viernes, 16 de agosto de 2013

Ejecuta con una sonrisa

Propone: Amalia
Comenta: José Antonio


Falsos culpables que acaban en la silla eléctrica. Individuos que cometieron un error y son pasto de la silla eléctrica. Incluso personajes que han cometido los crímenes más execrables y son malas personas pero de los que acabamos compadeciéndonos un poco cuando descubrimos que tienen su corazoncito y son entregados al verdugo. El cine ha tratado de muchas maneras el espinoso tema de la pena de muerte, pero seguramente nunca de una manera tan original como lo abordó Berlanga en “El verdugo”. Una propuesta de Amalia para nuestro cinegolfa y una de las obras maestras del cine español de todos los tiempos.




Y es que nadie diría que la comedia es un género para abordar un tema tan serio. Todas esas historias anteriores estaban contadas desde el punto de vista del criminal. En la obra de Berlanga lo vemos desde el otro lado. El de un hombre que por primera vez tiene que aplicar la pena capital. No hay que olvidar que España se encontraba en plena dictadura, un régimen en el que a las autoridades no les temblaba la mano a la hora de dictar las ejecuciones. Y hay que tener mucho talento para burlar la censura a la ahora de abordar estos temas. Berlanga elige un humor negro, negrísimo, para decir que no sólo lo pasa mal el señor al que tienen que matar, sino también el que debe de matarlo.




José Luis es un hombre corriente de la calle. Su trabajo en una funeraria no da buen rollo para que consiga entablar una relación. Pero al final acaba conociendo a alguien que lo tiene más complicado que él, la hija de un verdugo. Porque si todo el mundo evita al de la funeraria, pues al verdugo ya mejor ni tocarlo. Ni los guardias de la prisión quieren saber nada de él y todos le dan la espalda. José Luis se verá arrastrado a lo que parece un destino trágico. Al principio, se acabará compadeciendo de ese señor mayor con boina tan simpático y al que todos rehuyen por su condición de verdugo. Un Pepe Isbert que presume de que el garrote vil es un sistema de ejecución más humano que la silla eléctrica o la cámara de gas, que al fin y al cabo en uno le rompen el cuello al reo, mientras que en los otros lo achicharran o lo asfixian. De esta manera, José Luis acaba liándose con la hija, a la que deja embarazada. Ante esta situación, con una hipoteca que pagar y una familia que mantener, no tendrá otro remedio que acabar aceptando el oficio de su suegro, que se acaba de jubilar. Pero el problema de José Luis es que no quiere matar a nadie. Y tiene pesadillas buscando noticias de crímenes en el periódico, temiendo que le toque a él acabar ejecutando al culpable. Reza para que no haya discusiones de tráfico que acaben en tragedia. Y así llega al momento culminante en que debe ir a su primera ejecución en plena luna de miel. Los guaridas civiles de la prisión casi tienen que llevarle arrastras al patíbulo, mientras el reo camina firme a su destino final. Y éste el destino trágico de José Luis. Una persona que no quiere matar a nadie por muy malo que sea, pero debe hacerlo porque tiene que mantener a su familia. La moraleja es que la pena de muerte es algo tan malo, que no lo quiere ni el verdugo que debe aplicarla.


4 comentarios:

Esther Marín dijo...

Genial crítica a la pena de muerte, pero sin duda tiene su valor en un sistema en el que ésta se da. Ahora pediría a Berlanga que está en los cielos hacer una tragicomedia semejante del profesor que tiene que evaluar, me identifico con el verdugo al que llevan a rastras!

J. Antonio dijo...

Creo que el valor de la película trasciende el franquismo y que su mensaje es mucho más universal. Desgraciadamente la pena de muerte es una realidad vigente en muchos sitios, algunos de ellos superpotencias mundiales. Sobre los problemas con el alumnado hay muchas películas que abordan el tema, aunque con un mensaje opuesto a éste.Se me viene a la cabeza El rector, con James Belushi. Entre aquélla y El verdugo, me quedo claramente con la segunda.

@pepsirvent dijo...

Me parece una película perfecta. La idea de mostrar el horror desde el punto de vista del que lo inflinge, conmover al espectador y encima conseguir hacerlo desde la comedia es un prodigio. Berlanga siempre estuvo bastante pegado a la realidad que le rodeaba y al momento histórico. Por eso, quizás, sus últimas películas (como Todos a la cárcel)le salieron un poco esperpénticas de más, por el esperpento en el que nos hemos convertido.

J. Antonio dijo...

Sobre lo de sus últimos despropósitos, no creo que se debieran al esperpento en que nos hemos convertido. En algunos casos vemos cómo algunos grandes creadores parece que se les apaga la magia y ya no saben trasmitirla, cayendo en una espiral de decadencia. Creo que la de Berlanga se apagó tras La vaquilla. Otros me dirán que antes. Lo que es unánime es que con El Verdugo estaba en forma.