lunes, 8 de septiembre de 2014

El secreto de la felicidad

Propone: Laura
Comenta: José Antonio


"Es tan pobre que sólo tiene dinero". Ésta es la frase que resume la esencia de "Vive como quieras", la película de Frank Capra que Laura llevó a muestro Cineclub. Con ella, la exótica familia protagonista describe al multimillonario padre del novio de una de sus miembros. "Vive como quieras" reivindica el placer de disfrutar de las cosas sencillas y vivir haciendo aquellas cosas que a uno le gustan. El argumento parte de la historia de amor entre los dos protagonistas que pertenecen a familias de planteamientos y formas de pensar antagónicas.Tony Kirby, interpretado por James Stewart, proviene de una familia de millonarios y empieza a salir con una de sus empleadas, Alice Sycamore, que encarna Jean Arthur. La historia de la familia de ella requiere una explicación. El abuelo Vanderhof decidió hace treinta años que tenía ya suficiente dinero para vivir y se retiró de los negocios para disfrutar de la vida. Cada miembro de la familia se dedica a hacer aquello que más le gusta porque ya tienen sus necesidades básicas cubiertas. El poner a compartir mesa y mantel a las dos familias y el choque de personalidades es el motor que mueve esta comedia que rodó Fank Capra en 1938. Para añadir algo más de tensión al asunto, resulta que el edificio en el que viven es precisamente el único cuyos propietarios se niegan a vender, lo que impide a los Kirby y su empresa ejecutar un pelotazo urbanístico. Resulta cuanto menos curioso que la policía esté investigando a este grupo familiar por considerarlos peligrosos anarquistas, unas personas que lo único que quieren es disfrutar de la vida y hacer aquello que les gusta. La crítica de fondo al capitalismo está latente, ya que parece como si en este sistema lo único que prima es competir con los demás y machacar al rival, acumulando únicamente por el placer de acumular y sin disfrutarlo.



Capra es el máximo exponente de las películas del new deal, obras que pretendían devolver el optimismo y contribuir a la regeneración moral de una sociedad hundida tras la crisis de 1929. Dada la crudeza de aquella recesión, no es de extrañar que muchos de los planteamientos del cine de Capra cobren especial vigencia en los tiempos actuales. "Vive como quieras" fue la primera película de Capra que tuvo a James Stewart como protagonista y para mi era desconocida hasta ahora. Las otras dos colaboraciones entre ambos fueron "El caballero sin espada" y el gran clásico "Qué bello es vivir". En ellas se muestra a individuos enfrentados a un sistema corrupto y para luchar contra él no tienen otra arma que sus principios y su honradez. Puede que algunos tilden a Capra de blandengue, pero yo prefiero que alguna vez ganemos los individuos frente a los poderosos y los corruptos, por mucho que algunos insistan en que en la realidad el sistema acabe aplastando al individuo. Porque a mi también me gusta ir al cine a soñar, aunque no en el sentido en que lo hacen otros miembros del Cineclub de los que no diré nombres. Las películas de Capra son patrióticas, pero sería injusto colocarle la etiqueta de americanadas. Capra defiende ante todo al individuo frente a los sistemas. Al ser Estados Unidos el lugar donde vive, reivindica al ciudadano americano y a su derecho a rebelarse contra instituciones corruptas. No en vano, Estados Unidos era el referente de democracia en los años 30 y no hay que olvidar que en la vieja Europa algunos de sus países habían optado por apoyar regimenes fascistas que estaban legitimados por las urnas. Capra tenía muy claro que una cosa eran los intereses de los ciudadanos de un país y otra los intereses de los gobiernos de turno. Sus personajes son personas humildes, sencillas y trabajadoras dispuestas a hacer los sacrificios que sean necesarios para enfrentarse a las injusticias. Cuentan que en la vida real Capra era una persona profudamente pesimista y que el optimista que trasmitía en sus películas era precisamente la terapia que utilizaba para combatirlo. No sé si al le llegó a funcionar, pero cada vez que termino de ver una de sus películas siempre consigue trasmitirme buen rollito y salir sonriente a la calle. Los finales felices siempre nos hacen recordar que es posible soñar con un mundo mejor.



martes, 2 de septiembre de 2014

Nunca estuvimos solos

Propone: Iván
Comenta: Rubén



Una de las últimas propuesta de Iván para nuestro cineclub fue Otra Tierra, película de reciente factura, pues data de 2011, dirigida por Mike Cahill quien también co-escribió el guión junto a Brit Marling la cual ganó el premio a la mejor actriz por esta película en el Festival de Sitges en el año de su estreno. La película cuenta en su haber, además de este galardón, el premio especial del jurado del Festival de Sundance; el de sección oficial largometrajes a concurso en el Festival de Locarno y un par de nominaciones, una al mejor director en los premios Gotham y otra a la mejor ópera prima y mejor guión novel en los Independent Spirits Awards.


