viernes, 7 de enero de 2011

A Hitchcock le gustaban rubias

Propone: Amalia
Comenta: Juli
Y a mi también, aunque también me gustan las morenas y las pelirrojas. Ya se sabe, no hay mujer fea sino copa de menos.
Y tras este alarde de machismo, que dirían algunas, vamos a hablar de "Encadenados", primera y penúltima de las películas que rodó don Alfredo con Ingrid Bergman. La otra película es "Recuerda". Después Hitchcock se dedicaría a filmar otras rubias como Grace Kelly, Kim Novack, Tipi Hedren y algunas más.
Encadenados es un película de amor y espionaje, o de amor entre espías, y transcurre tras la huida a sudamérica de una gran cantidad de dirigentes nazis que buscan, desde el exilio, reconstruir su terrorífico imperio. Magníficos en sus interpretaciones, además de la rubia, Cary Grant y Claude Reims, el tercero en discordia.

El amor, la guerra, la traición y el sacrificio llevado al extremo se juntan en una trama de suspense muy bien llevada. La historia es de una chica que vive en Estados Unidos con su padre, que resulta ser un colaborador nazi. Cuando el guaperas del Cary consigue hacerle ver la verdadera historia de su progenitor, para salvar el honor de su familia y el propio, ella decide colaborar con los yanquis. Para ello, tiene que renunciar a su amor con Cary Grant y se va a Brasil a engatusar a un ricachón nazi que vive de incógnito en Río de Janeiro. Este hombre, vez de hacer lo del Dioni e hincharse a copular con las hembras locales hasta fundirse todos los cuartos, se casa con la muchacha y cede su casa para los trapicheos de sus amigos arios, que conspiran para que llegue el IV Reich (la verdad es que nunca he sabido cuáles fueron el primero y el segundo reich).

Digamos, que eso es a grandes rasgos, la presentación de la película, luego viene el nudo, donde los personejes interactúan y van pasando cosas, y al final, el desenlace, donde se resuelven todos los problemas, ganan los buenos y chica y chico se besan en escena final.
Aplausos y se encienden las luces (Iván y alguna más se despiertan).

¡Ah! ¡Se me olvidaba! Seguro que al leer esto te quedas con la impresión de que falta algo. Efectivamente, falta el dato en común de todas las películas de Hitchcock. ¿Cuándo sale? Pues es un invitado a la fiesta que dan en la mansión de Río, y sale bebiendo champagne (o cava, no estoy seguro). Acompaño la foto por si no te lo crees.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Soy malo porque el mundo me ha hecho así

Propone: Juli
Comenta: José Antonio
Cuando Tim Burton era pequeño quería ser como Vincent Price. Así al menos nos lo cuenta en uno de sus primeros cortos animados, "Vincent". Esta admiración se ha dejado ver luego en otros títulos de su filmografía y de hecho fue con Burton con quien Price hizo uno de sus últimos papeles. El actor era el científico que creó al inocente Eduardo Manostijeras, todo un homenaje al tipo de papeles por el que se ha distinguido. Vincent Price siempre ha estado vinculado al cine de terror de bajo presupuesto. En los 50 y 60 se prodigó en adaptaciones de relatos de Edgar Allan Poe dirigidos por Roger Corman. Siempre ha sido esa especie de cinetífico loco, incomprendido, que sueña con conquistar el mundo. En esta estela, nos llega "Los crímenes del museo de cera", propuesta por Julián para nuestro Cine Golfa, un clásico del cine de terror que tiene el honor de ser la primera en el ahora formato de moda de las 3-D. Toda una paradoja que la primera película en tres dimensiones haya sido dirigida por un director tuerto, pero así es el cine.


