domingo 22 de noviembre de 2009

No hay cuchara


Propone: Laura.
Comenta: José Antonio.

No hay cuchara. Bajo esta frase tan aparentemente sin sentido reside la esencia de lo que es Matrix, una de las últimas sagas cinematográficas que nos dejaron los 90.
Laura quiso traernos al Golfa para su trilogía sobre el hombre y la máquina la primera parte de esta trilogía de los hermanos Wachowsky.

Neo es nuestro protagonista y héroe, que un día descubre que la realidad no es tal como él la percibe. Algo no encaja y no sabe qué. Y el problema es precisamente ése, que no hay cuchara. No hay cuchara porque el mundo tal como lo vemos es un entorno de realidad virtual. Nuestros cuerpos están permanentemente dormidos viviendo dentro de una simulación informática y su única función es servir como energía a un mundo dominado por las máquinas. En definitiva, no hay cuchara.

Una vez que eres consciente de esa realidad, puedes ser capaz de influir en ella y conseguir proezas inimaginables. Saltar, volar, esquivar balas y todo lo que se te ocurra, porque no hay cuchara.
Matrix coge un montón de referencias de varios sitios, los agita, los combina y forma algo totalmente nuevo. Para mezclar estos elementos, el usar la cucharilla o no es opcional.
El hombre ha sido sometido por las máquinas y debe empezar la guerra para su liberación. Neo es el elegido para liberarnos de la tiranía tecnológica. A lo largo de las tres películas, vemos un poco de Terminator, el mito de la caverna de Platón, música tecno, escenas de acción sacadas del cine oriental, Star Wars, la Marvel, Dragon Ball, Alicia en el país de las maravillas, Alien y un sinfín de referencias que ya ni me acuerdo. Ah sí y la cuchara atómica (un mal chiste, lo siento).

Muchos reprochan a Matrix que no ofrece nada nuevo, sino que copia de otras fuentes. Yo creo que su gran virtud es hacer algo totalmente nuevo con ese material en el que se inspira. La filosofía se va entrelazando con un producto de acción trepidante.

Dejando aparte el argumento, también la película ha hecho historia porque da la sensación de que el DVD fue un aparato que se inventó para verla en casa. Matrix acaba con el video y abre la era digital. El VHS casi no existe, pero quedan millones de cucharas.

Además Matrix llegó a arrasar frente a La Guerra de las Galaxias, cuya primera parte de la nueva trilogía se estrenó precisamente ese mismo año. En todos los aspectos, Matrix le pega mil patadas a La Amenaza Fantasma. George Lucas iba a terreno conquistado, sin tener en cuenta que llevaba más de veinte años sin ponerse detrás de las cámaras. Y perdió, claro. Sin Matrix, a lo mejor hubiéramos soportado más Jar Jar Binks en las otras dos películas, ¿quién sabe?

Luego los hermanos Wachowsky también se confiaron e hicieron Speed Racer, que fue un batacazo en toda regla (Visualmente es muy interesante pero la película es infantilona). Y claro, desde entonces no han vuelto a hacer nada. ¿Habrán tenido que empeñar la cuchara?

miércoles 18 de noviembre de 2009

¿Hay vida más allá de Pixar?

