través de su lectura en un libro. Asimismo, las teorías científicas, filosóficas y el arte pueden influir sobre los otros dos mundos.

Y todo esto porque en este film, de repente, surge otra Tierra en el universo. No aparece un planeta habitable o habitado, no. Otra Tierra exactamente igual a la nuestra, con sus mismos habitantes y accidentes geográficos. Es como un reflejo de la nuestra pero con entidad. A lo largo de la cinta se recurre a diversas teorías para explicar este fenómeno. Y ante este panorama, mi retorcida mente empezó a elucubrar que nuestra Tierra sería el mundo 1, la otra Tierra, sin ser un fenómeno mental, yo la asociaría al mundo 2 en parte porque supone una solución imaginativa, y finalmente, el mundo 3 sería nuestra situación cultural. Es bastante difícil defender esta idea sin ser un aguafiestas contador de finales, pero espero que los que la vieron, pueda comentar.


Por cierto, para el concepto de alteridad mejor leer a Simone de Beauvoir y su libro El segundo sexo

viernes, 27 de junio de 2014

Lisístrata 2.0


Propone: Nando
Comenta: Rubén

En la Atenas del año 411 antes de Cristo, el comediógrafo griego Aristófanes estrenaba Lisístrata, su nueva comedia. Por aquellos años, Esparta estaba ganando la Guerra del Peloponeso. Miles de griegos morían en el territorio heleno y la contienda parecía no alcanzar nunca el final.
¿Qué pretendía el autor con esta obra cómica estrenada en un ambiente tan mísero? Una fuerte denuncia contra la guerra. Y, de paso, apuntaba un sistema para conseguir la tan anhelada paz: Las mujeres atenienses y espartanas, la mujeres de toda Grecia se reúnen para convocar una huelga de sexo contra sus maridos y amantes mientras no firmasen el fin de la guerra. Las mujeres toman una iniciativa política para lograr lo que los hombres no habían conseguido en veinte años. Mientras dure la guerra, no habrá sexo. Parafraseando con una pizca de humor a Vegecio: Si vis coitum, para pacem.


Saltamos cronológicamente hasta el 2011 de nuestra Era. Nos dirigimos a un país sacudido por la guerra como es Líbano. Allí, la directora de cine Nadine Labake (Caramel, 2007) rueda su película ¿Y ahora, a dónde vamos? En esta cinta, las mujeres de un pequeño pueblo libanés, cansadas de llorar a sus familiares varones muertos por la guerra religiosa, deciden unirse al margen de sus creencias para intentar poner paz y evitar que mueran más seres queridos de uno y otro bando. En esta ocasión no es una huelga de sexo, pero sí es para poner fin a una guerra.
En este mismo año, el director Radu Mihaileanu (del que ya vimos El Concierto) graba la película La fuente de las mujeres, tomando un poco de allí y de allá. De allí, de la obra aristofánica, toma la idea de que las mujeres hagan huelga de sexo para lograr su objetivo, que si bien es cierto que es algo más trivial que la paz, es igual de importante para la supervivencia y el día a día de su aldea. De aquí, del filme libanés, toma parte de la estética y el frente común femenino organizado.


Es decir, en la película que ahora comentamos, las mujeres de un pueblo indefinido, en algún lugar del norte de África u Oriente Medio, deciden ponerse en huelga de sexo para conseguir que los hombres, trabajando juntos, hagan una canalización para acercar el agua de un arroyo hasta el pueblo. Algo tan sencillo se vuelve titánico. Las pequeñas cosas a veces son las más importantes.
Toda la película, por otra parte, es una bonita metáfora del agua como fuente de vida. El adagio Sin agua no hay vida” es harto conocido, y en algunas canciones que entonan las mujeres de la película se canta que el marido no debe olvidar regar a la mujer, como si fuera una flor, para que sea fértil. Pero si el agua es vida, la sequía que amenaza la región es la muerte. Sin cultivos, están abocados a la hambruna; y la aldea sin hijos está condenada a la desaparición.


