
Así se quedó David después de torturarnos con esta bazofia de película que muy merecidamente fue elegida como antigolfa de 4 ciclos hace un par de semanas.
Y es que nos puso una película argentina llamada “Esperando la carroza” (1.985) que sólo le gustó a una persona de los que estábamos.
La película en sí, según dice la Wikipedia, pertenece al género grotesco criollo, palabras muy acertadas de por sí, ya que es bastante grotesca. No sé cómo estaría la obra teatral homónima de Jacobo Langsner de 1.962, pero si la representasen hoy día en Alicante, no iría a verla ni aunque saliese la mismísima Megan Fox en pelotas.

Al parecer en Argentina es un clásico de su cine, con unas críticas buenísimas. Para mi es un ejercicio de alquimia: lo que yo veo como plomo, allí lo ven como oro. Me pregunto cómo quedaría en el cono sur americano, una película como “Las autonosuyas” (con Alfredo Landa), “Agítese antes de usarla” (con Pajares y Esteso) o “La tía de Carlos” (con Paco Martínez Soria). Y que conste que a mi me encantan estas españoladas y cada vez que las veo me parto de risa, incluso considero que tienen su propio valor cinematográfico, pero también pienso que fuera de su contexto, pueden resultar insufribles.

Y tras estas reflexiones, paso a contar un poco de qué va la cosa. Resulta que un señor anciano se disfraza de mujer (como Paco Martínez Soria en La Tía de Carlos o Dustin Hofmann en Tootsie) y todos se creen que lo es y lo llaman Mamá Cora. El señor Mama Cora es el centro de la polémica familiar, porque todos los hijos dicen que la (lo) quieren mucho pero ninguno quiere quedársela en casa. Claro, se termina yendo a casa del más calzonazos.

Tras ese punto de partida, suceden cosas, pero como seguro que hay lectores del blog que protestarán en los comentarios si desentrañamos del todo el argumento, no las contaré y así quien quiera saberlas tendrán que sufrir un poco y tragarse el bodrio este.
Al parecer hicieron una segunda parte que se ha estrenado este mismo año, pero pongo mi ilusión en que la nueva cinta no cruce jamás el charco.
Mi recomendación para futuros espectadores de esta película: reíd por no llorar, o quitadle el volumen y dormid plácidamente en el sofá.



Buscando información sobre la película de 2.002 titulada “8 mujeres” para documentar esta reseña, lo primero que me ha llamado la atención es la paupérrima relación premios/nominaciones que tiene, entre los César franceses, los de la Academia Europea de Cine y varios festivales en los que optó a algo. Dicha relación, según esa fuente del saber llamada Wikipedia, es de 4/22, y entre los premios destaca el de la Academia de Cine Europea a la mejor actriz, que recayó sobre el reparto femenino completo. La estatuilla se la deben turnar entre todas, al igual que nuestro querido “Golfito”, que de mano en mano va y ninguno se lo queda. Milagrosamente, no se llevó el premio a mejor actor, y ni siquiera fue nominada a ello en ningún sitio. Quizá influya en ello que sólo intervienen en ella 8 actrices, tal y como indica el título.
La película trata de 8 mujeres y un muerto que yace en su cama con un cuchillaco clavado en la espalda. Es la típica historia de “a ver quién coño lo ha matado, que ha tenido que ser una de nosotras, ya que la casa está aislada por la nieve y nadie puede entrar ni salir”. Las tías estas hablan y discuten: que si tú estabas acá, que si yo estaba allá, que si las perras por aquí, que si las perras por allá, que si la paralítica sale corriendo, que si tú te follabas a la criada siendo la hermana del difunto, que si la hija se follaba a su padre y se queda preñada, que si la esposa lo engañaba con su socio, que si la hermana es bi y además de a la criada, se beneficiaba también al mismo socio que la otra, que si Isabelle Hupert se parece a Elena Bonham-Carter, etc., etc.