Propone: Virginia
Comenta: Pepe

En los últimos años el cine de animación se ha visto copado casi en su totalidad por las películas realizadas digitalmente, con la factoría Pixar siempre en vanguardia, pues nos está empezando a acostumbrar a una nueva obra maestra con cada nuevo lanzamiento. Su secreto, a mi entender, es el de siempre en las buenas películas: poner la técnica (impecable) al servicio de un guión sólidamente construido, y no al revés. Por eso es fácil que con su deslumbrante presencia eclipse todo lo demás que se hace en el terreno de la animación, y por eso el título de este post está encerrado entre signos de interrogación. Sin embargo, la respuesta a la pregunta ha de ser un rotundo sí. Y hoy traemos un ejemplo desde el otro lado del mundo: El viaje de Chihiro.
Cuando hablamos de animación japonesa (lo que los entendidos llaman “anime” y no “manga”) es imprescindible citar el nombre de Hayao Miyazaki y, como ejemplo de su maestria, la que quizás sea su obra cumbre, o al menos la más conocida, este Viaje de Chihiro que hoy comentamos, y que fue la primera película de animación que ganó el Oso de oro del festival de Berlín. A Miyazaki se le ha llamado, de forma bastante reduccionista, el Walt Disney japonés, quizás para intentar alejarlo de la imagen más violenta (o incluso pornográfica) que en occidente tenemos del cine japonés de animación, ya que sus obras están repletas de una imaginación desbordante y una belleza abrumadora, una especie de dulzura nada empalagosa y una sensibilidad muy especial que es capaz de emocionar por igual a niños y mayores. En sus películas también hay una sólida historia y una técnica impecable, con el encanto añadido de la animación tradicional, esa que consiste en que alguien, con los apoyos tecnológicos que queráis, se sienta delante de una mesa y dibuja 24 fotogramas para cada segundo de película, lo que vienen a ser 86400 dibujos por hora de proyección.
En cuanto a la película, que nos trajo Virginia, narra el viaje de la protagonista hacia una especie de país de las maravillas dónde conocerá la amistad, la responsabilidad, el trabajo, la aventura y el amor, entre otras cosas. Como Alicia, Chihiro realiza también un viaje de autoconocimiento, un viaje hacia la madurez y hacia la construcción de su propia identidad. De por medio, se pueden extraer multitud de reflexiones psicológicas, sociales e incluso filosóficas; desde la forma que tiene la bruja de someter a sus esclavos (robándoles el nombre), a ese monstruo aterrador que sólo necesita que alguien le quite la mierda que tiene dentro. Es impresionante, por seguir dando ejemplos, la secuencia del tren, el viaje dentro del viaje, con esas fantasmales estaciones de las que suben y bajan seres traslúcidos, quizás almas en tránsito (uno de esos detalles inquietantes que Miyazaki introduce y no explica) que culmina con el descubrimiento de que la maldad y la bondad tienen la misma forma, es decir, sólo se pueden reconocer indagando. El viaje de Chihiro es una película hermosa, lúcida, edificante, didáctica, divertida, poética, emocionante, profunda, humana. En una palabra, imprescindible.

domingo 15 de noviembre de 2009

El cuarto ángel

Propone: Alberto
Comenta: Juli
Así se llamaba el tostón deslavazado que nos trajo Alberto en su día. Y es que cuando el comportamiento del público que abarrota el salón de Miguel, al finalizar la proyección, se resume en suspiros de alivio y en ocasionales exclamaciones del tipo: “¡Por fin!” es señal de que algo falla. Es en esas ocasiones donde lo mejor de la película consiste en mirar las jetas del personal asistente, esas miradas entre perplejas e indignadas, esos: “¡Pero tío! ¿Por qué nos pones esto? ¿Te caemos mal?” Incompresiblemente, es en situaciones como la de aquel día cuando el debate es más animado, pero siempre sobre temas que no tienen nada que ver con el cine, sino con la sensación de tortura a la que hemos estado expuestos. Aunque he de reconocer que ese día en concreto sí se hizo algún comentario sobre la película. Las conclusiones fueron principalmente tres:
-¡Qué bajo ha caído Jeremy Irons para poder protagonizar esta sucesión de secuencias mal hilvanadas cuyo guión parece dar saltos inexplicables cual La Isla de Perdidos!

-¡El que hizo el montaje de las escenas se cubrió de gloria! Me pregunto si le pagaron por ese popurrí de secuencias sin ton ni son en que ha quedado convertida la película.
-¿Os habéis fijado? Sale Brandon, el de Sensación de Vivir.

Podría alargarme criticando con más saña el bodrio este, pero lo breve, si bueno, dos veces bueno, y lo malo, si breve, no se hace tan pesado (John Irvin, aplícate el cuento).

