miércoles, 20 de enero de 2010

“Una sola cosa puede lograr que el alma sea completa y esa cosa es el amor.”

Propone: Amalia
Comenta: Luis



El lector es un filme que puede resultar incómodo al espectador -complicado, a veces- al tratar temas como la justicia, la culpabilidad y la comprensión en la Alemania de posguerra. Estos son precisamente los dos temas principales de la películas. ¿Pero cual de los temas es el principal y cual el secundario?
Michael Berg, estudiante de secundaria, tropieza por casualidad con Hanna Schmitz, una mujer veinte años mayor que él. Ambos comienzan una tórrida relación en la que Michael pone el sentimiento y Hanna la sexualidad. La pérdida da la inocencia de Michael se produce cuando una mañana Hanna, de la que apenas tiene datos personales, desaparece sin dejar rastro.

Habiendo servido de incentivo a Michael en la lectura al pedirle que le leyera todo tipo de literatura Hanna, indirectamente, propicia que Michael se refugie en sus estudios. Ya en la universidad -Michael se ha decidido por estudiar derecho-, en una clase práctica asistiendo a un juicio real con su profesor y compañeros de clase, Michael se reencuentra, nuevamente por azar, con Hanna. Este reencuentro no sólo remueve viejas cicatrices, sino que abre un complicado abanico de sentimientos enfrentados, pues Hanna se sienta en el banquillo de los acusados por crímenes de guerra, cometidos antes incluso de haber conocido a Michael, cuando prestaba servicio a las SS durante la Segunda guerra Mundial.
El dilema de Michael, y el de la película, se establece cuando Hanna es acorralada por sus compañeras de banquillo, que testifican que ella sola habría decidido la suerte de un grupo de judíos a su cargo, que habrían fallecido al no ser auxiliados cuando se encontraban encerrados en un recinto que arde pasto de las llamas. La prueba que determina esta responsabilidad es un informe escrito, supuestamente, por el puño y letra de la propia Hanna. El espectador ya sabe que esto no es posible, pues ciertos momentos de la relación entre Michael y Hanna nos dan a entender que no sabe leer ni escribir. Michael realiza entonces el ejercicio mental de recordar esos mismos momentos, que el director ilumina con breves retrospecciones internas para espectadores descuidados, llegando a la misma conclusión que el espectador: Hanna no sabe leer ni escribir. Hanna no es responsable de la muerte de esas personas, como atestiguan sus compañeras. Sí es culpable de no haberles prestado auxilio, de omisión de socorro, igual que sus compañeras. Sin embargo, Hanna siente más vergüenza de que le tilden de analfabeta que de asesina, por lo que asume su destino como asesina.

¿Qué debe hacer Michael? Si testifica que Hanna no escribió ese informe porque no sabe leer ni escribir, probablemente, no evite que se libre de su castigo, pues abiertamente había confesado ser la carcelera, al igual que sus compañeras, de ese grupo de judíos, simplemente mitigará el castigo, propósito que sí consiguen las compañeras de Hanna teniendo la misma responsabilidad en los hechos que esta. Si no testifica, la pena de Hanna servirá para expiar una deuda contraída con la única superviviente de aquel genocidio pero, ¿porqué tiene que pagar ella y no sus compañeras, cuando sabemos que ella es la única que, indiscutiblemente, no pudo escribir ese informe?
Se plantea en este momento el tema de la justicia. Los compañeros de clase de Michael debaten sobre la suerte de las acusadas, las posiciones son opuestas. Florece la culpabilidad por ser alemanes, por pertenecer al mismo pueblo que permitió aquellos hechos tan desagradables, sintiéndose igualmente responsables. Uno de sus compañeros aboga por cortar por lo sano, hubiera preferido que se hubieran suicidado todos los alemanes. Mas Michael está más interesado en comprender. Comprender lo que hizo Hanna en un momento concreto, en unas circunstancias dadas. El propio Stephen Daldry utiliza el apóstrofe cuando Hanna contesta a la acusación con una pregunta “¿qué habría hecho usted?”, una pregunta que va dirigida al espectador, ¿qué habrías hecho si estuvieras en el lugar de Hanna? Obviamente no se debe contestar a esa pregunta a la ligera, uno debe ponerse en el lugar en el que ella estaba, los años cuarenta, un régimen totalitario que había alcanzado legítimamente el poder, un entorno social que, sorprendentemente, justificaba el genocidio de una raza inferior con el beneplácito aparente de sus ciudadanos, un genocidio que no encontraba oposición en ningún país extranjero. Nadie que dijera esto no se hace, hasta que terminó la guerra y nadie se explicaba cómo había sucedido... Es fácil perder el sentido de la justicia en este entorno. Particularmente cuando eres analfabeta.

