viernes, 28 de junio de 2013

La maldición del Golfa

Propone: Pedro
Comenta: José Antonio




Hay certámenes que nacen con una leyenda negra después de que se diera la fatal casualidad de que se murieran todas aquellas estrellas a las que rendían homenaje. Durante un tiempo pasó con el Festival de San Sebastián. Artista que homenajeaba, artista que la palmaba. Luego, aunque somos mucho más modestos, nos pasó a nosotros, a nuestro Cineclub Golfa. Pusimos una de Fellini y se murió Fellini; pusimos a Bergman y también la palmó. Todo esto viene al hilo de que hace poco se murió uno de los mitos del cine español y resultó que no habíamos puesto nada de ella. Pero eso da igual. La sombra de la maldición es alargada. Muchos de los seguidores de nuestro Cineclub habían coincidido varios años con la diva en el tradicional viaje que cada año hacen a la Isla de Tabarca. Así que estaba marcada y así es como llegamos al homenaje que Pedro quiso rendir al mito del género castizo español. Hablamos de Sara Montiel y "El último cuplé".


lunes, 13 de mayo de 2013

Pecados sin castigo

Propone: Manuel
Comenta: José Antonio

Hace tiempo que tenía pensado escribir un cometario doble de las películas que teníamos pendientes de Woody Allen en el blog: “Conocerás al hombre de tus sueños” y “Delitos y faltas”. Sin embargo, a la hora de empezar a pensar qué decir, me di cuenta de que eran películas totalmente distintas y que comentarlas conjuntamente era un poco forzado. Digo esto para echar abajo el tópico de que Allen siempre hace la misma peli. El caso es que se me adelantaron y comentaron una de las dos. Como “Conocerás al hombre de tus sueños” ya está “comentada”, hablaré de “Delitos y faltas” que nos trajo Manu. 

En realidad, “Delitos y faltas” se parece más a “Match Point”, algo en lo que muchos caímos el día de la proyección, aunque tienen sus diferencias. Estas dos películas tienen en común que sus protagonistas cometen un asesinato para tratar de esconder un romance clandestino. Mientras que “Match Point” se enmarca en la etapa llamémosla londinense de Allen, “Delitos y faltas” pertenece a los años en los que el director neoyorkino quería ser Ingmar Bergman. En los 80 la obra de Woody Allen era un poco más seria, bailando entre la comedia y el drama. A mediados de los 90, casi diría yo tras divorciarse de Mia Farrow, Allen volvió a la comedia en estado puro y empezó otra etapa dorada de su filmografía. Pero eso es otra historia. Mientras “Match Point” está más cercana al cine negro y a Alfred Hitchcock, “Delitos y faltas” es toda una reflexión filosófica sobre la culpa y la existencia de Dios. En ella se nos cuenta la historia de dos personajes interpretados por Martin Landau y por Woody Allen. En el caso del primero se nos habla de los delitos y de las faltas en el del segundo.

Woody Allen encarna a un director de documentales del montón que deberá hacer uno sobre la figura de su cuñado, un famoso productor de culebrones a quien odia porque en el fondo le envidia. Para colmo los dos se enamoran de la misma mujer, a pesar de que Allen ya está casado. Intentando no destripar demasiado el argumento, diré que al final Allen será despedido y relegado profesionalmente tras hacer un reportaje que ridiculiza a su cuñado. Su esposa le deja y, encima, la mujer de la que se había enamorado acaba con su cuñado, el mismo al que detestaba y que le ha relegado al ostracismo. 

El personaje que interpreta Martin Landau es un reputado oftalmólogo, buen padre de familia y que goza de una buena posición social. Un día se enfrenta a la decisión de encargar el asesinato de su amante que amenaza con contar todo a su esposa. Vencidas las dudas morales, ejecuta el plan. Tras los remordimientos iniciales, acaba dándose cuenta de que nadie le descubrirá nunca y que ningún Dios justiciera bajará del cielo para castigarle por su crimen.

