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viernes, 27 de marzo de 2015

Místicos y malos

Propone: Altea
Comenta: Rubén

A Jim Henson, in memoriam.

¿Quién no ha visto nunca en la tele a la rana Gustavo (Kermit, the Frog en su lengua natal) o a la cerdita Peggy? ¿Quién de los cuarentones del cineclub no recuerda a dos viejos en un palco contando chistes de juegos de palabras en El show de los teleñecos? Todos los que alguna vez vimos un capítulo de Barrio Sésamo y aprendimos con Coco la diferencia entre cerca y lejos le debemos un poquito de nuestra cultura general a un gran titiritero. Sí, amigos lectores, Jim Henson fue un genio. El padre de Los Fraggle, de los Teleñecos y de muchas creaciones más dirigió en 1982 una película que Altea tuvo a bien compartir en una velada con el cineclub: Cristal Oscuro. No fue la única película del titiritero, pues también es obra suya Dentro del laberinto y alguna otra con los Muppets como protagonistas.

Es esta película, que ahora nos ocupa, un tanto oscura, como su propio título y aunque sean marionetas sus protagonistas, encierra un trasfondo bien adulto. La historia es demasiado compleja y oscura para los niño, o eso dicen las críticas, y los adultos no contemplan el asistir a ver una película de títeres, pues fue Cristal Oscuro la primera película en la que todo estaba animado mediante marionetas; desde los personajes principales hasta la más pequeña de las piezas de atrezzo, todo estaba animado por manos humanas.
La película nos traslada a una época remota ficticia, donde hace mil años existía el equilibrio en el mundo de los Urskeks, pero un día esa paz se rompe cuando uno de ellos daña el cristal oscuro, su más preciado tesoro, y surgen dos razas: los Místicos y los Skekses. Unos se dedican a la meditación y los otros tiranizan al resto de seres que poblaban ese mundo. Además, cada una de estas dos razas están interconectadas de alguna manera pues cada vez que uno de ellos muere, muere también un homólogo en la otra raza. He aquí, entonces un rasgo de ese equilibrio que nunca debió romperse. Pero como en todos los cuentos, un individuo de otra raza podrá restablecer el orden y aunque se empeñen los malotes en aniquilarla, siempre sobrevive uno que será un héroe de naturaleza simple y pequeña.

Ese cristal, ese mundo creado por Henson, recoge un poco la idea del anhelado equilibrio presente en todas las culturas; desde la antigua Grecia y su máxima “en el centro está la virtud” hasta las filosofías orientales del zen budista o la búsqueda del yin yang taoísta. El equilibrio, la paz interior, nuestra recóndita armonía pocas veces tangibles siempre rota por nuestras ambiciones, por nuestro egoísmo...

Es, en definitiva, una película que invita a la reflexión desde un punto de vista grave camuflado de infancia. En el fondo, todos tenemos un niño en nuestro interior.

Finalmente, al visionario que revolucionó con un trapo las marionetas al hacerlas de tela en 1955 alguien le cortó los hilos de su vida. Y así, el día 16 de mayo de 1990 los Urskeks, tanto Místicos como Skekses, se reconciliaron; los Fraggles, los Goris y los Curris convivieron en paz; los Dinosaurios revivieron durante un fugaz instante. Todos los Muppets se sintieron desolados y Kermit calló para siempre porque había muerto su padre y su voz. Henson fallecía a causa de una neumonía a la temprana edad de 53 años.

Jim Henson (1936-1990)
Gracias, Jim, por haberte puesto un día una bayeta en la mano.


viernes, 13 de marzo de 2015

Los dioses deben estar locos

Propone: Amalia
Comenta: Rubén

Nuestro cineclub es verdaderamente heterogéneo, tanto como sus miembros y por este motivo poco a poco vamos completando las diversas nacionalidades que en el orbe hay con películas dispares e interesantes. De tal manera ocurre así que en sus nueve años y algo ya de andadura no sé si habíamos visto una película China (yo llevo pocos años como socio) pero se subsanó gracias a una propuesta de Amalia, concretamente Ping Pong Mongol.

Ping Pong Mongol (Lü cao di en versión original) es una película de factura reciente, pues data del año 2007, dirigida por Ning Hao (de quien creo que no hemos visto ninguna otra obra) y protagonizada por Hurichabilike, Dawa, Geliban, Badema e Yidexinnaribu. Los actores, sin ser muy conocidos, realizan unos papeles extraordinarios. Poco a poco, los pequeños de cara sucia van abriéndose un hueco en el corazón de los espectadores gracias a su interpretación.

El argumento de la película recuerda a aquella otra sudafricana del año 1980 y dirigida por Jamie Uys. Si en ésta el leitmotiv era botella de un refresco de cola, en la que ahora estamos comentando es algo más sencillo que no refleja el capitalismo, se trata sencillamente de una pelota de ping pong que, flotando en un arroyo, llega a manos de unos pequeños mongoles que nunca antes habían visto algo semejante. Desconcertados ante tan maravilloso objeto, acuden a la abuela de su pueblo para que les diga qué es. Ella les cuenta que es una perla de los dioses caída del cielo. Los chavales deciden ir a un monasterio para depositarla allí. Pero en el convento tampoco les sacan de dudas, pues los monjes no saben qué es ese objeto. Entonces asisten asombrados a un maravilloso invento moderno: el televisor desde donde ven un partido de ping pong y deciden, por tanto, ir a China, donde este deporte es casi el deporte nacional (recuérdese, por ejemplo, Forrest Gump) para devolver la falsa perla divina trocada en un instante en simple pelota.


Realmente, el final me parece un poco al graeco modo. Quiero decir que el film se resuelve Deus ex machina. En este caso el Deus es un simple televisor gracias al cual los zagales toman contacto con la realidad. Alejados de la sencillez de su pueblo, se acercan a la “civilización” y es como si su pequeño mundo se rompiera. La naturalidad de su vida en la aldea es opuesta a la vida en la ciudad. Los mitos de la abuela, las historias de los mayores contrastan con la tecnología. Los cuentos no se escuchan, se ven en la tele. Es un nuevo paso del mito al logos. El pasado mítico frente a la ciencia. Oriente y sus tradiciones contra Occidente y su tecnología.


