
En 1928, D. H. Lawrence escandalizó al mundo con su novela «El amante de Lady Chatterley». El libro narraba el romance entre Constanza (una mujer de la alta sociedad casada con un parapléjico) y el guardabosques que cuida sus propiedades. No sólo se plantea una historia adúltera entre personas de distinta clase social, sino que además está plagada de escenas explícitamente sexuales, motivo por el que durante mucho tiempo fue un libro prohibido. La obra literaria no vio la luz en el Reino Unido por lo menos hasta los años 60. Entre medias, se publicaron algunas versiones censuradas.

Dicho esto, plantearse contar en el año 2006 una historia que ya está magníficamente narrada conlleva el riesgo de que muchos de los temas que en su día eran tabú y fuente de excomunión, hoy día ya no escandalizan ni a monseñor Rouco Varela. Historias de infidelidades y amores prohibidos se han contado en todas las variantes; y en cuanto al sexo, cualquier niño es capaz de imágenes de sexo más explícito en el ordenador de su cuarto.
Estos eran los principales escollos a los que se enfrentaba la cineasta francés Pascale Farran cuando se decidió a dar su versión sobre este clásico. Farran opta por prescindir de la trama sobre los conflictos sociales, aunque aparecen de manera tangencial en la película, y cuenta una historia sobre el despertar sexual.

La pobre Constanza nunca llegó a disfrutar del amor porque nada más casarse su marido, un aristócrata inglés, se fue a la Primera Guerra Mundial y se quedó inválido. Además es un cretino, motivo por el que no llega a despertar ninguna compasión pese a su minusvalía y el incipiente ataque de cuernos. Por eso, Constanza se aburre mucho, hasta que un día conoce al guardabosques. Así comienza el romance. Escenas de sexo en la campiña y en el pajar muy naturalistas y bucólicas sin adornos de videoclip. Mientras, se suceden planos del viento agitando las ramas de los árboles. Si llegan a salir planos de florecitas abriendo sus pétalos, la metáfora no podía ser más obvia. Tan obvia, que en la saga de "Agárralo como puedas" se usaban ese tipo de planos en las escenas de sexo para mofarse de este tipo de metáforas. Así la historia, se va alargando hasta casi llegar a las tres horas. Más topicazo hubiera sido poner de guardabosques a Gerard Depardieu, pero el actor elegido no lo hace mal tampoco.
Constanza conoce así a un rudo y tosco amante, mientras que en casa tiene a un refinado marido que no le proporciona amor ninguno. Curiosa la frialdad de la narración cuando se intenta contar una historia sobre gente que se deja llevar por las pasiones y se supone que es un canto a la libertad y a la naturaleza.
Así en definitiva, un clásico de la literatura se convierte en un producto soso y aburrido con bonitas imágenes de postal . Por que, al fin y al cabo, si algo está contado y muy bien contado ¿qué sentido tiene contarlo otra vez si no hay nada nuevo que aportar salvo escenas de arbolitos?