Los dos personajes terminan de forma muy distinta, a pesar de que lo que ha hecho uno es muchísimo más grave que lo del otro. No hay dioses que nos premien por hacer el bien y nos castiguen por hacer el mal, ni un castigo proporcional a nuestros pecados. Ante la falta de dios, sólo una actitud moral y ética ante la vida es lo único que podemos hacer para evitar el caos. Como dicen en uno de los diálogos (la frase no es textual), somos la suma de nuestras decisiones y en función de las que adoptemos nuestra vida irá por un camino u otro. No todas tienen que ser buenas o malas, necesariamente. Unas compensan a las otras y lo que contará será la suma de todas las decisiones al final de nuestra vida. Ésta es la conclusión a las que nos lleva el director sin ningún tipo de lecciones morales y encima arrancándonos alguna carcajada de vez en cuando. Toda una reflexión metafísica sobre el bien y el mal y si nuestras acciones tienen castigos o recompensas. Pero mejor verlo en el vídeo que adjunto, que incluye una de las escenas finales de la película en un diálogo que lo explica todo. Eso es todo amigos.

miércoles, 3 de abril de 2013

Polémica golfa. Hoy: Vértigo, de entre los muertos



Después de un paréntesis bloguero, retomamos la publicación con un doble comentario a cargo de Víctor y Juli, para que os quitéis el mono de golpe, de la inmortal cinta de Hitchcock, que propuso en su día José Antonio ¡Que disfrutéis! 


VÉRTIGO
Comenta: Víctor


Cuando pensé en comentar "Vértigo" se me ocurrió que contaba con una ventaja: se ha escrito tanto sobre la película que uno no necesita presentarla, se puede entrar directamente al trapo de lo que uno quiera comentar. Poner esto de manifiesto parece una buena manera de empezar el comentario, pero ni siquiera es original tampoco: para mi desilusión, resulta que hay al menos una reseña que empieza exactamente así, como esta mía (y como dicha reseña es anterior, esto me convierte en un plagiario --aunque con escasa repercusión y sin ánimo de lucro).

La película no siempre ha obtenido el reconocimiento universal que ahora se le prodiga. Fue un fracaso en su estreno, del que Hitchcock culpó a James Steward por tratarse de un actor demasiado mayor para el papel: Scottie en la novela "D'entre les morts" es un treintañero. Por añadidura, la película no entró en la famosa lista de las "diez mejores" de "Sight & Sound" hasta veincuatro años después de su estreno, y sólo en el 2012 se ha aupado hasta su primer lugar. Parece que en esto del arte las modas, y no los criterios estéticos que nunca pueden ser "objetivos", son las que marcan la pauta.

 
Una anécdota que no sé si será cierta tiene como protagonista a García Márquez: puede decirse que "Vértigo" son en realidad dos películas, la primera se extendería hasta la confesión que hace la voz en off de Madeleine, y otra a partir de entonces en la que el foco se ha desplazado. Cuentan que después de ese momento de revelación, García Márquez se levantó y se fue. Allí acababa todo, la nueva película ya no tenía interés para él. Pero a lo mejor se precipitó: como observa Zizek, he aquí el verdadero genio de Hitchcock, él toma historias como éstas y cuando la historia, siguiendo las reglas narrativas comunes, debería terminar, las cosas continúan.

Hay una extraña lentitud en su rodaje, en su montaje, en su desarrollo en conjunto: es patente en las escenas de la persecución o seguimiento por las calles de San Francisco --que son con las que yo "me quedaría" de la película. Esta lentitud es bastante notoria: Truffaut la contrapone al ritmo de otras películas de Hitchcock, y cuando se le hacía notar esto al propio maestro, no sólo lo admitía como algo deliberado sino que destacaba también su necesidad: porque "contamos la historia desde el punto de vista de un hombre que es un emotivo". En este contexto, parece que alguna de las escenas no se pueda rodar mejor (en la galería de arte, por ejemplo); otras son sobradamente conocidas (en la tienda de flores, por poner otro ejemplo: la mirada como objeto).

Los símbolos, los guiños, proliferan por todas partes (en un primer visionado a mí por lo menos se me escaparon la inmensa mayoría) y forman parte de la riqueza de la película. Por ejemplo, las divertidas alusiones a la sexualidad de Scottie --sufre de impotencia en la novela-- que no sabe qué hacer con el bastón en compañia de Midge y experimenta un ataque de vértigo por sólo subir a un escabel con dibujos de mujeres. El juego y el misterio son los mimbres de esta película.