La cinta destaca por la vivacidad de sus paisajes. Las vistas de la estepa mongola son espectaculares. Los contrastes cromáticos inundan la pantalla con una sencillez de fotografía, sin duda fingida, que llenan los ojos del espectador de unos verdes de la hierba y unos azules del cielo libre de polución que enamoran. Sin duda, el paisaje, la fotografía es lo mejor de la cinta. Una naturaleza en campo abierto. La libertad del individuo, los amigos, la vida sencilla, beatus ille qui procul negotiis...


lunes, 9 de marzo de 2015

Un buen comienzo para un buen final

Propone: David
Comenta: Pepe

Decía nuestro compañero comentarista Rubén en su anterior comentario, a propósito de El vientre del arquitecto, que una película que empieza con un polvo le echa para atrás por considerarlo un recurso fácil para atrapar al espectador. Cierto es que el sexo vende y que todos, en mayor o menor medida, nos dejamos engatusar y compramos. Leyéndole entonces, sin embargo, pensé en el polvo que abre la peli que hoy nos ocupa. Una escena soberbia que nos prepara para una historia sórdida y negra, muy negra, pero a la vez tremendamente atractiva, en la que las más bajas pasiones mueven el mundo de los personajes: El poder, el dinero, las adicciones, el sexo,... Todo eso está en esa primera escena, en ese primer polvo y la conversación del “cigarrito de después” entre Philip Seymour Hoffman y Marisa Tomei, rodado con precisión y maestría por Sidney Lumet. Dicen que la secuencia que abre una película debe dejarnos claro qué vamos a ver, que una buena historia en su primera escena contiene su “manifiesto”.  En este caso, pues, podemos decir y decimos que un polvo es un gran comienzo.


Un comienzo que no defrauda a posteriori como ocurre demasiado a menudo. Además de la labor de Sidney Lumet, al que ya tuvimos ocasión de admirar en 12 hombres sin piedad y Tarde de perros, no podemos dejar de reseñar la labor de los intérpretes que del primero al último están estupendos en sus papeles. El tristemente desaparecido Philip Seymour Hoffman y el no siempre tan solvente Ethan Hawke interpretan a los hermanos protagonistas. Junto a ellos destaca la mujer que comparten, una magnífica Marisa Tomei en plenitud que se come literalmente la pantalla, y algunos secundarios de auténtico lujo como Albert Finney.

Así, poco a poco, sin prisas pero sin aburrir, sintiéndose seguro de su historia y sus actores, Lumet va construyendo con rigor y oficio un film lleno de crudeza que recuerda a clásicos como Atraco perfecto (Stanley Kubrik, 1956) o La jungla de asfalto (John Huston, 1950). Una de esas cintas en las que queda claro que lo que vamos a ver es un auténtico camino a la perdición en el que la redención podrá atisbarse al final del viaje, pero a menudo será solo una ilusión. Como dice el título, al final podrás pasar media hora en el cielo, o acaso conocer los cinco minutos de gloria que todo el mundo merece, pero tarde o temprano el diablo se enterará de que has muerto y reclamará lo que es suyo por derecho.


Antes de que el diablo sepa que has muerto fue la última película que dirigió Lumet antes de su muerte en 2011. Un magnífico colofón para una carrera llena de títulos imprescindibles.


viernes, 13 de febrero de 2015

Metatelevisión

Propone: Víctor
Comenta: Rubén


Rebecca: Guau, son tan malos que casi son buenos.
Enid: Se han pasado de buenos y vuelven a ser malos.

(Es curioso, pero una de las frases que más gustó en el cineclub no aparece en el cómic).

Ghost World es la adaptación cinematográfica de un cómic del mismo nombre, publicado por vez primera en el año 1993 que salió de la mano de Daniel Clowes, mientras que la cinta surgió de Terry Zwigoff en el año 2001. Estuvo protagonizada por Scarlett Johnason en el papel de Rebecca, Thora Birch en el de Enid y Steve Buscemi en el de Seymour. Y en este comentario trataré de comparar el libro original con la cinta resultante.


Cuando el dibujante Daniel Clowes diseñó el cómic, lo pensó en tonos azules que es el color que desprenden las pantallas de los televisores en el crepúsculo, cuando la gente inicia el viaje a casa tras el trabajo y los receptores están encendidos, rodeados por los demás miembros de la familia. Ese cromatismo fantasmal es el que revela el título de la obra. Y la película, como no podía ser de otra manera, empieza así: desde varias ventanas se aprecian tonos azulados en movimiento. Sin embargo, la estética de la película no está impregnada de esos matices cerúleos y celestes y parece que se haya optado por unos colores más intensos, para recoger cierta apariencia de cómic. Para la película 300, se utilizó lo contrario: el ambiente es oscuro como en el original, pero claro, es más fácil hacer una película en tonos tétricos que en azules, así que no se lo tendré en cuenta al director. Eso sí, tanto en el libro como en la película la presencia de los televisores es una constante.


En la contraportada del libro se puede leer lo siguiente: “Mundo Fantasmal es la historia de Enid y Rebecca, dos amigas que afrontan la exploración del no siempre agradable camino a la madurez y el incierto futuro de su intrincada relación. Daniel Clowes conjura una historia tan tierna como objetiva de su frágil existencia, capturando los temores mundanos y las tragedias cotidianas de una adolescencia que se escurre inexorablemente entre los dedos. Con una narrativa sutil consigue tejer las fragmentadas vidas de dos jóvenes que ya no son niñas, pero que tampoco son aún mujeres”. Ciertamente, la película recoge esos conflictos y traumas de la adolescencia, una etapa de la vida que a veces se nos muestra como fantasmal. Es notable la lección de la página 26 del cómic, donde se contrapone el idealismo (típico de una etapa adolescente) con el capitalismo (tristemente clásico de nuestra edad madura).


El final del cómic es tan abierto como el de la película, si bien es cierto que Enid comenta que le gustaría cambiar al acabar el instituto, mudarse a una ciudad nueva, al azar y ser otra persona mientras que Becky prefiere que todo siga como en el Instituto. Becky padece un pequeño peterpanismo que supera, entra a trabajar y se “normaliza”, mientras que Enid parece que se queda estancada. Hay una especie de transmutación de caracteres. En la película, por el contrario, la madura, desde un principio, es Becky y Enid es la alocada que incluso llega a dudar de su tendencia sexual y comenta que se siente atraída hacia Enid.



