viernes, 22 de febrero de 2008

La crítica de la razón dura (El manantial)


Propone: David.
Comenta: Iván.

Monas y monos opónganse cómodos. Comienza la función, arriba: el telón (¿social?) Tras el espacio la pared. Es decir, la séptima nota. Sí: afirmo. Parece más fácil y no es menos arte. Sobre la película, su propio color: gris. La venganza es difícil aliada, el corporativismo peor consejero. Del final, cuestión de pasión, uno que dice, el otro que cuenta. En fin, truco o trato. Envidiamos al murciélago, ya sabéis (sólo se escucha a sí mismo). Para defender al personaje, este texto. Franky me habla desde el cielo: my wayyy, my wayyyy. Respeto al fantasma y a su actor.
El primer arquitecto: un mono apropiacionista.
(Caminaba casi erguido, al contrario que su índice, y señalo peludo una grieta entre las rocas. Un agujero transformado en hogar, al ritmo de una idea convertida en señal, la de su dedo, sin planos ni ecuación. Esa cueva se convirtió en protección del clan y ese mono delator obtuvo la gloria y la logia)
El primer artista: un mono apropiacionista.
(Caminaba casi erguido, apoyó peluda su mano en la pared. Una huella convertida en símbolo, sin lienzo ni pincel, al ritmo de una idea convertida en señal, la de su mano. Esa imagen se convirtió en protección del clan y ese mono delator obtuvo el cielo y la gloria)
Lo demás está todo escrito, queremos ser homo sin dejar de ser mono y aspirar a ser sapiens sin esperar a ser homo. Ego (yo) te absuelvo.
Del resto de la peli: una loca poseída, un martillo percutor y un lago negro/lago blancorrrrr.

2 comentarios:

taratela dijo...

Nadie se atrave con esto,eh?! :-s
A mi me parace, una opinión acertada, aunque habra quien afirme que mi criterio no es objetivo ;-)
Solo añadir a lo del percutor y la loca, que encontramos en el film, cierto toque de "chanantismo" que para mi, la hicieron muy divertida. Aunque en su momento no contaban con que esto ocurriría.

pon una balaustrada en tu vida dijo...

Sí que es verdad que era un poco retrospectr en ocasiones, cosa que se acentuó con el problema que tuvimos con el doblaje, que estaba un poco distorsionado.

A parte de eso diré que el tono ultraindividualista del personaje me molesta un poco. Un poco bastante. Su discurso podría ser más o menos este:
"tengo un talento tan inmenso que vosotros, pobres zoquetes, no lograréis nunca comprenderme. Para que voy siquiera a intentar acercarme a vosotros, si es imposible que me enriquezáis en algo".

En resumen, me dieron ganas de ponerme una columna jónica de escayola en el salón (pintada en estuco veneciano salmón, por supuesto), pero no. Y es que en la vida todo es cuestión de gustos: de buen gusto o de mal gusto.