lunes, 26 de octubre de 2009

No a la guerra

Propone: Lorena
Comenta: José Antonio

Haz el amor y no la guerra. Ésta es la premisa que plantea MASH, la famosa película de Robert Altman que Lorena nos trajo al Cinegolfa. Se trata de una película del año 1970, época en la que la oposición a la guerra del Vietnam estaba en su máximo esplendor. Este espíritu antibelicista está presente en MASH. Se supone que la acción transcurre en la guerra de Corea (por expresa imposición de los productores de la Fox), pero está bastante claro que estos muchachos están en Vietnam. De todas maneras, hay que decir que la novela en la que se basa, era la biografía de un cirujano destinado en Corea.

MASH narra las andanzas del personal de un hospital de campaña, destinado a intervenir de urgencia a los soldados heridos en el frente. La mayoría de los personajes no están interesados en realizar grandes hazañas bélicas. Está claro que no quieren estar donde están, les importa un rábano la exaltación de los valores patrios y acabar con el comunismo. No respetan la autoridad vigente y, ya que están en el infierno, su meta es hacerlo lo más llevadero posible buscando cualquier pretexto para el cachondeo. No son guapos y van bastante y van bastante desaliñados. Borracheras y sexo es su máxima en sus ratos libres, aunque a la hora de trabajar cumplen escrupulosamente con su deber. Los productores estaban más preocupados en que las escenas de quirófano no fueran muy gore y no se dieron cuenta de la carga de profundidad que lanzaba la película contra la guerra. Dos de los títulos que en ese momento producía la Fox era “Tora, tora, tora” y “Patton”, superproducciones destinadas a ensalzar las hazañas bélicas, aunque la primera de ellas se contara desde el punto de vista de los japoneses.

La película está estructurada a base de episodios, en los que nos van contando las diferentes vivencias del acuartelamiento. Con esta estructura, no es de extrañar que años más tarde hicieran una serie de televisión, que estuvo once temporadas en antena. Altman dejaba improvisar a sus actores en la escena, dando más naturalidad a los diálogos. Dicen que MASH es una de las primeras películas en las que se usa la palabra “fuck” (joder). ¿Se les coló o se puso deliberadamente en el guión? ¿Cómo hubiera sobrevivido Tarantino dirigiendo antes de los 70?
La incorrección política era una de las máximas que tenía la película. Esto ha provocado que hoy en día se le reproche algo de machismo en sus planteamientos. Personalmente, creo que las sensibilidades evolucionan y puede que en ese aspecto quizá se pueda decir que “ha envejecido mal”. Entiendo que se pueda reprochar machismo a una película que acabe de ser estrenada. Pero es que esta película tiene casi cuarenta años. Es como criticar a una película de los años 20 que sea muda. ¡Con lo bien que queda el Dolby y el color! O como criticar el racismo presente en películas de los años 30. O ya puestos el racismo de “El nacimiento de la nación” (1914), considerada obra maestra del séptimo arte y que es una apología del Ku Klux Klan en su parte final. Unos planteamientos de MASH siguen siendo vigentes, otros no. Pero no por ello hay que demonizarla.

martes, 20 de octubre de 2009

¡Cacho carne con ojos!

Propone: Iván
Comenta: Juli

¡Vivan las tetas gordas y abajo los comunistas!

En esa frase se podría resumir la película Vixen! que nos trajo Iván, y aunque esté de acuerdo con ella, no terminó de gustarme esa cinta de pseudo porno de finales de los 60. Con ella comenzó su carrera de director de culto Russ Meyer, haciendo películas en las que aparecen más tetas, normalmente a pares, y muchas veces, más grandes que las de esta película.

Mucha gente afirma que lo de director de culto es una excusa de algunos para deleitarse viendo pechos grandes en pantalla gigante y que no piensen que eres un salido, sino un ser profundamente cultural. Yo estoy de acuerdo con esta afirmación, y como me la suda que me tachen de salido, lo que yo veo es porno directamente, es vez de esta cosa de ni chicha ni limoná.