Para acabar, unas pequeñas notas y reflexiones: La mejor caracterizada es Melorra. Pienso que el personaje de Meg, de Padre de familia, está inspirado en la estética de Enid. En el cómic, el padre de Enid vuelve a salir con Carol, en la película le cambian el nombre a Maxine, pero básicamente es la misma historia. En la escena del mercadillo, en el cómic, es Enid la que vende y no la que compra. Y la historia del anuncio, en el cómic no es más que un fragmento en un capítulo y en la película lo alargan demasiado, pero con una interpretación sublime de Steve Buscemi. En el cómic no hay clases de arte en verano. Y como dato curioso, debe de ser extraño perder la virginidad con “El Príncipe de Bel-Air” de fondo, tal y como hizo Enid.


Y por cierto, Ghost world es una pitada en la puerta del garaje de una de las protagonistas que aparece en una fotografía.


lunes, 19 de enero de 2015

Crónica de gente desnuda

Propone: Esther
Comenta: Juli


Un buen día, Esther nos trajo este Human Nature, de Michael Gondry (2001), de quien ya vimos Olvídate de mí en los albores del Golfa. Curiosa película donde Jim Carrey hace de persona.


Human Nature trata de la historia de una especie de Buen Salvaje moderno, mito recurrente de la literatura y del cine que presupone que el hombre es bueno por naturaleza y que es la sociedad la que lo pervierte. El tema está tratado con un exquisito sentido del humor y despojado del dramatismo trágico que puede encontrarse, por ejemplo en El Pequeño Salvaje de Truffaut. Ambas películas parten de la misma premisa: una persona es encontrada viviendo en soledad en el bosque, en plena naturaleza, sin relacionarse con el mundo (humano) exterior, sobreviendo entre bestias salvajes, y, por supuesto, en total desnudez. Enseguida científicos iluminados quieren estudiar el fenómeno, cual si de tesoros arqueológicos se tratase.


La ironía de las historias inverosímiles de Charlie Kaufman (Cómo ser John Malkovich) está presente en toda la obra. El “Buen Salvaje” no es tan diferente de los demás como pudiera pensarse, ya que enseguida comprende que si quiere cepillarse a Patricia Arquette, muy exuberante antes de hacerse Medium, tiene que “dejarse hacer”, aprendiendo lo que le enseñan su maestro y mentor, un Tim Robbins domador de ratones de laboratorio que se encuentra con el experimento de su vida, y ella misma. Incluso aprende la táctica de dar celos con la becaria del laboratorio para conseguir sus fines sexuales.

En definitiva, es una divertida película de gente que corretea desnuda por el bosque, una especie de Adán y Eva modernos, como el reality de Cuatro, pero recitando a Shakespeare en vez de a Camela.



Y para acabar, hay una cuestión que me ronda la cabeza desde que oí hablar de este director, y que lanzo aquí para enriquecer el debate y la participación de los lectores: ¿no os parece que, de haber vivido en España, a Michael Gondry le hubieran llamado el Golondrino?




lunes, 3 de noviembre de 2014

Aventura crepuscular

Propone: Juli
Comenta: José Antonio



Existen más de cuarenta adaptaciones al cine del personaje de Robin Hood. Hay películas mudas, de dibujos animados, subproductos italianos y grandes producciones protagonizadas por las estrellas más cotizadas en el palmarés hollywoodiense. Sin embargo, en las listas sobre las mejores películas del arquero que robaba a los ricos para dárselo a los pobres, suele aparecer entre los primeros puestos una versión apócrifa en la que se nos cuentan los últimos días del personaje, ya en su madurez. Me estoy refiriendo a Robin y Marian, película de Richard Lester de 1976, protagonizada por Sean Connery y Audrey Hepburn y que nos trajo Julián al Cineclub.


El argumento cuenta el regreso a Inglaterra de Robin Hood y su amigo Little John tras pasar años luchando en las Cruzadas a las órdenes de Ricardo Corazón de León, el monarca por el que lucharon en sus años rebeldes. El tiempo no ha pasado en balde y así se dan cuenta de que el hombre al que pusieron en el trono, se ha convertido en aquello contra lo que luchaban y las cosas siguen exactamente igual en su país. Lady Marian, la eterna novia de Robin, ha ingresado en un convento y ninguno de los dos son ya lo que fueron. Algo que ocurre también con los actores. Ni Sean Connery es ya el James Bond de su juventud, ni Audrey Hepburm es ya el glamuroso personaje que interpretaba en Desayuno con diamantes. Aunque ambos están estupendos en su madurez, lo cierto es que ya no están para muchas cabriolas, ni acrobacias. El tiempo ha pasado para todos y dormir en los bosques ya no es una cosa tan idílica, mientras que en las luchas con espada pueden aparecer los primeros achaques. La antigua prometida de Robin Hood ya está harta de la incertidumbre de no saber si su amado volverá de una pieza cada vez que se embarca en una aventura con los amigotes y por eso ha ingresado en un convento. Le quiere, pero simplemente está harta de tener que esperar a que siente la cabeza. Sin embargo, al protagonizar una nueva rebelión contra el rey todos parecen vivir una segunda juventud y se ven transportados a días que eran más felices y ambos se amaban como dos adolescentes. 


La película tiene un claro toque crepuscular, como buena parte de las películas de los 70. Y la Edad Media ya no es ese sitio en technicolor que veíamos en las películas clásicas, sino que es un lugar sucio e implacable. Ricardo Corazón de León ya no es el rey justo y sabio que nos mostraban en las anteriores versiones de Robin Hood y puede ser tan despreciable como el usurpador Juan Sin Tierra. La película contiene una escena en la que Robin se vuelve a enfrentar a su antiguo enemigo el Sheriff de Nottingham, en un combate que está marcado por el respeto mutuo entre dos antiguos enemigos que vuelven a cruzar sus armas. Porque ese mismo efecto rejuvenecedor que tiene para Robin su nueva rebelión causa el mismo efecto en el sheriff que también recuerda los días en que se medía contra un enemigo admirable. Por cierto, que no es la primera vez que ambos actores se enfrentaban. Robert Shaw, que interpreta al sheriff, ya se vio las cara con Connery en Desde Rusia con Amor como uno de los matones que manda la organización Spectra contra 007. Otra curiosidad más es que Connery volvió al universo de Robin Hood en la versión de los años 90 del personaje que interpretó Kevin Costner. En aquella cinta, el actor escocés se ponía en la piel de Ricardo Corazón de León, el antiguo señor de Robin y que aquí le acaba declarando un proscrito. Cerramos el apartado de anécdotas, contando que Victoria Abril tiene un pequeño papel de apenas quince segundos y en una de sus primeras apariciones en la gran pantalla de su carrera. No hay que olvidar que parte del rodaje se hizo en España, por lo que es lógico que los jóvenes actores patrios de entonces aspiraran a algún papel.

