Comenta: Pepe
Hace unos meses se puso de moda en una conocida red social de Internet, es decir en Facebook, hacerse fan de páginas que empezaban como el título de este post, hasta el punto de convertirse en todo un fenómeno digno de análisis, o no. Entre la ironía y el homenaje, tuvieron su momento de gloria, salieron en los periódicos, alguien hizo una exposición fotográfica y seguro que se pensó en hacer una película sobre ellas. El problema es que la película ya existe, la dirigió Herbert Ross en 1989 y se llama Magnolias de Acero.
La película se centra en las vidas cotidianas de un grupo de amigas de edades variopintas en una pequeña ciudad del sur de Estados Unidos. La cotidianidad aquí está pasada por el filtro de Hollywood, estilizada, con un extra de bondad y belleza. No en vano la sociedad está reflejada a través de sus pequeños y grandes rituales, el paso del tiempo está marcado por las fiestas y la visión del escenario está profundamente idealizada (un Sur sin negros).
Pero a pesar de eso te la crees, entras al trapo que te tiende el director, te hinchas a reír y a llorar, te encariñas de estas señoras que discuten en la peluquería, se pelean en las bodas y se reconcilian en los funerales. La fuerza y el encanto de esta clásica tragicomedia tiene mucho que ver con el buen hacer de un reparto femenino memorable. Sally Field, Olympia Dukakis, Shirley McLaine, Daryl Hannah, Dolly Parton y Julia Roberts encabezan el cartel.
Entre todas dan entidad a esta película que a la postre se convierte en una exaltación de la amistad, un canto a la solidaridad entre las vecinas, un poco la antípoda de lo que actualmente es una serie como Mujeres desesperadas. A mi ahora, pensando en ellas, me queda la duda de si esas señoras serían igual de encantadoras si se les mudaran al lado los de Modern Family, pongamos por caso. Pero es ahora, porque cuando vi la película acabé con unas ganas enormes de llamar a mi abuela para decirle lo mucho que la quiero. Facilón que es uno.