De todas formas, esta peli no va a pasar a los anales del Golfa (¡qué frase más fea!) como una de las grandes antigolfas. No vale ni para eso.

lunes 9 de noviembre de 2009

Golferas, perdón, Goodfellas

Propone: Pepe

Comenta: Juli

Para mí, ser gangster era muchísimo mejor que ser presidente de los Estados Unidos…”

En esta frase del personaje Henry Hill (voz en off – Ray Liotta), se podría resumir el estilo de vida de los protagonistas de esta película de Scorsesse, soberbias actuaciones del siempre soberbio DeNiro, del siempre gángster Liotta, y del sorprendente Pesci, que ganó el Oscar al Mejor Actor Secundario, y digo sorprendente porque en las demás películas que he visto de él, me ha parecido el típico graciosillo casposo.

La película narra la vida y vicisitudes de estos tres gángsters, desde sus comienzos hasta su declive, con el buen hacer del director neoyorquino, retratando las costumbres de la mafia de la ciudad de los rascacielos según el libro Wiseguy, escrito por su coguionista Nicholas Pileggi.

Lujo, ostentación, honor, crueldad, se dan cita en esta película para mostrarnos el lado más amable y a la vez, el lado más oscuro de esta especie de sociedad paralela basada en la extorsión, el chantaje y conseguir lo que quieren a costa de lo que sea, siempre y cuando, claro está, que se respete su código del honor.

¡Pobre Joe Pesci! Que se le va la mano cargándose gente y al final se carga hasta uno de la familia. Después, cuando intenta parar una bala con la nuca, no lo consigue y se le sale por la frente. Claro, se muere.

Os dejo un youtube con los mejores momentos de la peli. Miradlo y gozad.

Y si quereis gozar más, esto no es una página porno, así que probad en otro sitio.

jueves 5 de noviembre de 2009

Motín en la cárcel

Propone: Alberto
Comenta: José Antonio
Si Japón está demostrando que es capaz de hacer grandes películas de terror, Brasil está ofreciendo más que notables aportaciones al cine negro. Ciclos atrás disfrutábamos en el Golfa de "Ciudad de Dios" y ahora recientemente Alberto nos trajo "Carandiru". Estos países tan exóticos para la industria cinematográfica abren nuevos caminos, que nada tienen que envidiar al Hollywood más clásico. Al clásico digo, porque ahora parece haberse convertido en una factoría de videojuegos de la Play Station.
"Carandiru" es un drama carcelario basado en hechos reales, que narra la matanza de presos que hubo en la prisión del mismo nombre en el año 1992. Su objetivo es remover conciencias. Una cárcel con 7.000 reclusos y con capacidad para 4.000. Aquí en Alicante, ya vamos por ese camino, con hasta cuatro reclusos por celda. El director es Hector Babenco que ya hizo para los yankis “El beso de la mujer araña”. La historia está narrada en dos partes bien diferenciadas. En la primera, nos van contando la vida de los presos. Quiénes son, cómo eran antes de estar allí, cómo viven en la prisión. En la segunda parte, de la manera más tonta empieza un motín en la cárcel que acaba en un baño de sangre.

La primera parte de la historia está destinada a identificarte con los personajes. Está el patriarca de la cárcel, al que todos piden consejo; el vividor que está casado con varias mujeres; el travesti, que acaba encontrando el amor de su vida entre rejas; el médico que trata de ayudar a que el virus del sida no se extienda más entre los reclusos y que realmente se preocupa por ellos, etc. La verdad es que con algunos no se sabe muy bien donde estarán mejor si dentro o fuera de prisión. No hay personajes verdaderamente malvados, un tópico al que fácilmente se podría acudir en un drama carcelario. Estos pobres reclusos, son producto de la pobreza, no de la maldad.
Superada esta parte de escenas cotidianas de la vida de la cárcel, comienza la segunda. Fueron 111 los presos asesinados por la policía brasileña. Como el espectador ya ha empezado a familiarizarse con estos personajes, el impacto es brutal. La respuesta policial es totalmente desproporcionada. El motín empieza como un juego y no llegan a generarse situaciones de riesgo. Sin embargo, para la dirección del penal la situación está fuera totalmente de control y están desbordados por el elevado número de reclusos. No les queda otro remedio que llamar al ejército, que se abre paso a tiro limpio llegando a disparar a gente que de rodillas se rinde ante ellos. A raíz del sangriento suceso la cárcel acabó clausurándose y fue demolida poco antes de que se estrenara esta película en la gran pantalla.

