Propone: Juli
Comenta: Pepe

No eran artistas, o al menos no pretendían serlo. Pero tenían talento y oficio. Dominaban los resortes de su profesión, doblegaban las técnicas para conseguir llegar donde necesitaban y si no inventaban nuevas formas. Tenían el gusto por la obra bien hecha, por un acabado sin fisuras, y les gustaba gustar. Trabajaban en equipo, en taller, fueron reconocidos por su maestría y algunos ganaron mucho dinero.
Esta especie de definición se ajustaría a lo que solemos denominar “artesano”, un término que aquí me gustaría desprender de cualquier matiz peyorativo. Pensad que en sus respectivas épocas se podría haber incluido en esta definición, o en alguna de sus proposiciones, a figuras del calibre de Miguel Ángel, Rembrandt, Lope de Vega, Mozart. Y también a Hawks, Ford, Hitchcock, Spielberg,…

Todo esto me venía a la cabeza al pensar en La gran Evasión, porque en realidad la película trata de unos auténticos artesanos de las fugas, que intentan lograr la excelencia en su terreno, y además está hecha por auténticos y excelentes artesanos de la cosa esta del cine. Este film emblemático del cine de aventuras que nos trajo Julián, como no podía ser de otra manera, nos hizo pasar un muy buen rato. Y es que está hecha para eso. Y lo consigue, que no es poco.

No es necesario recordar que La gran evasión cuenta la fuga masiva de prisioneros aliados de un campo nazi durante la Segunda Guerra Mundial, abarcando desde la cuidadosa planificación y las tentativas frustradas a un seguimiento de los presos después del intento final. La película es larga, pero no aburre, porque tiene todos los ingredientes de una obra clásica bien hecha: un guión sólido, con progresión dramática, buen ritmo, personajes bien dibujados; una cuidada puesta en escena, a cargo del director Jonh Sturges; unas interpretaciones solventes de carácter coral; una música pegadiza fácil de silbar; algún momento memorable que ya es Historia del cine, como los botes de la pelotita de Steve McQueen en la celda de castigo…En resumen, una unión de talentos puestos al servicio de contar una historia, entretener al público y llenar los cines. Sin más pretensiones, pero con buenos resultados. Pura artesanía, pero de la buena.