Ambientada en un Nueva York decimonónico, la película cuenta la historia de Henry Jarrod, un escultor de figuras de cera que vive por y para sus creaciones. Posiblemente este señor hubiera pasado toda su existencia encerrado en el museo creando muñequitos, pero la codicia del hombre provoca el nacimiento de un monstruo. El socio de Jarrod decide pegar fuego al museo y a todas sus figuras para sacar dinero del seguro. Pero para el pobre escultor el plan es un horror porque es quitarle la vida. Para él, no se trata de simples muñecos, sino que todas sus creaciones son como personas vivas, sus amigos. Jarrod queda horriblemente desfigurado en el incendio tratando sin éxito de salvar su obra. Además las lesiones en las manos le impiden volver a crear más figuras. Sin embargo, a ojos del mundo es una persona físicamente normal pero que ha quedado confinado en una silla de ruedas. Lo cierto es que sí puede andar y una máscara de cera es la que oculta sus cicatrices. Nace así un maníaco obsesionado con la venganza, que mata a aquellos que le robaron su vida y, ya de paso, decide rehacer su colección a base de cadáveres recubiertos de cera. "¡Oh! Parecen reales", piensan los ingenuos visitantes del museo. "Si supieráis", piensa Jarrod mientras elige a quien será su próxima víctima y ríe maliciosamente en su interior.

El maníaco de "Los crímenes del museo de cera" es una mezcla entre Jack el Destripador y el fantasma de la ópera. Un rostro horriblemente desfigurado que viste con una capa negra y un sombrero de ala ancha y que sale por la noche a recopilar víctimas en callejones oscuros. El director André De Toth y Vicent Price hacen una puesta al día (en los años 50, claro) de otra película anterior que había dirigido Michael Curtiz en los años 30 y que en aquellos años se había perdido. Ahora está otra versión también ha podido recuperarse. De Toth calca muchas escenas de la anterior versión, pero suprime algunas tramas que parecían molestar en el desarrollo de la trama.
"Los crímenes del museo de cera" era el intento de la Warner por hacerse un hueco en el mercado del cine de terror para tratar de competir con la Universal. Es un terror sin sangre ni visceras y hoy en día sería impensable que se rodara sin darle el toque de escenas gore. Su estilo será el que marque la estética de otra productora que destacó en las películas de terror, la británica Hammer. También destacar que es una de las primeras películas de Charles Bronson, actor del que me interesan un par de pelis de su filmografía, pero que sé que a Julián le gustará que destaque el dato.

martes, 19 de octubre de 2010

La magnificencia de los años pasa como las flores

Propone: Lorena
Comenta: Juli
Lorena nos trajo una historia romántica china del año 2.000 dirigida por Wong Kar-Wai. El título original traducido literalmente del mandarín sería "La magnificencia de los años pasa como las flores", y en inglés la llamaron In the Mood for Love. Para que luego digan de las traducciones españolas de los títulos...

Esta película forma parte de una trilogía de este director en la que también se engloban las obras "Días salvajes" (Days of Being Wild, 1991) y "2046" (2004). En las 3 narra los amoríos de un escritor (Chow Mo Wan) en Hong Kong. Bueno, y en sus viajes también.

La película que nos ocupa es un relato intimista de dos personas cuyas parejas respectivas se ausentan durante largos períodos. Ellos quieren mantenerse fieles, pero la soledad de esas ausencias conjuntas les lleva a la mutua compañía. El director consigue trasladarnos las sospechas de los protagonistas, sus miedos y sus anhelos, todo ello en la sociedad de las apariencias de los años 60.

Quizá en occidente no estemos preparados para el cine asiático, pero siempre enriquece encontrar obras así de interesantes. Creo recordar que cuando vi la película no terminó de gustarme, tal vez por lo lentas que suceden las cosas; podría decirse que no estás viendo una película, la estás contemplando. Hoy, varios meses después, y tras ver la de 2046, al reflexionar sobre esta película pienso que dejó un poso agradable entre mis recuerdos.



La parte que más me gustó fue la irrupción en escena de una voz impresionante, rasgada y con fuerte acento, cantando aquello de:
Y así pasan los diiías, y yooo desesperaaado, y tuuú, tuú contestaaando, quizás, quizás, quizás.