Y ahora hablaré un poco de la película: combina la frondosidad de los bosques canadienses con los frondosos atributos de la protagonista, mujer de excesos sexuales y devoradora de hombres, para la cual, cualquier momento es bueno para dar rienda suelta a sus pasiones. Habrá quien diga que tiene argumento, pero le doy un euro a quien se acuerde de él. También habla de racismo y de comunismo, rechazando el primero y ridiculizando el segundo. Y no hay más que contar.

martes, 13 de octubre de 2009

Puro Teatro



Propone: Nando
Comenta: Pepe

Especie de manifiesto perrofláutico, Noviembre, la segunda película de Achero Mañas como director, acaba con una frase impresa en pantalla, en letras blancas sobre fondo negro, clara y contundente: “El arte es un arma cargada de futuro”. Al señor Mañas se le olvida, sin embargo, aclarar que es una cita, convenientemente maquillada, del aforismo de Antonio Machado que dice aquello de “La poesía es un arma cargada de futuro”. En mi opinión, este hecho, seguramente fortuito, resume a la perfección el espíritu de toda la película y la sensación que a mi me dejó su visionado. Es decir, nos vende, como si fueran nuevas, cosas que ya hemos visto antes. Pero eso sí, ordenadas y adornadas con cierto talento, cosa que salva la película de ser otro molesto refrito de tópicos del mundillo antisistema.
Así pues, lo mejor de la película es, a mi entender, la manera en que está contada, mezclando la acción que tiene lugar en el presente, contada a la manera clásica, con unas declaraciones directamente hechas a cámara por los personajes, en el futuro, más envejecidos, que son las que van haciendo avanzar la historia. Un recurso que Achero Mañas ya había ensayado en su muy recomendable cortometraje “Cazadores”. La banda sonora, con un tema principal de aires circenses pero melancólicos, también es de lo mejorcito. Las interpretaciones son solventes, tanto las de los mayores, con Juan Diego a la cabeza, como las de los jóvenes, entre los que destacan Ingrid Rubio y Oscar Jaenada. En resumen, el aspecto está muy cuidado y bastante bien logrado. Otra cosa es que yo, y esto es una opinión personal, me crea una sola palabra.

La película narra la formación de una compañía de teatro por parte de un grupo de estudiantes de arte dramático, que pretenden llegar al público que no va a las salas, y remover sus conciencias. Para ello salen a la calle a hacer sus espectáculos, por los que deciden no cobrar nunca, y acaban creando una nueva forma de representación, lo que llaman “teatro documental”, que consiste en confundirse con la realidad hasta el punto de que el público no sepa dónde acaba el teatro y dónde empieza la vida. La historia del grupo, llamado “Noviembre”, es sobre todo la historia de su líder, Alfredo, que irá radicalizando su pensamiento a medida que avanza la película, hasta que al final la situación se vuelve insostenible. Finalmente el sistema puede más y, otra vez, acaba con la utopía. Es triste, pero previsible, porque es que, estimado Sr. Mañas, si un tío se cuela en el escenario del Teatro Real en presencia de los Reyes y desenfunda una pistola, lo que viene a continuación no es el fin de la utopía o el retrato de la maldad de un sistema que persigue y elimina el pensamiento libre, es lisa y llanamente sentido común.

Efectivamente, el arte es un arma cargada de futuro, como ya sabía Machado hace cien años, pero cuando alguien se empeña en decirlo y reiterarlo como ocurre en este caso, el arte no cumple esa función. El artista comprometido es, desde mi punto de vista, aquel que no vuelve la espalda a la realidad e intenta mostrarla con toda su crudeza, y eso ya es bastante denuncia, suficiente compromiso. Un ejemplo soberbio de ello nos lo dio el mismo director en su primer film, El Bola. Lo que hace aquí es otra cosa. Es, dicho llanamente, hacerse el guay. Es una pose. Es puro teatro.