lunes 26 de octubre de 2009

No a la guerra

Propone: Lorena
Comenta: José Antonio

Haz el amor y no la guerra. Ésta es la premisa que plantea MASH, la famosa película de Robert Altman que Lorena nos trajo al Cinegolfa. Se trata de una película del año 1970, época en la que la oposición a la guerra del Vietnam estaba en su máximo esplendor. Este espíritu antibelicista está presente en MASH. Se supone que la acción transcurre en la guerra de Corea (por expresa imposición de los productores de la Fox), pero está bastante claro que estos muchachos están en Vietnam. De todas maneras, hay que decir que la novela en la que se basa, era la biografía de un cirujano destinado en Corea.

MASH narra las andanzas del personal de un hospital de campaña, destinado a intervenir de urgencia a los soldados heridos en el frente. La mayoría de los personajes no están interesados en realizar grandes hazañas bélicas. Está claro que no quieren estar donde están, les importa un rábano la exaltación de los valores patrios y acabar con el comunismo. No respetan la autoridad vigente y, ya que están en el infierno, su meta es hacerlo lo más llevadero posible buscando cualquier pretexto para el cachondeo. No son guapos y van bastante y van bastante desaliñados. Borracheras y sexo es su máxima en sus ratos libres, aunque a la hora de trabajar cumplen escrupulosamente con su deber. Los productores estaban más preocupados en que las escenas de quirófano no fueran muy gore y no se dieron cuenta de la carga de profundidad que lanzaba la película contra la guerra. Dos de los títulos que en ese momento producía la Fox era “Tora, tora, tora” y “Patton”, superproducciones destinadas a ensalzar las hazañas bélicas, aunque la primera de ellas se contara desde el punto de vista de los japoneses.

La película está estructurada a base de episodios, en los que nos van contando las diferentes vivencias del acuartelamiento. Con esta estructura, no es de extrañar que años más tarde hicieran una serie de televisión, que estuvo once temporadas en antena. Altman dejaba improvisar a sus actores en la escena, dando más naturalidad a los diálogos. Dicen que MASH es una de las primeras películas en las que se usa la palabra “fuck” (joder). ¿Se les coló o se puso deliberadamente en el guión? ¿Cómo hubiera sobrevivido Tarantino dirigiendo antes de los 70?

La incorrección política era una de las máximas que tenía la película. Esto ha provocado que hoy en día se le reproche algo de machismo en sus planteamientos. Personalmente, creo que las sensibilidades evolucionan y puede que en ese aspecto quizá se pueda decir que “ha envejecido mal”. Entiendo que se pueda reprochar machismo a una película que acabe de ser estrenada. Pero es que esta película tiene casi cuarenta años. Es como criticar a una película de los años 20 que sea muda. ¡Con lo bien que queda el Dolby y el color! O como criticar el racismo presente en películas de los años 30. O ya puestos el racismo de “El nacimiento de la nación” (1914), considerada obra maestra del séptimo arte y que es una apología del Ku Klux Klan en su parte final. Unos planteamientos de MASH siguen siendo vigentes, otros no. Pero no por ello hay que demonizarla.

martes 20 de octubre de 2009

¡Cacho carne con ojos!

Propone: Iván
Comenta: Juli

¡Vivan las tetas gordas y abajo los comunistas!

En esa frase se podría resumir la película Vixen! que nos trajo Iván, y aunque esté de acuerdo con ella, no terminó de gustarme esa cinta de pseudo porno de finales de los 60. Con ella comenzó su carrera de director de culto Russ Meyer, haciendo películas en las que aparecen más tetas, normalmente a pares, y muchas veces, más grandes que las de esta película.