Sin embargo, no considero el tema central de la película la justicia ni la culpabilidad. Si nos fijamos sobre el título del filme, El lector, encontramos nuestra respuesta. Un título que funciona como antonomasia. ¿Quien es el lector? Michael. ¿Es la lectura su oficio, su profesión? No ¿Para quien lee? Única y exclusivamente para Hanna, luego Michael sólo es lector en función de Hanna. Por extensión todo lo que él es en la película lo es en función de ella. Todas las relaciones que Michael mantiene en el relato están contaminadas por el recuerdo de Hanna, por el trauma de que ella le abandone, primero, por no haberla ayudado después. ¿Es importante para Michael la relación con su familia? No, sólo le importa su relación con Hanna. ¿Es importante para Michael su relación con otras mujeres? No, sólo sirven para, sin éxito, intentar olvidar a Hanna. ¿Es importante la relación con su hija? No, porque sigue atrapado por el sentimiento de culpa por no haber intercedido por la persona a la que más ha amado. Aunque sea una asesina, aunque sea una analfabeta, Hanna es la mujer que ama.
Si prestamos atención al punto de vista del relato llegaremos a la misma conclusión. Michael es quien nos cuenta la historia. Desde el presente volvemos al pasado, a su pasado, no al de ella. A lo largo de varios racontos Michael intenta comprender todo lo sucedido, el momento en que conoce a Hanna, el momento en que inicia esa relación, la ruptura -en ciertos momentos Stephen Daldry acude a la ironía dramática, pues Michael desconoce el motivo por el que Hanna desaparece, nosotros no-, el juicio, la cárcel -la de ella en el interior, la de él en el exterior-, la expiación del propio Michael, al sentirse culpable de que Hanna esté en la cárcel convirtiéndose en lector por segunda vez, a través de las grabaciones que le envía a la cárcel... Estos retornos al pasado únicamente se ofrecen desde el punto de vista de Michael, nunca desde Hanna. Hanna relata cómo sucedieron los hechos con el recinto ardiendo, la superviviente alumbra cómo era Hanna en sus tiempos de carcelera, su comportamiento, sus hábitos, su afición a que le leyeran, pero nunca se ilustra en imágenes, nunca volvemos al pasado de Hanna- Toda la atención se centra sobre Michael, sobre sus decisiones, sobre sus sentimientos.
Michael es el protagonista del relato y el tema principal se desdarrolla a travñes de su búsqueda personal por entender a Hanna. Considero la culpabilidad del pueblo alemán como un tema secundario siendo, además, una proyección de su propia culpabilidad ante la pena que cumple Hanna. El tema de la justicia manifiesta más una denuncia del sistema, pues lo más probable es que, al igual que Hanna cumple una condena por algo de lo que realmente no fue más responsable que el resto de sus compañeras -cumpliendo estas penas mucho menores que la suya. La premisa parece querer indicar que los verdaderos artífices del genocidio y la sinrazón de la Segunda Guerra Mundial no se hayan sentado en el banquillo de los acusados, todavía, y hayan pagado, como suele decirse, justos por pecadores.
En una ocasión, durante el juicio, Michael se decide a visitar a Hanna a la cárcel, mas en el último momento da media vuelta dejando plantada a Hanna en la sala de visitas. Quizás si hubiera hablado con ella en ese momento no hubiera arrastrado ese trauma durante toda su vida. Quizás si hubiera hablado con ella en ese momento hubiera asimilado que pagara la culpa de sus compañeras. Quizás si hubiera hablado con ella en ese momento habría descargado sobre ella la responsabilidad de testificar o no en su favor.
El final de la película, con Michael ante la tumba de Hanna, dispuesto a contarle a su hija la historia que nosotros acabamos de presenciar, sirve para que entendamos que Michael, tras haber hablado con las dos partes, con Hanna y con la hija de la superviviente, consigue perdonarse a sí mismo y reconciliarse con ella. Al cerrarse la cicatriz, Michael se reconcilia también con su presente, representando en ese momento en lo único que le queda: su hija. El futuro. Una nueva generación que no guarda ese sentimiento de culpa que conserva la de Michael. Hanna descansa en paz en un lugar, evidentemente, escogido por Michael, cerrando así la película en una estructura circular que vuelve a comenzar y que, intuimos, será contada desde una perspectiva más tranquila, más serena. Sin trauma. Sin rencor. Sin dolor.