La carrera de la pareja protagonista fue de resultados dispares. Mientras que ésta fue la última gran película protagonizada por Audrey Hepburn, la carrera de Sean Connery pasó a estar mejor valorada y empezó a forjarse la imagen que el actor trasmitió en su madurez, protagonizando mejores películas que las que tenía cuando era un jovenzuelo. Una gran película sobre el amor en la madurez.


lunes, 15 de septiembre de 2014

Los ilusionistas, parte 2

Propone: José Antonio
Comenta: Pepe

Al proponerme a mi mismo comentar La invención de Hugo en este nuestro querido blog, me vino inmediatamente a la cabeza el post que escribí sobre Encuentros en la tercera fase, allá por diciembre de 2011. Al volver a él ahora, además de constatar que hubo un tiempo en el que los comentarios de un post podían rozar la veintena, me he dado cuenta de que lo que pretendía decir de la película de Martin Scorsese que hoy nos ocupa estaba más o menos condensado en el primer párrafo de aquél. No porque Spielberg y Scorsese pertenezcan a una misma generación, que también. La generación de cineastas que eclosionó en los setenta, y que comparte discursos  y rasgos estilístico, a pesar de generar obras tan variopintas. No, nos vino aquel comentario a la cabeza principalmente porque entonces empleábamos el nombre de George Meliés para caracterizar (y reivindicar) el cine pionero que se hizo grande en las casetas de feria; más entroncado con los espectáculos de variedades que con la alta cultura; un cine cuya misión única era maravillar al espectador, sorprenderle, impactarle y dejarlo boquiabierto con sus trucos. Un cine al que regresó Spielberg, y al que también regresaremos hoy, por partida doble.

El cine de los ilusionistas, decíamos entonces, y precisamente extraíamos esa nomenclatura del documental que el propio Scorsese dedicó en 2005 a la historia de la cinematografía norteamericana. Y ahora comentamos una película de Scorsese en la que George Meliés es el personaje clave de la historia. Una película sobre el primer ilusionista (Meliés fue mago antes que cineasta) que vio el potencial del invento de los hermanos Lumiére y se lanzó a exprimirlo, abriendo el camino a muchos otros. Y además, una película hecha con mirada y estilo de ilusionista.

La invención de Hugo es, pues, además de una bonita historia de aventuras ambientada en el París de entreguerras, una encantadora lección de Historia del cine, porque aunque algunos querrán ver incongruencias históricas o inexactitud de datos, o criticarán la mezcla de fantasía y hechos reales, olvidarán que la mejor manera de explicar aquel cine mágico es con una película tan mágica como esta. Scorsese se aleja del estilo y contenidos al que nos tiene acostumbrados, más oscuro, adulto y desencantado; casi cínico. Pero todo cuadra. Aquí su manierismo, su minuciosidad, su gusto por el detalle, se vuelcan en hacer lo que hicieron los pioneros: Exprimir el potencial técnico de una nueva tecnología (no en vano es la primera incursión de Scorsese en el terreno del último intento de popularizar el cine en 3D) y llevarla a cotas nunca antes vistas. Y maravillarnos. Ser un ilusionista, otra vez.

¿Y nosotros? Nosotros, como espectadores, tener la suerte de poder ver el cine de nuevo con los ojos del niño protagonista, ser inocentes como eran los espectadores de principios del siglo XX, como lo fuimos todos un día, quedarnos boquiabiertos y ojipláticos (dejarnos reencantar, que diría nuestra compañera Esther) como si fuera la primera vez. Un gustazo, oiga.


lunes, 8 de septiembre de 2014

El secreto de la felicidad

Propone: Laura
Comenta: José Antonio


"Es tan pobre que sólo tiene dinero". Ésta es la frase que resume la esencia de "Vive como quieras", la película de Frank Capra que Laura llevó a muestro Cineclub. Con ella, la exótica familia protagonista describe al multimillonario padre del novio de una de sus miembros. "Vive como quieras" reivindica el placer de disfrutar de las cosas sencillas y vivir haciendo aquellas cosas que a uno le gustan. El argumento parte de la historia de amor entre los dos protagonistas que pertenecen a familias de planteamientos y formas de pensar antagónicas.Tony Kirby, interpretado por James Stewart, proviene de una familia de millonarios y empieza a salir con una de sus empleadas, Alice Sycamore, que encarna Jean Arthur. La historia de la familia de ella requiere una explicación. El abuelo Vanderhof decidió hace treinta años que tenía ya suficiente dinero para vivir y se retiró de los negocios para disfrutar de la vida. Cada miembro de la familia se dedica a hacer aquello que más le gusta porque ya tienen sus necesidades básicas cubiertas. El poner a compartir mesa y mantel a las dos familias y el choque de personalidades es el motor que mueve esta comedia que rodó Fank Capra en 1938. Para añadir algo más de tensión al asunto, resulta que el edificio en el que viven es precisamente el único cuyos propietarios se niegan a vender, lo que impide a los Kirby y su empresa ejecutar un pelotazo urbanístico. Resulta cuanto menos curioso que la policía esté investigando a este grupo familiar por considerarlos peligrosos anarquistas, unas personas que lo único que quieren es disfrutar de la vida y hacer aquello que les gusta. La crítica de fondo al capitalismo está latente, ya que parece como si en este sistema lo único que prima es competir con los demás y machacar al rival, acumulando únicamente por el placer de acumular y sin disfrutarlo.