Evidentemente, el peso de la película recae sobre las mujeres pues es un film cargado de feminidad. Por su parte, los hombres quedan desplazados, marcados fuertemente por los síntomas del machismo. Sin embargo, no valen generalizaciones pues ni todas las mujeres pactan la huelga ni todos los hombres encarnan valores negativos. Hay, además, algunas otras notas que muestran la difícil situación en que se vive en esos países. Pero la unión hace la fuerza.

Y es que el amor, ya se sabe, es el arma más poderosa del mundo.




lunes, 28 de abril de 2014

Chipre tuvo la culpa

Propone: Nando
Comenta: Rubén
  

Yo abrí el cineclub al cine griego con Nunca en Domingo, José Antonio nos explicó el nuevo Mito de la Caverna platónico con Kynodontas, Víctor nos informó que el mañana dura La Eternidad y un día y Nando me hizo recordar mis veladas gastronómicas sobre cocina griega y mis viajes por el país heleno con Un toque de canela.


Empecemos por un análisis del título, en griego: Politikh kouzina nada tiene que ver con el español Un toque de canela, ya que se podría traducir el original como Cocina tradicional y creo que así recogería más la esencia de la película. Es cierto que la canela es una especia fundamental en los platos de carne de la gastronomía griega, presente en la moussaka, en los asados de cordero, en los guisos de buey... todos platos muy típicos de la cocina tradicional griega que aparecen en la película y muchos otros entrantes (tzatziki, dolmades, tyropitakia) y postres (los dulcísimos y acanelados baklavas) que también se captan al revolotear la cámara sobre cualquier mesa familiar dispuesta para el festín que no todos se cocinan con la dulce y afrodisíaca (según dicen) especia esrilanquesa o ceilandesa. La menta tiene la misma presencia o más, por lo tanto se podría haber traducido por Un toque de menta. Aunque la canela vuelve a la gente más comunicativa.


Pero no nos detengamos en la anécdota de esta película del año 2003, dirigida por Tassos Boulmetis y protagonizada por Georges Corraface (el mismo que de la española La pasión turca) que narra las andanzas de un jovencito griego aficionado a la (g)astronomía por influencia de su abuelo que tiene una tienda de especias. Toda la familia es helena, afincada en Estambul y serán deportados de nuevo a Grecia tras el conflicto entre ambas naciones por la invasión turca a la isla de Chipre. El abuelo permanece en Turquía y promete visitas a su país natal para ver a su familia pero jamás llegan a realizarse tales viajes. Un día, nuestro ya no jovencito protagonista recibe una llamada con malas noticias sobre la salud de su abuelo. Realmente, la película comienza así y aquí pero la historia no sigue un eje cronológico diacrónico, sino que con continuos flashes back la narración salta del pasado al presente y del presente al pasado constantemente. Por cierto, el protagonista es profesor de astrofísica y gastrónomo aficionado. Entonces tiene que regresar a Estambul y a enfrentarse a ciertos aspectos de su pasado. En la película hay un recurrente juego de palabras, se menciona un par de veces que el término gastrónomo lleva dentro el término astrónomo, y la verdad es que la lección gastro-astronómica del abuelo, en el desván de su tienda, combinando especias y planetas me pareció una de las mejores secuencias de la película. “Pimienta: es caliente y quema, ella es el sol, que todo lo ve por eso le va bien a todo; Venus, la más bella de las mujeres, la canela, es dulce y amarga, como todas las mujeres; y luego la Tierra, que alberga la vida y la vida necesita alimentos, y la sal hace los alimentos y la vida más sabrosos”.


La cocina está presente en toda la cinta, los diferentes episodios de la historia se nos presentan a modo de los platos de un menú: los primeros, los segundos, los postres. Es una película muy culinaria, muy bien realizada, muy académica.
Como alguien comentó, es una de esas películas que se ruedan para llevarse el Óscar a la mejor película de habla no inglesa, aunque en esta ocasión no ocurrió.



