martes, 2 de septiembre de 2014

Nunca estuvimos solos

Propone: Iván
Comenta: Rubén



Una de las últimas propuesta de Iván para nuestro cineclub fue Otra Tierra, película de reciente factura, pues data de 2011, dirigida por Mike Cahill quien también co-escribió el guión junto a Brit Marling la cual ganó el premio a la mejor actriz por esta película en el Festival de Sitges en el año de su estreno. La película cuenta en su haber, además de este galardón, el premio especial del jurado del Festival de Sundance; el de sección oficial largometrajes a concurso en el Festival de Locarno y un par de nominaciones, una al mejor director en los premios Gotham y otra a la mejor ópera prima y mejor guión novel en los Independent Spirits Awards.


A veces, las películas que nuestro compañero nos trae albergan más filosofía de la que nos pensamos. Una filosofía que pasa desapercibida, una filosofía que, a lo mejor, sólo es una sensación mía. Y tal vez por eso, cuando vimos esta película recordé la teoría de los tres mundos o tres clases de realidad del filósofo austro-británico Karl Popper.


Según este pensador, tres son las clases de realidad: el mundo 1 (de los fenómenos físicos), el mundo 2 (de los fenómenos mentales) y el mundo 3 (de los fenómenos culturales). Para él, una vez que tenemos materia, nuestra mente adquiere cierta libertad que le permite actuar sobre ella misma y sobre los otros mundos, a la sazón el material y el cultural. Igualmente, los fenómenos físicos o la materia pueden afectar a la mente a través del cerebro y los fenómenos mentales pueden, a su vez, producir ciertos cambios físicos. Una estado báquico de la conciencia (forma algo rebuscada para indicar una intoxicación etílica) o una faz ruborizada pueden servir de ejemplo respectivo. O bien la idea que tiene un arquitecto para una casa (mundo 2, fenómeno mental), la realización material de esa casa (mundo 1, fenómeno físico-material) y la estructura o distribución de la casa (mundo 3, fenómeno cultural). Por cierto, los tres mundos son interactivos entre sí pero irreductibles.
No se puede negar que el mundo 1 ha sufrido diversos y hasta abundantes cambios por efecto de las ideas mentales, o que el mundo 2, nuestras propias vivencias subjetivas, puede alterarse también por influjo y acción de ellas, de las mismas ideas que la mente ha generado y de las diversas implicaciones inesperadas que, tal vez mucho tiempo después de desaparecida esa mente originaria, otra mente es capaz de actualizar a través de su lectura en un libro. Asimismo, las teorías científicas, filosóficas y el arte pueden influir sobre los otros dos mundos.

Y todo esto porque en este film, de repente, surge otra Tierra en el universo. No aparece un planeta habitable o habitado, no. Otra Tierra exactamente igual a la nuestra, con sus mismos habitantes y accidentes geográficos. Es como un reflejo de la nuestra pero con entidad. A lo largo de la cinta se recurre a diversas teorías para explicar este fenómeno. Y ante este panorama, mi retorcida mente empezó a elucubrar que nuestra Tierra sería el mundo 1, la otra Tierra, sin ser un fenómeno mental, yo la asociaría al mundo 2 en parte porque supone una solución imaginativa, y finalmente, el mundo 3 sería nuestra situación cultural. Es bastante difícil defender esta idea sin ser un aguafiestas contador de finales, pero espero que los que la vieron, pueda comentar.


Por cierto, para el concepto de alteridad mejor leer a Simone de Beauvoir y su libro El segundo sexo

5 comentarios:

JULI dijo...

¿En la otra Tierra hay isla de Perdidos y al final resulta que todo es un sueño como en Los Serrano?

Pep Sirvent dijo...

Yo, que nunca he probado el popper ese, pensé en el mundo platónico de las ideas. Un lugar del que somos una copia imperfecta...

Rubén dijo...

¿Y cuál sería el Mundo Sensible y cual el Inteligible?

J. Antonio dijo...

En la otra Tierra el final de Perdidos encantó a todo el mundo y era el mismo.

JULI dijo...

A todos menos a tu otro yo, jejeje.