Capra es el máximo exponente de las películas del new deal, obras que pretendían devolver el optimismo y contribuir a la regeneración moral de una sociedad hundida tras la crisis de 1929. Dada la crudeza de aquella recesión, no es de extrañar que muchos de los planteamientos del cine de Capra cobren especial vigencia en los tiempos actuales. "Vive como quieras" fue la primera película de Capra que tuvo a James Stewart como protagonista y para mi era desconocida hasta ahora. Las otras dos colaboraciones entre ambos fueron "El caballero sin espada" y el gran clásico "Qué bello es vivir". En ellas se muestra a individuos enfrentados a un sistema corrupto y para luchar contra él no tienen otra arma que sus principios y su honradez. Puede que algunos tilden a Capra de blandengue, pero yo prefiero que alguna vez ganemos los individuos frente a los poderosos y los corruptos, por mucho que algunos insistan en que en la realidad el sistema acabe aplastando al individuo. Porque a mi también me gusta ir al cine a soñar, aunque no en el sentido en que lo hacen otros miembros del Cineclub de los que no diré nombres. Las películas de Capra son patrióticas, pero sería injusto colocarle la etiqueta de americanadas. Capra defiende ante todo al individuo frente a los sistemas. Al ser Estados Unidos el lugar donde vive, reivindica al ciudadano americano y a su derecho a rebelarse contra instituciones corruptas. No en vano, Estados Unidos era el referente de democracia en los años 30 y no hay que olvidar que en la vieja Europa algunos de sus países habían optado por apoyar regimenes fascistas que estaban legitimados por las urnas. Capra tenía muy claro que una cosa eran los intereses de los ciudadanos de un país y otra los intereses de los gobiernos de turno. Sus personajes son personas humildes, sencillas y trabajadoras dispuestas a hacer los sacrificios que sean necesarios para enfrentarse a las injusticias. Cuentan que en la vida real Capra era una persona profudamente pesimista y que el optimista que trasmitía en sus películas era precisamente la terapia que utilizaba para combatirlo. No sé si al le llegó a funcionar, pero cada vez que termino de ver una de sus películas siempre consigue trasmitirme buen rollito y salir sonriente a la calle. Los finales felices siempre nos hacen recordar que es posible soñar con un mundo mejor.



miércoles, 20 de agosto de 2014

Corazón Glam

Propone: Altea
Comenta: José Antonio




Queríamos cambiar el mundo y el mundo nos acabó cambiando a nosotros. Aunque la película habla de muchas más cosas, creo que ésta es la clave de "Velvet Goldmine". Una peli que nos trajo a nuestro Cine Club tiempo atrás Altea. Protagonizada por Jonathan Rhys Meyers, Ewan McGregor, Muriel, digooo Toni Collette y Christian Bale, entre otros, esta película de 1998 está ambientada en los inicios de la música glam a finales de los 60 para mostrarnos el ascenso a lo alto de la fama de sus cantantes protagonistas, para acabar con su decadencia durante los 70 y hasta la traición de los principios que defendían. La película repasa la historia de un músico imaginario llamado Brian Slade y que encarna Jonathan Rhys Meyers. Inicialmente iba a ser una biografía de David Bowie y el personaje que creó en sus inicios, Ziggy Stardust. Sin embargo, Bowie se desmarcó del proyecto porque tenía su propia idea para otra película. De esta manera, Velvet Goldmine se libera del condicionante de la realidad y permite a la película llevar a sus personajes a situaciones a las que jamás habría podido de haber figurado éstos con sus nombres y apellidos reales. Porque si Slade es Bowie, Kurt Wilde, otro de los protagonistas que interpreta Ewan McGregor, es Iggy Pop y tengo que admitir que ahora mismo no sé muy bien quién era el personaje imaginario de Lou Reed, ni siquiera si sale. Rhys Meyers interpreta a un personaje hedonista, egocéntrico, que no duda en manipular a todos los que tiene a su alrededor para sus propios fines. Recuerda bastante al protagonista de otro musical, que triunfó en nuestro Cineclub: Hedwig And The Angry Inch. Ignoro si la película es o no del agrado de Bowie, pero lo cierto es que no hay ni una sola canción suya en toda el metraje, a pesar de que lleva el título de una de ellas. La gran banda sonora cuenta con un amplio repertorio de temazos de otros grupos y artistas de la época: Lou Reed, Roxy Music, Iggy Pop, Bryan Eno, etc, más alguna canción compuesta expresamente para la ocasión.


La cinta empieza en los años 80 para retroceder en el tiempo con flashbacks que nos van contando la historia del auge y supuesta caída de la estrella. Un jovencito Christian Bale es un periodista que recibe el encargo de hacer un reportaje sobre la figura del mítico cantante Brian Slade que diez años antes fingió su propio asesinato en el escenario para incrementar su fama. El fraude se descubrió al poco tiempo y hundió la carrera del cantante. Desde entonces, Slade ha desaparecido de la faz de la tierra sin que nadie le haya vuelto a ver. Como en Ciudadano Kane, el periodista empieza e investigar la vida del cantante con el fin de reconstruir su trayectoria y averiguar cuál fue su paradero. Entre flashbacks de los amigos de Slade que son entrevistados por el reportero, imágenes de sus conciertos y recuerdos de lo que esa música significó para el personaje del periodista en su juventud va transcurriendo la historia, sin que llegue a haber un guión lineal. Nos sumergimos en un universo de trajes de purpurina, zapatos de plataformas y labios carmín, en el que los cantantes se lanzan en una competición de a ver quién logra ir más allá y consigue la hazaña más escandalosa. Una época en que salir del armario ya no era someterse a una lapidación en la plaza pública. Un sueño para muchos homosexuales que veían a estos cantantes y grupos como ídolos porque triunfaban presumiendo de lo que ellos trataban de ocultar. Sin saber que a veces esa propia homosexualidad formaba parta del espectáculo. Slade está casado con una mujer. Es bastante claro que se trata de un matrimonio sin amor y por puro interés. Pero por otro lado, ¿cuánto de la faceta homo de Slade, no es también otro reclamo para seguir escandalizando a la sociedad y seguir manteniendo la atención de los focos?