La película completa se puede ver aquí

viernes, 28 de marzo de 2014

Jugando al escondite en Corea del Sur

Propone: Belén
Comenta: Rubén



Quizá si escribiera que me dispongo a comentar una película titulada Akmareul boattda os suene a chino, o mejor dicho a coreano, concretamente a surcoreano. Si anotara que comentaré I saw the devil, seguramente alguien ya sabría sobre qué película versará el comentario, pues así la presentó Belén, y se tradujo en este nuestro país como Encontré al diablo.
Pues sí, vimos Encontré al diablo, una película surcoreana del año 2010 dirigida por Kim Ji-Woon, director de la misma nacionalidad, y protagonizada por dos traviesos de la interpretación: Lee Byung-hu en el papel de poli bueno y Choi Min-sik en el papel de psicópata maligno; pero tan perverso que a su lado el Genio Maligno cartesiano es el de Aladino. Aunque si lo pienso fríamente no sé quién de los dos personajes es más rarito.


Os pondré en situación desentrañando un poco el argumento de la película. Dicho esto, si alguien quiere verla, le emplazo en un videoclub (¿por qué se seguirán llamando así si ya no hay vídeos?) y que se la alquile, pero que no siga leyendo.
Veo que sigues leyendo, eso quiere decir que no te importa que te cuente el argumento... o que no quieres ir a alquilar la película. Pues vamos allá: Un psicópata se dedica a descuartizar mujeres, hasta que se topa con una joven que es la novia de un agente secreto y, además, la hija de un jefe de policía retirado (todo queda en familia). El muchacho queda destrozado y jura venganza. Consigue encontrar al asesino mientras viola a otra de sus víctimas y aquí empieza lo bueno. En lugar de detenerlo, le rompe una muñeca y le mete un pequeño transmisor y geolocalizador para poder escucharlo y seguirlo por todas partes, evitando así futuros delitos, tales como violaciones, asesinatos, atracos y demás zarandajas fuera de la ley. Pero claro, esto incomoda mucho al sujeto que no puede terminar un solo trabajo tranquilo, pues siempre le desbarata sus planes el viudo policía.

A cada intento frustrado de delito, el poli bueno va cargándose una parte del cuerpo del psicópata maligno; de este modo, primero le lastima la muñeca, como hemos dicho, luego el tendón de Aquiles (y no, no es la alusión al mundo clásico que hay en todos mis comentarios, se llama así) y alguna parte más sucesivamente. El ingrato perseguido manco y cojo busca refugio en casa de un amigo, otro asesino (Dios los crea y ellos se juntan, que diría el Refranero popular, tan sabio él) pero en este caso además es caníbal. Cuando el poli bueno llega a la casa gracias al rastreador y se encuentra allí a un caníbal, a su novia, a su “amigo” el psicópata y a un par de rehenes, aquello tiene toda la pinta de convertirse en un festival bermellón, cual habitación lynchiana.
Pero por reveses del hado, el asesino se entera en un hospital del parásito tecnológico que habita en su interior y tras una ingesta masiva de laxantes, capaz de hacer adelgazar a un elefante, consigue expulsarlo y lo mete en un coche. Lo que yo no me explico en este momento de la película es cómo pudo haber sobrevivido tanto tiempo con semejante estreñimiento.


Claro, nuestro ¿héroe? se queda ciego y sordo no en sentido literal, pero al perder el factor sorpresa y la información que el aparatito le daba ya no podrá evitar los futuros delitos de su obsesión. El caso es que al final lo atrapa y le prepara otra bromita de fin de fiesta.

Para concluir, he leído de la pluma de Carlos Boyero que la película bebe de la saga Saw y de las cintas Seven y Zodiac del director David Fincher. Yo sólo he visto Seven de todas éstas por lo que puedo opinar poco.