A veces, las películas que nuestro compañero nos trae albergan más filosofía de la que nos pensamos. Una filosofía que pasa desapercibida, una filosofía que, a lo mejor, sólo es una sensación mía. Y tal vez por eso, cuando vimos esta película recordé la teoría de los tres mundos o tres clases de realidad del filósofo austro-británico Karl Popper.


Según este pensador, tres son las clases de realidad: el mundo 1 (de los fenómenos físicos), el mundo 2 (de los fenómenos mentales) y el mundo 3 (de los fenómenos culturales). Para él, una vez que tenemos materia, nuestra mente adquiere cierta libertad que le permite actuar sobre ella misma y sobre los otros mundos, a la sazón el material y el cultural. Igualmente, los fenómenos físicos o la materia pueden afectar a la mente a través del cerebro y los fenómenos mentales pueden, a su vez, producir ciertos cambios físicos. Una estado báquico de la conciencia (forma algo rebuscada para indicar una intoxicación etílica) o una faz ruborizada pueden servir de ejemplo respectivo. O bien la idea que tiene un arquitecto para una casa (mundo 2, fenómeno mental), la realización material de esa casa (mundo 1, fenómeno físico-material) y la estructura o distribución de la casa (mundo 3, fenómeno cultural). Por cierto, los tres mundos son interactivos entre sí pero irreductibles.
No se puede negar que el mundo 1 ha sufrido diversos y hasta abundantes cambios por efecto de las ideas mentales, o que el mundo 2, nuestras propias vivencias subjetivas, puede alterarse también por influjo y acción de ellas, de las mismas ideas que la mente ha generado y de las diversas implicaciones inesperadas que, tal vez mucho tiempo después de desaparecida esa mente originaria, otra mente es capaz de actualizar a través de su lectura en un libro. Asimismo, las teorías científicas, filosóficas y el arte pueden influir sobre los otros dos mundos.

Y todo esto porque en este film, de repente, surge otra Tierra en el universo. No aparece un planeta habitable o habitado, no. Otra Tierra exactamente igual a la nuestra, con sus mismos habitantes y accidentes geográficos. Es como un reflejo de la nuestra pero con entidad. A lo largo de la cinta se recurre a diversas teorías para explicar este fenómeno. Y ante este panorama, mi retorcida mente empezó a elucubrar que nuestra Tierra sería el mundo 1, la otra Tierra, sin ser un fenómeno mental, yo la asociaría al mundo 2 en parte porque supone una solución imaginativa, y finalmente, el mundo 3 sería nuestra situación cultural. Es bastante difícil defender esta idea sin ser un aguafiestas contador de finales, pero espero que los que la vieron, pueda comentar.


Por cierto, para el concepto de alteridad mejor leer a Simone de Beauvoir y su libro El segundo sexo