Mucha gente afirma que lo de director de culto es una excusa de algunos para deleitarse viendo pechos grandes en pantalla gigante y que no piensen que eres un salido, sino un ser profundamente cultural. Yo estoy de acuerdo con esta afirmación, y como me la suda que me tachen de salido, lo que yo veo es porno directamente, es vez de esta cosa de ni chicha ni limoná.

Y ahora hablaré un poco de la película: combina la frondosidad de los bosques canadienses con los frondosos atributos de la protagonista, mujer de excesos sexuales y devoradora de hombres, para la cual, cualquier momento es bueno para dar rienda suelta a sus pasiones. Habrá quien diga que tiene argumento, pero le doy un euro a quien se acuerde de él. También habla de racismo y de comunismo, rechazando el primero y ridiculizando el segundo. Y no hay más que contar.

martes 13 de octubre de 2009

Puro Teatro



Propone: Nando
Comenta: Pepe

Especie de manifiesto perrofláutico, Noviembre, la segunda película de Achero Mañas como director, acaba con una frase impresa en pantalla, en letras blancas sobre fondo negro, clara y contundente: “El arte es un arma cargada de futuro”. Al señor Mañas se le olvida, sin embargo, aclarar que es una cita, convenientemente maquillada, del aforismo de Antonio Machado que dice aquello de “La poesía es un arma cargada de futuro”. En mi opinión, este hecho, seguramente fortuito, resume a la perfección el espíritu de toda la película y la sensación que a mi me dejó su visionado. Es decir, nos vende, como si fueran nuevas, cosas que ya hemos visto antes. Pero eso sí, ordenadas y adornadas con cierto talento, cosa que salva la película de ser otro molesto refrito de tópicos del mundillo antisistema.
Así pues, lo mejor de la película es, a mi entender, la manera en que está contada, mezclando la acción que tiene lugar en el presente, contada a la manera clásica, con unas declaraciones directamente hechas a cámara por los personajes, en el futuro, más envejecidos, que son las que van haciendo avanzar la historia. Un recurso que Achero Mañas ya había ensayado en su muy recomendable cortometraje “Cazadores”. La banda sonora, con un tema principal de aires circenses pero melancólicos, también es de lo mejorcito. Las interpretaciones son solventes, tanto las de los mayores, con Juan Diego a la cabeza, como las de los jóvenes, entre los que destacan Ingrid Rubio y Oscar Jaenada. En resumen, el aspecto está muy cuidado y bastante bien logrado. Otra cosa es que yo, y esto es una opinión personal, me crea una sola palabra.

La película narra la formación de una compañía de teatro por parte de un grupo de estudiantes de arte dramático, que pretenden llegar al público que no va a las salas, y remover sus conciencias. Para ello salen a la calle a hacer sus espectáculos, por los que deciden no cobrar nunca, y acaban creando una nueva forma de representación, lo que llaman “teatro documental”, que consiste en confundirse con la realidad hasta el punto de que el público no sepa dónde acaba el teatro y dónde empieza la vida. La historia del grupo, llamado “Noviembre”, es sobre todo la historia de su líder, Alfredo, que irá radicalizando su pensamiento a medida que avanza la película, hasta que al final la situación se vuelve insostenible. Finalmente el sistema puede más y, otra vez, acaba con la utopía. Es triste, pero previsible, porque es que, estimado Sr. Mañas, si un tío se cuela en el escenario del Teatro Real en presencia de los Reyes y desenfunda una pistola, lo que viene a continuación no es el fin de la utopía o el retrato de la maldad de un sistema que persigue y elimina el pensamiento libre, es lisa y llanamente sentido común.

Efectivamente, el arte es un arma cargada de futuro, como ya sabía Machado hace cien años, pero cuando alguien se empeña en decirlo y reiterarlo como ocurre en este caso, el arte no cumple esa función. El artista comprometido es, desde mi punto de vista, aquel que no vuelve la espalda a la realidad e intenta mostrarla con toda su crudeza, y eso ya es bastante denuncia, suficiente compromiso. Un ejemplo soberbio de ello nos lo dio el mismo director en su primer film, El Bola. Lo que hace aquí es otra cosa. Es, dicho llanamente, hacerse el guay. Es una pose. Es puro teatro.