martes, 20 de octubre de 2009

¡Cacho carne con ojos!

Propone: Iván
Comenta: Juli

¡Vivan las tetas gordas y abajo los comunistas!

En esa frase se podría resumir la película Vixen! que nos trajo Iván, y aunque esté de acuerdo con ella, no terminó de gustarme esa cinta de pseudo porno de finales de los 60. Con ella comenzó su carrera de director de culto Russ Meyer, haciendo películas en las que aparecen más tetas, normalmente a pares, y muchas veces, más grandes que las de esta película.

Mucha gente afirma que lo de director de culto es una excusa de algunos para deleitarse viendo pechos grandes en pantalla gigante y que no piensen que eres un salido, sino un ser profundamente cultural. Yo estoy de acuerdo con esta afirmación, y como me la suda que me tachen de salido, lo que yo veo es porno directamente, es vez de esta cosa de ni chicha ni limoná.

Y ahora hablaré un poco de la película: combina la frondosidad de los bosques canadienses con los frondosos atributos de la protagonista, mujer de excesos sexuales y devoradora de hombres, para la cual, cualquier momento es bueno para dar rienda suelta a sus pasiones. Habrá quien diga que tiene argumento, pero le doy un euro a quien se acuerde de él. También habla de racismo y de comunismo, rechazando el primero y ridiculizando el segundo. Y no hay más que contar.

martes, 13 de octubre de 2009

Puro Teatro



Propone: Nando
Comenta: Pepe

Especie de manifiesto perrofláutico, Noviembre, la segunda película de Achero Mañas como director, acaba con una frase impresa en pantalla, en letras blancas sobre fondo negro, clara y contundente: “El arte es un arma cargada de futuro”. Al señor Mañas se le olvida, sin embargo, aclarar que es una cita, convenientemente maquillada, del aforismo de Antonio Machado que dice aquello de “La poesía es un arma cargada de futuro”. En mi opinión, este hecho, seguramente fortuito, resume a la perfección el espíritu de toda la película y la sensación que a mi me dejó su visionado. Es decir, nos vende, como si fueran nuevas, cosas que ya hemos visto antes. Pero eso sí, ordenadas y adornadas con cierto talento, cosa que salva la película de ser otro molesto refrito de tópicos del mundillo antisistema.
Así pues, lo mejor de la película es, a mi entender, la manera en que está contada, mezclando la acción que tiene lugar en el presente, contada a la manera clásica, con unas declaraciones directamente hechas a cámara por los personajes, en el futuro, más envejecidos, que son las que van haciendo avanzar la historia. Un recurso que Achero Mañas ya había ensayado en su muy recomendable cortometraje “Cazadores”. La banda sonora, con un tema principal de aires circenses pero melancólicos, también es de lo mejorcito. Las interpretaciones son solventes, tanto las de los mayores, con Juan Diego a la cabeza, como las de los jóvenes, entre los que destacan Ingrid Rubio y Oscar Jaenada. En resumen, el aspecto está muy cuidado y bastante bien logrado. Otra cosa es que yo, y esto es una opinión personal, me crea una sola palabra.

La película narra la formación de una compañía de teatro por parte de un grupo de estudiantes de arte dramático, que pretenden llegar al público que no va a las salas, y remover sus conciencias. Para ello salen a la calle a hacer sus espectáculos, por los que deciden no cobrar nunca, y acaban creando una nueva forma de representación, lo que llaman “teatro documental”, que consiste en confundirse con la realidad hasta el punto de que el público no sepa dónde acaba el teatro y dónde empieza la vida. La historia del grupo, llamado “Noviembre”, es sobre todo la historia de su líder, Alfredo, que irá radicalizando su pensamiento a medida que avanza la película, hasta que al final la situación se vuelve insostenible. Finalmente el sistema puede más y, otra vez, acaba con la utopía. Es triste, pero previsible, porque es que, estimado Sr. Mañas, si un tío se cuela en el escenario del Teatro Real en presencia de los Reyes y desenfunda una pistola, lo que viene a continuación no es el fin de la utopía o el retrato de la maldad de un sistema que persigue y elimina el pensamiento libre, es lisa y llanamente sentido común.

Efectivamente, el arte es un arma cargada de futuro, como ya sabía Machado hace cien años, pero cuando alguien se empeña en decirlo y reiterarlo como ocurre en este caso, el arte no cumple esa función. El artista comprometido es, desde mi punto de vista, aquel que no vuelve la espalda a la realidad e intenta mostrarla con toda su crudeza, y eso ya es bastante denuncia, suficiente compromiso. Un ejemplo soberbio de ello nos lo dio el mismo director en su primer film, El Bola. Lo que hace aquí es otra cosa. Es, dicho llanamente, hacerse el guay. Es una pose. Es puro teatro.

miércoles, 7 de octubre de 2009

La Jauría Golfa ¡chanchán!

Propone: José Antonio
Comenta: Juli

¡Que se ha escapado Robert Redford! La marabunta de adolescentes de los años 60 se pone a buscarlo…. Bueno, ese es el final de la película y no es porque sea Robert Redford. Tampoco los adolescentes son solamente del género femenino ni necesariamente adolescentes.

José Antonio nos trajo este pedazo de película en la última ocasión que tuvo de proyectar su sesión golfa. Película de Arthur Penn (1.966) que por cierto no tuvo el éxito que merecía en los premios G por culpa de una sobrevalorada cinta de ciencia-ficción de uno que se llamaba como la cuarta parte del Gordo y el Flaco. Pero ese es otro debate...

La acción transcurre en un pueblo sureño típico lleno de tópicos: el sheriff (Marlon Brando), el rico terrateniente-banquero-y más cosas (E.G. Marshall), el que se escapa de la cárcel (Redford), la esposa abnegada (Jane Fonda) que al estar su marido preso se lía con el rico heredero (James Fox), una pandilla de fanfarrones racistas, y la muchedumbre siniestra, temeraria y envalentonada por el alcohol del sábado noche.

Lo mejor de la película es cómo el sheriff, apoyado por su guapísima esposa, Angie Dickinson, trata de mantener la justicia y el orden dentro del caos en que va derivando la situación por culpa del afloramiento de los peores instintos de las gentes.

El director va mostrando la degeneración de los personajes, que poco a poco van mostrando su peor cara, y consigue crear una atmósfera cada vez más asfixiante recurriendo precisamente a eso: a la degradación que provoca en las turbas el nerviosismo de un reo fugado que vuelve al pueblo, unido al efecto de la ingesta masiva de bebidas espirituosas, y la manipulación al que intentan someterlo. Al final, como cabía esperar, la muchedumbre termina descontrolada y en el caos.

Es un retrato de una sociedad donde la hipocresía, el hastío y la opresión en que vive la gente, encuentra una vía de escape en un hecho puntual, que se convierte en la excusa perfecta para dar rienda suelta a las más bajas pasiones.

El resultado es una gran película, que, a pesar de la categoría del reparto y de la maestría con que está rodada, incomprensiblemente fue un fiasco de taquilla en su tiempo y hoy en día no la ponen ni en la cadena presuntamente cultural “La 2”.

Gracias José Antonio, por rescatarla del olvido.