miércoles, 20 de agosto de 2014

Corazón Glam

Propone: Altea
Comenta: José Antonio




Queríamos cambiar el mundo y el mundo nos acabó cambiando a nosotros. Aunque la película habla de muchas más cosas, creo que ésta es la clave de "Velvet Goldmine". Una peli que nos trajo a nuestro Cine Club tiempo atrás Altea. Protagonizada por Jonathan Rhys Meyers, Ewan McGregor, Muriel, digooo Toni Collette y Christian Bale, entre otros, esta película de 1998 está ambientada en los inicios de la música glam a finales de los 60 para mostrarnos el ascenso a lo alto de la fama de sus cantantes protagonistas, para acabar con su decadencia durante los 70 y hasta la traición de los principios que defendían. La película repasa la historia de un músico imaginario llamado Brian Slade y que encarna Jonathan Rhys Meyers. Inicialmente iba a ser una biografía de David Bowie y el personaje que creó en sus inicios, Ziggy Stardust. Sin embargo, Bowie se desmarcó del proyecto porque tenía su propia idea para otra película. De esta manera, Velvet Goldmine se libera del condicionante de la realidad y permite a la película llevar a sus personajes a situaciones a las que jamás habría podido de haber figurado éstos con sus nombres y apellidos reales. Porque si Slade es Bowie, Kurt Wilde, otro de los protagonistas que interpreta Ewan McGregor, es Iggy Pop y tengo que admitir que ahora mismo no sé muy bien quién era el personaje imaginario de Lou Reed, ni siquiera si sale. Rhys Meyers interpreta a un personaje hedonista, egocéntrico, que no duda en manipular a todos los que tiene a su alrededor para sus propios fines. Recuerda bastante al protagonista de otro musical, que triunfó en nuestro Cineclub: Hedwig And The Angry Inch. Ignoro si la película es o no del agrado de Bowie, pero lo cierto es que no hay ni una sola canción suya en toda el metraje, a pesar de que lleva el título de una de ellas. La gran banda sonora cuenta con un amplio repertorio de temazos de otros grupos y artistas de la época: Lou Reed, Roxy Music, Iggy Pop, Bryan Eno, etc, más alguna canción compuesta expresamente para la ocasión.


La cinta empieza en los años 80 para retroceder en el tiempo con flashbacks que nos van contando la historia del auge y supuesta caída de la estrella. Un jovencito Christian Bale es un periodista que recibe el encargo de hacer un reportaje sobre la figura del mítico cantante Brian Slade que diez años antes fingió su propio asesinato en el escenario para incrementar su fama. El fraude se descubrió al poco tiempo y hundió la carrera del cantante. Desde entonces, Slade ha desaparecido de la faz de la tierra sin que nadie le haya vuelto a ver. Como en Ciudadano Kane, el periodista empieza e investigar la vida del cantante con el fin de reconstruir su trayectoria y averiguar cuál fue su paradero. Entre flashbacks de los amigos de Slade que son entrevistados por el reportero, imágenes de sus conciertos y recuerdos de lo que esa música significó para el personaje del periodista en su juventud va transcurriendo la historia, sin que llegue a haber un guión lineal. Nos sumergimos en un universo de trajes de purpurina, zapatos de plataformas y labios carmín, en el que los cantantes se lanzan en una competición de a ver quién logra ir más allá y consigue la hazaña más escandalosa. Una época en que salir del armario ya no era someterse a una lapidación en la plaza pública. Un sueño para muchos homosexuales que veían a estos cantantes y grupos como ídolos porque triunfaban presumiendo de lo que ellos trataban de ocultar. Sin saber que a veces esa propia homosexualidad formaba parta del espectáculo. Slade está casado con una mujer. Es bastante claro que se trata de un matrimonio sin amor y por puro interés. Pero por otro lado, ¿cuánto de la faceta homo de Slade, no es también otro reclamo para seguir escandalizando a la sociedad y seguir manteniendo la atención de los focos?


David Bowie "mató" a Ziggy Stardust anunciando en medio de un concierto que aquella sería su última actuación. Una verdad a medias, Bowie sólo abandonaba el personaje y seguía su carrera bajo una nueva identidad. Brian Slade finge su muerte en el escenario supuestamente tiroteado por un fan y acaba con el personaje que había creado y le dio fama. Pero la ficción del montaje no dura ni 24 horas y el mito cae. El periodista logra averiguar la identidad actual de la desaparecida estrella, un cantante country que se fotografía con Ronald Reagan (vamos, conservadurismo en estado puro). Una realidad que los propios protagonistas tratan de ocultar al mundo y de la que se avergüenzan. De ahí la frase con la que empezaba este comentario. No sé si la intención del director es la de criticar a Bowie, o simplemente si se trata de la historia de un personaje de ficción aprovecha para cambiar los hechos de manera que pueda decir el mensaje que buscaba: el cambio de una generación que acabó traicionando los princpios que defendía. Tras los aires de libertad de los 60 y los 70, llegaron los 80, los años del ultraconservadurismo. En esto, como en otras cosas, en España fuimos al revés que todo el mundo. O simplemente lo aplicamos diez años más tarde.Y mientras tanto, sigue el espectáculo.