David Bowie "mató" a Ziggy Stardust anunciando en medio de un concierto que aquella sería su última actuación. Una verdad a medias, Bowie sólo abandonaba el personaje y seguía su carrera bajo una nueva identidad. Brian Slade finge su muerte en el escenario supuestamente tiroteado por un fan y acaba con el personaje que había creado y le dio fama. Pero la ficción del montaje no dura ni 24 horas y el mito cae. El periodista logra averiguar la identidad actual de la desaparecida estrella, un cantante country que se fotografía con Ronald Reagan (vamos, conservadurismo en estado puro). Una realidad que los propios protagonistas tratan de ocultar al mundo y de la que se avergüenzan. De ahí la frase con la que empezaba este comentario. No sé si la intención del director es la de criticar a Bowie, o simplemente si se trata de la historia de un personaje de ficción aprovecha para cambiar los hechos de manera que pueda decir el mensaje que buscaba: el cambio de una generación que acabó traicionando los princpios que defendía. Tras los aires de libertad de los 60 y los 70, llegaron los 80, los años del ultraconservadurismo. En esto, como en otras cosas, en España fuimos al revés que todo el mundo. O simplemente lo aplicamos diez años más tarde.Y mientras tanto, sigue el espectáculo.

viernes, 13 de junio de 2014

De paradoja en paradoja

Propone: Miguel
Comenta: Jose Antonio


Había escrito un comentario de Los cronocrímenes, película que nos trajo Miguel al Golfa, pero un problema informático hizo que lo perdiera. Sólo con haber guardado los cambios ese incidente (putada) podría haberse evitado. Sabiendo lo que ya sé, es normal fantasear con la posibilidad de ir hacia atrás en el tiempo y corregir errores que con un simple aviso podrían haber impedido algo. Pese a todo, presiento que esta versión 2.0 del comentario va a ser mucho mejor. Quizá yo mismo desde el futuro provoqué el error informático, sabiendo que el texto que había escrito quizá no era tan bueno. Algunos diréis que estoy divagando mucho y no termino entrar en materia, pero como ya dije (no fue aquí, fue en el otro texto. Los de la realidad alternativa ya lo leyeron), ésta es una película en la que el guión es un puzzle perfectamente ensamblado. Las piezas se nos van dando a lo largo del metraje, provocando giros continuos de la historia y sorpresas. Lo mejor es que el espectador complete por sí mismo el rompecabezas y que no le dén la solución antes de resolverlo. ¿Dónde estaría la gracia entonces? Por eso, no querría extenderme mucho en lo que es el argumento y mejor que hable de las ideas que la película expone.


Los cronocrímenes es el primer largo de Nacho Vigalondo estrenado en 2007. Ciencia ficción a la española de muy alto nivel. En su día, se esperaba que se convirtiera en un éxito mundial, pero creo que los resultados no fueron los esperados. La película trata del tema de los viajes en el tiempo y las paradojas temporales, un tema que se nota que el director conoce muy bien. Vigalondo termina una película aparentemente muy sencillita, sin grandes efectos especiales, ni enormes presupuestos, muy pocos personajes y un amplio dominio del tema que trata. Las modestas pretensiones de la obra hacen que a veces no se tome demasiado en serio a sí misma y se permita algún momento de cachondeo. Lo cual también es de agradecer. Es una aportación muy digna al tema de los viajes en el tiempo. Algunos la colocan en el top ten de las pelis de este subgénero. Una de las cuestiones principales del argumento es el tema de las paradojas temporales, algo que en el debate el respetable no parecía tener muy claro lo que era. Y esto será lo que voy a intentar explicar ven el comentario.


En algún sitio he leído que el tiempo es lineal y siempre va hacia adelante. Algunos físicos sostienen que si en un futuro se crearan máquinas en el tiempo, sólo se podrían viajar hacia al futuro, nunca al pasado. Como estamos en el terreno de la ficción, imaginar que viajamos al futuro o al pasado es gratis. El destino del viaje es el que uno prefiera. Ver lo que seremos o estudiar como éramos, procurando eso sí causar las menos contaminaciones posibles a la línea temporal. Es buen momento para hablar del llamado "efecto mariposa". Hay películas con este título, pero no las he visto y las obviaré para no meter la pata. Parte de un principio por el que el batir de las alas de una mariposa en un extremo del mundo, puede provocar causando un tsunami en el otro. Hasta el más insignificante de los acontecimientos puede tener una trascendencia crucial en el modo en que luego ocurrirá todo. Se puede ir al pasado para tratar de cambiarlo, pero hay tantas variables que es posible que la cosa no salga redonda y logremos consecuencias imprevistas.Hay un relato en el que un equipo de científicos viaja atrás en el tiempo, concretamente a la Prehistoria. Accidentalmente uno de ellos pisa una hormiga y el relato describe los acontecimientos que se van poniendo en marcha con este hecho aparentemente insignificante. Cuando acaban volviendo a su tiempo los protagonistas se encuentran con que hay un nuevo presidente en los Estados Unidos. Pero, insisto, estos son cambios en la línea temporal que se limitan a crear otra realidad nueva.


En las adaptaciones de "La máquina del tiempo" de H. G. Wells, el protagonista viaja hacia el futuro. No hay paradojas posibles porque el protagonista va hacia delante en el tiempo. La paradoja se produce cuando alguien viaja al pasado siendo la causa de lo que ocurrirá en el futuro. Sí podría ocurrir una paradoja, cuando él vuelve a su tiempo. Por ejemplo, si utilizara el conocimiento del futuro para tratar de cambiar la historia. Pero eso no lo sabemos porque la historia acaba cuando el protagonista vuelve a casa.
En "Regreso al futuro" hay un viaje al pasado, pero tampoco se producen paradojas temporales. Marty McFly llega a los años 50 y accidentalmente cambia la historia, concretamente el modo en que sus padres se conocieron y enamoraron. Un acontecimiento insignificante para el mundo, pero de gran trascendencia para la vida de nuestro protagonista en un pequeño pueblecito estadounidense. Se genera una nueva realidad alternativa con los cambios que él ha realizado, pero tampoco hay paradoja. Sólo cambia la historia que ya conocíamos por otra nueva.
La paradoja sí se produce en el caso de Terminator. Kyle Reese y el cyborg T-800 llegan de un futuro en el que la humanidad está en guerra contra las máquinas. La máquina busca matar a la madre del futuro líder de la resistencia antes de que éste nazca, mientras que el humano ha ido a evitar que eso pase y se cambie el tiempo. Reese se enamora de Saran Connor y acaba siendo quien la deje embarazada del futuro salvador de la humanidad. Aquí no se ha cambiado la línea temporal, ha pasado lo que debía de ocurrir porque Reese siempre ha sido el padre de John Connor. De hecho, cuando él lo envía al pasado sabe perfectamente que en ese viaje acabará dejando embarazada a su madre. El círculo se cierra y ocurre lo que debió ocurrir.
Hay un efecto parecido en Doce monos, cuando el protagonista de niño se encuentra con su yo futuro. Aquí no hay paradojas tampoco, ni realidades alternativas, ni nada porque realmente en el viaje en el tiempo no se logra cambiar nada. Los protagonistas están atrapados en un bucle que se repite una y otra vez.