Luis M. Álvarez

6 comentarios:

JULI dijo...

Luis, bienvenido como comentarista al blog!

J. Antonio dijo...

Para añadir algo al debate diré que el papel de ella no es tan pasivo durante la guerra. Selecciona qué personas tienen que ir a la cámara de gas y cuáles no. Michael escucha atentamente todas las sesiones del juicio esperando oir algo que le ayude a comprender. Pero lo que oye no la exculpa ni la justifica en absoluto.
"Había que hacer sitio a los nuevos prisioneros", dice Hanna en el juicio como si eso fuera la cosa más natural del mundo.
Más tarde cuando hablan del incendio, dice que no quiso sacar a los judíos de la Iglesia en llamas porque sino sería el caos. Vamos que era mejor que se murieran a que no pudieran tenerlos controlados.
Ella no es ni más culpable ni más inocente que las otras. Simplemente dice la verdad, mientras sus compañeras mienten descaradamente. Pero eso no la redime en absoluto. Eso sí, queda claro que ella es una analfabeta que se dejó llevar por la marea.

JULI dijo...

Efectivamente, todas son igual de culpables. Hay un momento del juicio en que aparentemente se pretende humanizar la selección de los que van al horno (y no precisamente a comprar madalenas), diciendo que manda allí a los más enfermos y débiles porque tienen menos probabilidades de sobrevivir, pero eso a mi me recuerda a los niños espartanos que arrojaban desde el monte Taigeto.
Y la culpabilidad de las carceleras viene también porque son sólo parte de una sociedad culpable, enferma en su propia moralidad. Ellas actúan de acuerdo a esa moral enferma porque sienten que es su obligación.
Otro debate interesante sería establecer cómo se pudo llegar al punto de demencia colectiva que se alcanzó en esa sociedad, desde los convencidos hasta los que se dejaban llevar, por miedo o por inercia, todos estaban involucrados para vergüenza del género humano.

Luis M. dijo...

Exacto Juli... precisamente, ese parece ser el tema de la última película de Michael Haneke, que pienso ver este mismo fin de semana... Aunque también puedes comprobar este ambiente en cintas como 'El ángel azul', de Josef von Sternberg, por ejemplo.

RADIOBOY dijo...

1. me pareció un film olvidable.
2. Hanna juega el rol de mala de tan tonta que es, rompe la regla, no se si me explico.
3. Michael juega el rol de malo de tan retrasado que es.
4. la-mujer-traumada-por-lo-sucedido-en-la-alemania-fria juega el rol de mala de nacimiento.

La única víctima, y por la única que siento algo, aunque no remueva la lágrima fácil (la lágrima del cine de imbéciles, del que disfruto, no os vayais a pensar) es su hija. La película trata sobre ella.

J. Antonio dijo...

No sé que es eso de la lagrima fácil. Hay películas con las que lloro y otras con las que no. Normalmente en este último grupo es en el caso en el que sus personajes me importan tres pimientos y por tanto no me emociona nada de lo que les pase. A lo mejor el que tiene la lágrima fácil soy yo, no sé. Cuando veo una película me gusta sentir algo. Con la de risa, reírme; con las de miedo, acojonarme; con los dramas, llorar; con la de tema social, indignarme ante la injusticia.
Creo que El lector es una de las mejores películas del año pasado y Luis se me ha adelantado para comentarla. Grrrrrr. Por cierto, bienvenido Luis; y bienvenido Rubén que creo que hasta ahora no habías opinado en ninguno de los comentarios.