Y cómo no, también han proliferado las interpretaciones psicoanalíticas, que no me parecen nada esotéricas en este caso. Al fin y al cabo, ¿qué mujer busca Scottie? ¿Judy o Madeleine? ¿Es real o sólo una fantasmagoría "más real (para Scottie) que la propia realidad"? El objeto del deseo nunca puede poseerse (anecdóticamente, este objeto iba a ser Sara Miles, pero ella quedó embarazada y Kim Novak --hoy cuesta imaginar otra Madeleine-- ocupó su lugar). Vemos como, con enorme sutileza cinematográfica, mientras Scottie abraza apasionadamente a Judy transformada en Madeleine, por un breve momento él se aparta como agobiado por alguna duda: el objeto que deseo (Judy-Madeleine), es diferente del objeto que causa mi deseo, de aquello que me hace desearla y de lo que no soy consciente. Scottie quiere estar seguro de que lo que le hace desearla está todavía allí, y es por supuesto el vacío del vértigo. En cierta concepción psicoanalítica de la melancolía hay algo de esto. La paradoja de la melancolía es que todavía tienes a tu pareja pero te comportas como si la hubieras perdido. Podemos conceptualizarla mediante la distinción de Lacan, tienes el objeto pero pierdes el fantasma, pierdes lo que te hace desear ese objeto. Son insondables los caminos de la neurosis.

El final de la película fue también causa de dudas para Hitchcock: en un primer momento, pensó en mostrar a Scottie, después de la muerte (definitiva) de Madeleine, en estado casi catatónico y al cuidado de Midge; más tarde decidió concluir en el campanario. Sus razones tuvo, sin duda.

Como colofón, diré que mi propia emotividad ha tardado mucho tiempo en dejarse seducir por esta película. ¿Las resistencias son expresión de deseo? Da un poco de vértigo --y perdón por la conclusión facilona-- pensar en estas cosas.






¡CUIDAO, QUE SI TE CAES, TE ESLOMAS!
 Comenta: Juli


La leyenda de Hitchcock se fundamenta con obras como esta y con protagonistas como este, aunque estemos más acostumbrados a oír hablar de las “mujeres de Hitchcock”. No en vano, James Stewart colaboró con don Alfred en 4 películas: La soga, El hombre que sabía demasiado, La ventana indiscreta y la que nos ocupa, Vértigo.


El vértigo es un trastorno del sentido del equilibrio caracterizado por una sensación de movimiento rotatorio del cuerpo o de los objetos que lo rodean. Familiarmente este término se utiliza para describir el miedo a las alturas. Es lo que le pasa a nuestro protagonista: a consecuencia de un trauma psicológico desarrolla este vértigo, lo que le lleva a una baja laboral en su trabajo de policía y a una existencia anodina, cuyos mayores divertimentos consisten en sus visitas a una pintora amiga suya (sí, de esas de “solo te quiero como amiga”, aunque ella esté enamorada de él) interpretada por Barbara Bel Geddes.



Pero el destino le aguarda una sorpresa a nuestro Jimmy, en forma de la visita de un antiguo amigo que le pide que investigue a su mujer, una espectacular y bellísima Kim Novak. La película combina a la perfección momentos trepidantes con otros que invitan a la reflexión y el sosiego, escenas memorables y vistas espectaculares del San Francisco de los años 50.




El retrato psicológico de los personajes y la atmósfera que consigue el Mago del Suspense se ve reforzada con la banda sonora de Bernard Herrmann y la fotografía con abundancia de tonos verdosos y rojizos de Robert Burks. Rompe la dicotomía entre el amor y la muerte, al mezclarlos en la mitificación que recrea el protagonista del personaje que interpreta Kim Novak.
 

En resumen, y recurriendo a un símil gastronómico, estaríamos hablando de un jamón de bellota 5Js, y no digo caviar porque es mucho más esnob y los que no estamos acostumbrados a este manjar podemos confundirlo fácilmente con huevas de lumpo.