miércoles, 7 de octubre de 2009

La Jauría Golfa ¡chanchán!

Propone: José Antonio
Comenta: Juli

¡Que se ha escapado Robert Redford! La marabunta de adolescentes de los años 60 se pone a buscarlo…. Bueno, ese es el final de la película y no es porque sea Robert Redford. Tampoco los adolescentes son solamente del género femenino ni necesariamente adolescentes.

José Antonio nos trajo este pedazo de película en la última ocasión que tuvo de proyectar su sesión golfa. Película de Arthur Penn (1.966) que por cierto no tuvo el éxito que merecía en los premios G por culpa de una sobrevalorada cinta de ciencia-ficción de uno que se llamaba como la cuarta parte del Gordo y el Flaco. Pero ese es otro debate...

La acción transcurre en un pueblo sureño típico lleno de tópicos: el sheriff (Marlon Brando), el rico terrateniente-banquero-y más cosas (E.G. Marshall), el que se escapa de la cárcel (Redford), la esposa abnegada (Jane Fonda) que al estar su marido preso se lía con el rico heredero (James Fox), una pandilla de fanfarrones racistas, y la muchedumbre siniestra, temeraria y envalentonada por el alcohol del sábado noche.

Lo mejor de la película es cómo el sheriff, apoyado por su guapísima esposa, Angie Dickinson, trata de mantener la justicia y el orden dentro del caos en que va derivando la situación por culpa del afloramiento de los peores instintos de las gentes.

El director va mostrando la degeneración de los personajes, que poco a poco van mostrando su peor cara, y consigue crear una atmósfera cada vez más asfixiante recurriendo precisamente a eso: a la degradación que provoca en las turbas el nerviosismo de un reo fugado que vuelve al pueblo, unido al efecto de la ingesta masiva de bebidas espirituosas, y la manipulación al que intentan someterlo. Al final, como cabía esperar, la muchedumbre termina descontrolada y en el caos.

Es un retrato de una sociedad donde la hipocresía, el hastío y la opresión en que vive la gente, encuentra una vía de escape en un hecho puntual, que se convierte en la excusa perfecta para dar rienda suelta a las más bajas pasiones.

El resultado es una gran película, que, a pesar de la categoría del reparto y de la maestría con que está rodada, incomprensiblemente fue un fiasco de taquilla en su tiempo y hoy en día no la ponen ni en la cadena presuntamente cultural “La 2”.

Gracias José Antonio, por rescatarla del olvido.

viernes, 2 de octubre de 2009

Esperando el antigolfa

Propone: David
Comenta: Juli

Así se quedó David después de torturarnos con esta bazofia de película que muy merecidamente fue elegida como antigolfa de 4 ciclos hace un par de semanas.

Y es que nos puso una película argentina llamada “Esperando la carroza” (1.985) que sólo le gustó a una persona de los que estábamos.

La película en sí, según dice la Wikipedia, pertenece al género grotesco criollo, palabras muy acertadas de por sí, ya que es bastante grotesca. No sé cómo estaría la obra teatral homónima de Jacobo Langsner de 1.962, pero si la representasen hoy día en Alicante, no iría a verla ni aunque saliese la mismísima Megan Fox en pelotas.

Al parecer en Argentina es un clásico de su cine, con unas críticas buenísimas. Para mi es un ejercicio de alquimia: lo que yo veo como plomo, allí lo ven como oro. Me pregunto cómo quedaría en el cono sur americano, una película como “Las autonosuyas” (con Alfredo Landa), “Agítese antes de usarla” (con Pajares y Esteso) o “La tía de Carlos” (con Paco Martínez Soria). Y que conste que a mi me encantan estas españoladas y cada vez que las veo me parto de risa, incluso considero que tienen su propio valor cinematográfico, pero también pienso que fuera de su contexto, pueden resultar insufribles.