¿Confusos? Pues en "Los cronocrímenes" todo esto de las paradojas y el efecto mariposa lo tenéis muy bien explicadito. Y es que, como dice Vigalondo, el momento crucial de la peli es cuando sale la tía en pelotas.


viernes, 28 de marzo de 2014

Jugando al escondite en Corea del Sur

Propone: Belén
Comenta: Rubén



Quizá si escribiera que me dispongo a comentar una película titulada Akmareul boattda os suene a chino, o mejor dicho a coreano, concretamente a surcoreano. Si anotara que comentaré I saw the devil, seguramente alguien ya sabría sobre qué película versará el comentario, pues así la presentó Belén, y se tradujo en este nuestro país como Encontré al diablo.
Pues sí, vimos Encontré al diablo, una película surcoreana del año 2010 dirigida por Kim Ji-Woon, director de la misma nacionalidad, y protagonizada por dos traviesos de la interpretación: Lee Byung-hu en el papel de poli bueno y Choi Min-sik en el papel de psicópata maligno; pero tan perverso que a su lado el Genio Maligno cartesiano es el de Aladino. Aunque si lo pienso fríamente no sé quién de los dos personajes es más rarito.


Os pondré en situación desentrañando un poco el argumento de la película. Dicho esto, si alguien quiere verla, le emplazo en un videoclub (¿por qué se seguirán llamando así si ya no hay vídeos?) y que se la alquile, pero que no siga leyendo.
Veo que sigues leyendo, eso quiere decir que no te importa que te cuente el argumento... o que no quieres ir a alquilar la película. Pues vamos allá: Un psicópata se dedica a descuartizar mujeres, hasta que se topa con una joven que es la novia de un agente secreto y, además, la hija de un jefe de policía retirado (todo queda en familia). El muchacho queda destrozado y jura venganza. Consigue encontrar al asesino mientras viola a otra de sus víctimas y aquí empieza lo bueno. En lugar de detenerlo, le rompe una muñeca y le mete un pequeño transmisor y geolocalizador para poder escucharlo y seguirlo por todas partes, evitando así futuros delitos, tales como violaciones, asesinatos, atracos y demás zarandajas fuera de la ley. Pero claro, esto incomoda mucho al sujeto que no puede terminar un solo trabajo tranquilo, pues siempre le desbarata sus planes el viudo policía.

A cada intento frustrado de delito, el poli bueno va cargándose una parte del cuerpo del psicópata maligno; de este modo, primero le lastima la muñeca, como hemos dicho, luego el tendón de Aquiles (y no, no es la alusión al mundo clásico que hay en todos mis comentarios, se llama así) y alguna parte más sucesivamente. El ingrato perseguido manco y cojo busca refugio en casa de un amigo, otro asesino (Dios los crea y ellos se juntan, que diría el Refranero popular, tan sabio él) pero en este caso además es caníbal. Cuando el poli bueno llega a la casa gracias al rastreador y se encuentra allí a un caníbal, a su novia, a su “amigo” el psicópata y a un par de rehenes, aquello tiene toda la pinta de convertirse en un festival bermellón, cual habitación lynchiana.
Pero por reveses del hado, el asesino se entera en un hospital del parásito tecnológico que habita en su interior y tras una ingesta masiva de laxantes, capaz de hacer adelgazar a un elefante, consigue expulsarlo y lo mete en un coche. Lo que yo no me explico en este momento de la película es cómo pudo haber sobrevivido tanto tiempo con semejante estreñimiento.


Claro, nuestro ¿héroe? se queda ciego y sordo no en sentido literal, pero al perder el factor sorpresa y la información que el aparatito le daba ya no podrá evitar los futuros delitos de su obsesión. El caso es que al final lo atrapa y le prepara otra bromita de fin de fiesta.

Para concluir, he leído de la pluma de Carlos Boyero que la película bebe de la saga Saw y de las cintas Seven y Zodiac del director David Fincher. Yo sólo he visto Seven de todas éstas por lo que puedo opinar poco.

viernes, 21 de febrero de 2014

El lago de los cisnes

Hoy os proponemos que, antes de empezar a leer, pulséis el play de este vídeo y os dejéis acompañar por la música del final de la película.


Propone: Virginia
Comenta: Rubén




Durham es una bella ciudad al norte de Inglaterra y al sur de Escocia, pero en territorio inglés, cuya fundación data del año 995, en 1832 funda su propia universidad, la tercera en el Reino Unido y, además, en 1986 fue declarada patrimonio de la Humanidad. Pero esta idílica y milenaria ciudad también fue escenario de la famosa huelga minera del Reino Unido de 1984 y 1985, exactamente desde el 19 de noviembre de 1984 hasta el 3 de marzo de 1985, en la que murieron tres personas y supuso el principio del neoliberalismo thatcheriano, tan admirado por algunos políticos actuales.

En este ambiente de conflictividad laboral se desarrolla la película Billy Elliot, filme grabado en el año 2000, dirigida por Stephen Daldry (en 2002 dirigió Las Horas y en 2008 The Reader) y que fue la gran vencedora de los BAFTA de ese año, alzándose con el premio en las categorías de mejor película británica, al mejor actor para Jamie Bell y a la mejor actriz de reparto para Julie Walters. Jamie Bell interpreta al protagonista Billy Elliot (y años más tarde será Tintín) y Julie Walters es su profesora de baile.