Y tras estas reflexiones, paso a contar un poco de qué va la cosa. Resulta que un señor anciano se disfraza de mujer (como Paco Martínez Soria en La Tía de Carlos o Dustin Hofmann en Tootsie) y todos se creen que lo es y lo llaman Mamá Cora. El señor Mama Cora es el centro de la polémica familiar, porque todos los hijos dicen que la (lo) quieren mucho pero ninguno quiere quedársela en casa. Claro, se termina yendo a casa del más calzonazos.

Tras ese punto de partida, suceden cosas, pero como seguro que hay lectores del blog que protestarán en los comentarios si desentrañamos del todo el argumento, no las contaré y así quien quiera saberlas tendrán que sufrir un poco y tragarse el bodrio este.

Al parecer hicieron una segunda parte que se ha estrenado este mismo año, pero pongo mi ilusión en que la nueva cinta no cruce jamás el charco.

Mi recomendación para futuros espectadores de esta película: reíd por no llorar, o quitadle el volumen y dormid plácidamente en el sofá.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Alguien voló sobre el castillo de Blancanieves

Propone: Miguel
Comenta: José Antonio

Érase una vez una enfermera muy buena, muy buena, muy buena. Vivía muy feliz al frente de su manicomio donde cada día atendía a sus queridos pero chiflados pacientes. Hasta que un día llegó al sanatorio un violador que se hacía pasar por loco con el único propósito de que no le encerraran en la cárcel. Pronto el nuevo paciente empezó a hacer de las suyas socavando su autoridad y animando al resto a que no se sometieran a las rígidas reglas de la institución mental.

Que si animarles a ver el partido, que si sacarlos a pasear en barco y hasta traerles putas al sanatorio. Lo preocupante es que los anárquicos métodos del nuevo inquilino empezaban a tener efectos positivos en el resto de sus compañeros, que reaccionaban a sus extravagantes terapias. Unos efectos mucho más beneficiosos que tenerlos puestos de medicación hasta arriba y someterlos a terapia de electro shock. ¡Qué peligro! Porque lo importante, amigos míos, no es que los locos se curen, si no mantener la disciplina y que se enteren de quién es el que manda. Si para ello es necesario lobotomizarlos, o que revivan sus peores traumas, no pasa nada, porque la disciplina es lo primero y lo demás son chorradas. ¿Derechos de los pacientes? Pero si son unos majaretas, vamos por favor. ¿Quién se ha creído este degenerado que es? ¿No podría quedarse calladito y obedecer como todos, en lugar de socavar la autoridad de nuestra angelical enfermera? Es que ella es una persona tan dulce, que a lo mejor eso la perjudicó para que la película no ganara el premio golfa. ¿Quién iba a votar a una película con un personaje tan ñoño como éste?

Menos mal que finalmente todos pudieron entender quién manda aquí de verdad, porque de lo contrario esto sería un cachondeo. Hay gente que no entiende que para tener a esta chusma bajo control es necesario mantenerlos acojonados. El miedo es una terapia mejor que el libre albedrío. Luego se hacen comunistas o cosas raras. ¿Acaso no es más cruel invitar a la gente a un maratón de cine de aventuras y proyectarles Dersu Uzala? ¿Qué son unas pequeñas descargas y tener que tomar pastillas para que no te enteres de la realidad?

Así que no cuestionéis los métodos de nuestra querida enfermera, porque ella fue a la Universidad y sabe lo que hace. No como ese golfo aficionado. Al final tuvieron que ponerle en terapia agresiva porque era como un cáncer. A los tumores hay que extirparlos antes de que empiecen a invadir los órganos sanos y se extiendan. Pero que no se queje nuestro querido Jack Nicholson. Tras pasar por las dulces manos de nuestra enfermera, se le quedó permanentemente en el rostro esa expresión que luego frecuentemente utilizaría en muchas de sus películas. Nuestra pobre Louise Fletcher en cambio quedó encasillada en papeles de villana. ¡Qué injusticia!

Colorín colorado, este cuento se ha acabado. Pero no comieron perdices, sino que recibieron una terapia intensiva de electroshocks. Para que se curen. Y luego se quejan.