He leído en la Wikipedia que Jamie proviene de una familia de bailarines (su hermana, su madre, su tía y su abuela lo fueron o lo son), que nació cuando su madre tenía dieciséis años y no conoce a su padre biológico y que logró el papel tras superar a otros dos mil aspirantes en el casting. Al parecer una vida dura que se ha visto recompensada con el éxito de sus dos películas más famosas, aunque ha trabajado en muchas más, por ejemplo en Banderas de nuestros padres.

En ese ambiente dedicado al baile, Jamie se estrenó con seis años en las clases de danza, lo que supone que en la película quien baila es él. Recuerdo que en el debate posterior al visionado de la película comentábamos si realmente bailaba el chiquillo o era un doble. No he conseguido encontrar el dato, pero si llevaba desde los seis años danzando el zagal (en sentido literal) y contaba con catorce cuando interpretó a Billy Elliot, es de suponer que, tras ocho años de dedicación al arte de la Musa Terpsícore, sería él quien ejecutase los bailes.


El argumento es conocido, Billy Elliot es hijo y hermano de mineros en huelga, en esa misma ciudad que casi abría el comentario, huérfano de madre, que viven todos con la abuela en un barrio de trabajadores. El padre apunta a Billy a clases de boxeo, tan tradicional en el Reino Unido, pero él se siente atraído por el ballet y comienza a cambiarse de clase sin que su padre lo sepa. A todo esto, el mejor amigo del protagonista sale del armario, por lo que cuando el padre de Billy se los encuentra bailando en Nochebuena en el gimnasio del Centro Social, casi arde Troya, pero el niño, con coraje, le demuestra al padre cuál es su verdadera vocación y entre todos, incluida la maestra y los grandes esfuerzos de un padre que renuncia a sus ideales por conseguir que su hijo los alcance, logran que el pequeño Billy se acerque un poco más a un sueño familiar pues la abuela siempre quiso ser bailarina y nunca lo consiguió.


Y así fue como un pequeño patito feo, de una charca chiquita y turbia, con el esfuerzo combinado de toda una comunidad, logra convertirse en todo un cisne en un gran lago, en un cisne de la danza. 





viernes, 14 de febrero de 2014

Peck desencanta

Propone: Manuel
Comenta: José Antonio


Los años 70 fueron una época de desencanto. Todo el optimismo y los aires de cambio que se iniciaron en los 60 se fueron al traste a la siguiente década. Una serie de acontecimientos fueron conformando una sociedad más cínica y escéptica: el asesinato de Kennedy, la guerra de Vietnam, la dimisión de Nixon. En el cine todo también fue sometido a revisión. Los lugares idílicos de las aventuras clásicas resultaron ser unos sucios y alejados del romanticismo que aparecían en la pantalla. El western no era tan bonito, los piratas eran asesinos sin escrúpulos y la guerra no era tan heroica. Los finales que eran felices ya no tenían por qué serlo tanto. Y en este contexto tenemos una de esas joyitas que Manuel nos trajo el Cineclub Golfa: Yo vigilo el camino de Johh Frankenheimer rodada en el año 1970.


Frankenheimer pertenece a una generación de directores que procedía del medio televisivo, la primera que empezó trabajando para la pequeña pantalla y luego dio el salto a la grande. Durante los 60 hizo algunas de sus mejores películas como Siete días de mayo (que cuenta un golpe de estado militar en los Estados Unidos) y El mensajero del miedo (película que seguro habrán visto mucho los guionistas de Homeland). Yo vigilo el camino era una obra desconocida para mi hasta ahora de este director. No es uno de sus mejores trabajos, pero me dejó un buen sabor de boca. Conforme avanzaron los 70 y los 80, Frankenheimer fue haciendo thrillers más convencionales y se le fue pasando el arroz, a nivel artístico. Uno de sus últimos éxitos fue Ronin con Robert DeNiro al frente del reparto.


Yo vigilo el camino está protagonizada por un Gregory Peck en plena madurez con un papel que se aleja de los clásicos papeles de galán y de héroe que venía encarnando. Su personaje es aparentemente nuestro Peck de siempre, la buena persona y de correctos principios. Pero ha llegado a un punto en el que se ha aburrido de la monotonía de su vida y entra en una espiral de autodestrucción que hasta él mismo sabe que no puede terminar nada bien. El protagonista es el sheriff de un pueblecito de la América profunda, encargado de proteger a un atajo de paletos por el que no puede evitar sentir más que hastío, atrapado en un matrimonio en el que la pasión hace tiempo que murió y cuidando de su anciano padre con demencia senil. Un día se enamora de la hija adolescente del clan responsable de una destilería ilegal que se acaba de afincar en el pueblo. Sólo esa sensación de vida desperdiciada en el que se ha convertido su existencia puede explicar cómo puede elegir meterse en una relación que cualquiera con dos dedos de frente, y el personaje de Peck los tiene, está abocada a la fatalidad. Además se trata de un amor no correspondido. La joven sólo está con él incitada por su padre y sus hermanos para poder controlarle y asegurarse de que la Ley no interfiere en sus negocios. Los sentimientos que la joven despierta en el maduro sheriff provocan que éste se enfrente al vacío de su existencia y entre en una dinámica en la que sólo puede reaccionar ante lo que le ocurre y sabiendo que el único camino que tiene es seguir hacia adelante. Aunque eso signifique pasarse al lado oscuro (expresión que como todo fan galáctico sabe se inventó muchos años después). La historia debió ser toda una conmoción para todos aquellos que crecieron con una imagen idealizada de Aticus Finch (el inolvidable personaje de Peck en Matar a un ruiseñor, y que figura en nuestro cuadro de honor) al ver cómo su héroe se deja corromper por una jovencita. Quizá el liarse en alguien que podría ser su hija, incluso su nieta, se explique por el afán de su personaje por entregarse a una inocencia que añora y que sabe que hace muchos años que dejó atrás. Como planteaba en Vértigo, ¿se ha enamorado de la persona o de la imagen ideal que él se ha formado de ella?



Otro aspecto destacado de la peli es el papel del ayudante que está encarnado por Charles Durning, que es el prototipo del déspota con placa, a quien le encanta abusar de su cargo y disfruta haciendo sufrir a todos los que infringen la Ley. No es que se corrompa, es que ya está corrupto. La historia está acompañada de una excelente banda sonora de Johnny Cash que da la atmófera adecuada a la película. Todo constata que los felices 60 quedaron atrás. Es la era del desencanto.